PARTE 2: AHORA ERA MÍO

El silencio del restaurante fue absoluto.

Victoria miró mi teléfono.

—¿Sinclair?

Ethan parecía incapaz de hablar.

Mi padre continuó desde el altavoz:

—La adquisición puede cerrarse mañana. Sinclair Holdings tendrá participación mayoritaria y derecho a reestructurar la dirección.

Miré a Victoria.

—Perfecto. Háganlo.

Colgué.

Ethan reaccionó primero.

—Ava… ¿eres una Sinclair?

—Siempre lo fui.

—¿Por qué nunca me dijiste?

Solté una pequeña risa.

—Pensaba decírtelo el día que encontré la lista de tu compromiso.

Su rostro se volvió blanco.

Victoria giró hacia él.

—¿Ella sabía?

Ethan no respondió.

Me levanté.

—Disfruten la cena.

—Ava, espera.

—Ya esperé cinco años.

Y me marché.


A la mañana siguiente, el Hospital St. Anne parecía otro lugar.

A las nueve, varios vehículos negros se detuvieron frente a la entrada.

Mi padre entró acompañado por abogados y representantes de Sinclair Holdings.

Yo caminaba a su lado.

Los mismos compañeros que se habían reído cuando dije que volvía a casa a heredar el negocio ahora permanecían inmóviles.

Victoria estaba junto a su padre.

Ethan, detrás de ellos.

El señor Chambers intentó sonreír.

—Señor Sinclair, es un honor.

Mi padre ni siquiera estrechó su mano.

—Mi hija me ha contado cosas interesantes sobre este hospital.

Chambers palideció.

Comenzó la reunión extraordinaria.

La adquisición fue confirmada.

Después llegó la reestructuración.

Victoria esperaba recibir un puesto ejecutivo después de casarse con Ethan.

Ese nombramiento desapareció.

Su padre perdió el control absoluto del consejo.

Y Ethan…

Ethan corrió detrás de mí cuando salí.

—Ava.

Me detuve.

—Terminaré el compromiso.

Lo miré sin emoción.

—¿Por qué?

—Porque nunca amé a Victoria.

—Eso lo hace peor.

Se quedó inmóvil.

—Si la amaras, al menos habría una explicación.

Me acerqué.

—Pero estabas dispuesto a casarte con una mujer por poder mientras mantenías a otra esperando en casa.

Ethan tenía los ojos rojos.

—Podemos empezar de nuevo.

—¿También lo pedirías si siguiera siendo Ava Brooks, la doctora pobre?

No respondió.

Sonreí.

—Eso pensé.

Le entregué una pequeña caja.

Dentro estaba la llave del apartamento.

—Adiós, Ethan.


Tres días después celebraron la ceremonia de compromiso de todos modos.

Pero Victoria llegó sola.

Ethan nunca apareció.

Yo estaba en el aeropuerto cuando recibí su último mensaje:

“Elegí mal. Dame una oportunidad para arreglarlo.”

Lo eliminé.

Mi padre me esperaba junto al jet.

—¿Nueva York?

Miré por última vez la ciudad donde había desperdiciado cinco años intentando demostrar que merecía un lugar junto a Ethan Lawson.

—Nueva York.

Subí al avión.

Entonces mi padre sonrió.

—Por cierto, el consejo quiere saber quién dirigirá el nuevo centro quirúrgico de St. Anne.

Lo miré.

—¿Qué les dijiste?

—Que la decisión pertenece a su nueva propietaria.

Me quedé quieta.

—¿Yo?

—Tú.

Miré por la ventanilla.

Qué ironía.

Victoria había dicho que una mujer debía conocer su lugar.

Finalmente conocía el mío.

No era detrás de Ethan.

Ni debajo de los Lawson.

Era en una posición desde la que ninguno de ellos volvería a decidir cuánto valía mi futuro.

Related Posts

PARTE 2: LA VERDADERA DUEÑA

A las nueve menos cinco entré en la sala de juntas de Aurora Furniture. Ethan ya estaba sentado en la cabecera. Ava ocupaba la silla a su…

PARTE 2: MI VERDADERO APELLIDO

A las ocho de la noche, una fila de autos de lujo rodeaba la entrada del Grand Pinnacle. Spencer llegó primero con Cassandra del brazo. Ella llevaba…

PARTE 2: LA SEGUNDA TRAICIÓN

Llegué al despacho de mi abogado veinte minutos después. Daniel no me ofreció café. Ni siquiera me pidió que me sentara. Simplemente giró su computadora hacia mí….

PARTE 2: EL PRECIO DE PERDERME

—Podemos hablar —dije—. Pero eso no significa que vaya a regresar. Richard Shaw bajó la mirada. Era extraño verlo así. Durante quince años había hablado conmigo desde…

PARTE 2: EL DINERO QUE ADRIAN USÓ PARA CASARSE CON OTRA MUJER FUE LO ÚLTIMO QUE NECESITÉ PARA DEJAR DE AMARLO

Adrian miró el saldo de la cuenta y respondió con una tranquilidad que todavía recuerdo. —Se lo presté a Chloe. —¿Ciento diecisiete mil dólares? —Su familia exigía…

PARTE 2: CUANTO MÁS INTENTÓ MIA QUITARME, MÁS TERMINÓ PONIENDO A MI NOMBRE

La ambulancia llegó quince minutos después. Mia insistió en que estaba bien. Yo insistí más. —Por favor, hagan todas las pruebas necesarias. Su corazón siempre ha sido…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *