La mujer del otro lado del pasillo era Elena Walsh.
La única mujer que había amado.
Y la misma que había desaparecido seis años atrás sin despedirse.
—Elena… —murmuré.
Lila miró de ella a mí.
—Mamá, ¿lo conoces?
Elena comenzó a llorar.
—Sí.
Sentí que la mano de Lila seguía dentro de la mía.
Entonces miré sus ojos otra vez.
Mis ojos.
—¿Cuántos años tienes exactamente?
—Seis.
Elena cerró los ojos.
Ya no necesitaba escuchar la respuesta.
—Es mi hija.
No fue una pregunta.
Elena asintió.
La rabia me atravesó.
—¿Seis años? ¿Me ocultaste a mi hija durante seis años?
—¡Porque tu familia me obligó!
Aquello me detuvo.
Elena sacó un sobre viejo de su bolso.
Dentro había transferencias bancarias, amenazas y una fotografía.
Reconocí inmediatamente la firma al final de una carta.
Mi padre.
Antes de morir, Vittorio Moretti había descubierto el embarazo.
Le había ofrecido dinero a Elena para desaparecer.
Cuando ella se negó, la amenazó.
Pero había algo peor.
—Intenté buscarte —dijo Elena—. Fui a tu oficina cuando Lila tenía tres meses.
—Nunca fuiste.
—Sí fui.
Sacó otra hoja.
Era el registro de visitantes del edificio Moretti.
Su nombre estaba allí.
También una anotación:
“Acceso rechazado por orden de V. Moretti.”
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
Durante seis años había creído que Elena me había abandonado.
Y durante seis años ella había creído que yo había elegido no buscar a nuestra hija.
Lila soltó lentamente mi mano.
—¿Tú eres mi papá?
La pregunta destruyó toda la furia que llevaba dentro.
La miré.
—Creo que sí.
Elena negó con la cabeza entre lágrimas.
—No tienes que creerlo. Tengo la prueba de ADN.
Sacó un documento.
99,99 %.
Lila Moretti.
Mi hija.
Me cubrí la boca con una mano.
El hombre al que media ciudad temía no pudo pronunciar una sola palabra.
Lila volvió a tomarme la mano.
—Entonces no te fuiste antes de que pudiera pedirte que te quedaras.
—No.
Me incliné hacia ella.
—Ni siquiera sabía que tenía que volver.
Cuando aterrizamos, varios hombres de mi seguridad esperaban en la terminal.
Elena se tensó.
—Luca, por favor. Lila no tiene nada que ver con los problemas de nuestras familias.
—Lo sé.
Miré a mi jefe de seguridad.
—Cancela todas mis reuniones.
—¿Por cuánto tiempo?
Miré a mi hija.
—Por el tiempo que sea necesario.
Pero entonces uno de mis hombres se acercó y me entregó su teléfono.
—Señor Moretti, encontramos algo.
En la pantalla aparecía una fotografía tomada aquella misma tarde.
Elena y Lila entrando al aeropuerto.
Alguien las había estado vigilando.
Debajo había un mensaje interceptado:
“La niña está con Luca. El plan cambió.”
Elena palideció.
—¿Qué significa eso?
Guardé el teléfono.
Mi padre llevaba años muerto.
Así que quien había mantenido aquel secreto enterrado seguía vivo.
Y ahora sabía que yo había encontrado a mi hija.
Abracé a Lila contra mi pecho.
Durante seis años había buscado respuestas.

Ahora tenía una hija que proteger.
Y alguien acababa de cometer el peor error posible.
Había convertido a Lila Moretti en su objetivo.