Margaret marcó el número.
Ethan intentó arrebatarle el teléfono.
—No vas a destruir mi carrera por las mentiras de una mujer inestable.
Olivia sacó entonces la grabadora de debajo de la almohada.
—No necesitará creerme nadie.
Presionó reproducir.
La voz de Ethan llenó la habitación.
—Cuando nazca el bebé, todo será más fácil. Con la póliza modificada y las firmas de Olivia, nadie podrá demostrar nada.
Después se escuchó a Diane.
—¿Y si descubre las transferencias?
—Diremos que está confundida por el embarazo.
Ethan quedó blanco.
Diane retrocedió.
—¡Eso está manipulado!
Olivia reprodujo otra grabación.
Esta vez se escuchaba a Ethan amenazándola para que permaneciera callada.
Margaret no dijo nada.
Ya no hacía falta.
Minutos después llegaron la policía y los paramédicos.
Olivia fue trasladada al hospital, donde documentaron sus lesiones y comprobaron que llevaba semanas sin recibir correctamente parte de su atención médica.
Ethan intentó seguirla.
Un agente se interpuso.
—Usted se queda aquí.
Por primera vez, el mayor Ethan Brooks no pudo dar ninguna orden.
Pero su verdadera caída comenzó a la mañana siguiente.
Su cadena de mando recibió las grabaciones, los documentos financieros y las fotografías.
Fue apartado de sus funciones mientras comenzaban las investigaciones correspondientes.
Diane también descubrió que la mansión nunca había pertenecido a su hijo.
El abogado del fideicomiso anuló inmediatamente cualquier autorización que Ethan tuviera sobre la propiedad.
Cuando regresó para recoger sus cosas, encontró sus maletas esperando.
Olivia estaba en la entrada junto a Margaret.
Ethan la miró desesperado.
—Olivia, tendremos un hijo. Podemos arreglarlo.
Ella sostuvo su vientre.
—Precisamente porque tendremos un hijo, esto termina aquí.
—Te amo.
Olivia negó lentamente.
—Amar a alguien no significa encerrarlo, controlarlo y hacer que dude de su propia realidad.
Margaret abrió la puerta.
—Ya escuchaste a mi hija.
Ethan salió sin responder.
Tres semanas después, Olivia descubrió algo todavía peor.
Las transferencias ocultas no iban a una cuenta cualquiera.
Todas terminaban vinculadas a una empresa creada por Diane.
Y uno de los documentos llevaba una fecha anterior incluso al embarazo.
Olivia miró a su madre.
—Entonces esto empezó mucho antes.
Margaret cerró la carpeta.
—Sí.
—¿Qué querían?
Margaret levantó la vista.
—Tu patrimonio.
Olivia permaneció en silencio unos segundos.
Después acarició suavemente su vientre.
Durante meses Ethan había conseguido que se sintiera indefensa.
Ahora tenía las grabaciones.
Los documentos.
Su casa.
Y, por primera vez en mucho tiempo, su propia voz.
—Entonces que investiguen todo —dijo.

Margaret sonrió.
—Eso esperaba escuchar.
Ethan había creído que el peor momento de su vida sería perder su carrera.
Todavía no comprendía que apenas estaban empezando a descubrir cuánto había intentado robar.