PARTE 2: EL HOSPITAL ERA MÍO

Weston soltó una carcajada.

—¿Tu abuelo? Jade, deja de actuar.

No respondí.

Diez minutos después, las puertas de la unidad neonatal se abrieron.

Entraron seis miembros de seguridad acompañados por el director del hospital.

Detrás de ellos caminaba un hombre de cabello plateado apoyado en un bastón negro.

Arthur Sinclair.

Mi abuelo.

Presidente y propietario de Beacon Health Network.

El rostro de Weston perdió todo el color.

Su empresa llevaba años intentando conseguir contratos con nuestra red de hospitales.

—Señor Sinclair… —balbuceó—. ¿Qué hace aquí?

Mi abuelo ni siquiera lo miró.

Se acercó a mí, observó mi estado y después miró las incubadoras.

—¿Esos son mis bisnietos?

Asentí.

Sus ojos se humedecieron durante un instante.

Entonces vio a Ashley usando mi abrigo.

—¿Y ellos?

—Mi exmarido y su amante.

Weston levantó rápidamente la carpeta.

—Señor Sinclair, esto es un asunto matrimonial.

—Entonces ¿por qué está molestando a mi nieta dentro de uno de mis hospitales?

Silencio.

Ashley se quitó inmediatamente el abrigo.

—Yo no sabía…

—Seguridad —ordenó mi abuelo.

Weston retrocedió.

—¡Espere! Mi compañía suministra material médico a Beacon Heights.

Mi abuelo finalmente sonrió.

—Precisamente.

Sacó su teléfono.

—Revisen todos los contratos de Weston Medical Supplies. Suspendan nuevas órdenes hasta terminar la auditoría correspondiente.

Weston palideció.

—¡No puede hacerme esto por un divorcio!

—No lo estoy haciendo por un divorcio.

Mi abuelo miró al director.

—Mi nieta sufrió una emergencia grave aquí. Quiero saber por qué una empresa vinculada a su esposo tuvo acceso a información sobre su hospitalización.

Weston dejó de respirar por un segundo.

Lo noté.

Mi abuelo también.

—¿Qué hiciste? —pregunté.

—Nada.

Demasiado rápido.

Dos guardias comenzaron a escoltarlos hacia la salida.

Ashley intentó protestar.

—¡Estoy embarazada!

—Entonces debería preocuparse menos por el abrigo de otra mujer —respondió mi abuelo.

Las puertas se cerraron detrás de ellos.

Creí que había terminado.

Me equivocaba.

Una hora después, el director médico regresó con una carpeta.

—Señorita Sinclair, encontramos una irregularidad relacionada con su parto.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué irregularidad?

—La noche en que ingresó de emergencia, alguien solicitó cambiar su cobertura y limitar determinados tratamientos neonatales alegando problemas financieros.

Miré las incubadoras.

—Yo nunca autoricé eso.

—Lo sabemos.

Colocó una copia frente a mí.

La solicitud llevaba la firma electrónica de Weston.

Debajo aparecía otra autorización.

Procedía de su empresa.

Mi abuelo endureció la mirada.

—¿Cuánto habría ahorrado esa compañía si los bebés no necesitaban cuidados prolongados?

El director guardó silencio.

Eso fue suficiente.

Entonces recordé las palabras de Weston:

“Demasiado frágiles para que valga la pena sacrificar su futuro.”

De pronto dejaron de sonar como crueldad.

Sonaron como algo mucho peor.

Mi abuelo tomó mi mano.

—Jade, el divorcio puede esperar.

Miró el documento.

—Primero vamos a descubrir por qué tu marido tenía tanto interés en que estos niños dejaran de costarle dinero.

Related Posts

PARTE 2: El hombre que me llamó una carga descubrió que nunca supo quién era su esposa

Jason miró al general. Después me miró a mí. —¿Coronel? No respondí. La mujer que había entrado con él perdió su sonrisa. —Jason me dijo que trabajabas…

PARTE 2: El día 184 dejé de esperar su confesión

A la mañana siguiente, Gabriel seguía dormido cuando cerré mi última maleta. No llevaba demasiadas cosas. Ropa. Documentos. Mi portátil. Siete años de matrimonio cabían sorprendentemente bien…

PARTE 2: Lo que Maya sabía era peor que lo que había en la piscina

Maya se aferró a mi cuello con tanta fuerza que me detuve. —Papá… por favor no mires. Seguí la dirección de sus ojos. La piscina. Bajo el…

PARTE 2: Las patrullas no habían venido a detenerme

Cuando bajé del avión, mis antiguos compañeros intentaron acompañarme. —No —dije—. Hale fue claro. Nada de convertir esto en una guerra. Después de doce años en uniforme,…

PARTE 2: Los gemelos que llevaban tres años viviendo sin mi apellido

Durante el viaje a Boston, Marcus apenas habló. Eso me inquietó más que cualquier amenaza. —Dime quién es el hombre —ordené. —Se llama Nathan Carter. El apellido…

PARTE 2: El día que Lucas descubrió que nunca fue dueño de mi imperio

A la mañana siguiente llamé a Mia. —Quiero separar los ocho restaurantes de todo lo relacionado con Lucas. Hubo silencio. —¿Los ocho? —Todos. Durante tres años, Lucas…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *