PARTE 2: EL ANILLO DEVUELTO

El dedo de Adrian siguió golpeando el reloj.

Una.

Dos.

Tres veces.

Claire conocía demasiado bien aquel gesto.

Cada vez que intentaba contener una emoción, hacía exactamente lo mismo.

Sienna no pareció notarlo.

Sonrió con naturalidad mientras observaba las carpetas sobre el escritorio.

—¿Todo esto es la entrega?

Noah respondió antes que Claire.

—Sí, señorita Hart. La señorita Evans dejó documentados seis años de trabajo.

Sienna abrió una carpeta al azar.

Leyó apenas dos páginas.

Luego levantó lentamente la vista.

—¿Todo esto lo hiciste tú sola?

Claire sonrió.

—Con ayuda del café.

Algunos empleados rieron.

Sienna no.

Continuó pasando hojas.

Había procedimientos para crisis.

Perfiles psicológicos de clientes.

Protocolos para negociaciones internacionales.

Incluso una lista titulada:

“Qué hacer cuando el señor Cole dice que no tiene migraña, pero sí la tiene.”

Sienna soltó una pequeña risa.

—Esto es impresionante.

Adrian permanecía en silencio.

Su mirada nunca abandonó las manos de Claire.

Ella seguía ordenando documentos como si ninguno de los dos existiera.

Entonces Noah habló sin pensar.

—La verdad…

No sé cómo vamos a reemplazarla.

Todo el departamento quedó en silencio.

Sienna cerró lentamente la carpeta.

Miró a Adrian.

—¿Ya encontraste a la persona que ocupará su puesto?

Él respondió sin apartar la vista de Claire.

—Todavía no.

—¿Cuántas entrevistas hicieron?

—Veintitrés.

—¿Y ninguna sirve?

Adrian tardó unos segundos.

—No.

Sienna arqueó ligeramente una ceja.

—Qué curioso.

Se volvió hacia Claire.

—Entonces no eras solo una secretaria.

Claire sonrió con educación.

—Solo hacía mi trabajo.

Sienna negó suavemente.

—No.

Levantó una de las carpetas.

—Esto no lo hace una secretaria.

Esto lo hace alguien que conoce una empresa mejor que su propio director.

Las palabras quedaron suspendidas en la oficina.

Varios empleados comenzaron a intercambiar miradas.

Nunca habían pensado en ello.

Pero era verdad.

Claire sabía qué café tomaba cada cliente.

Qué ejecutivo no debía sentarse junto a otro.

Qué proveedor aceptaba renegociar.

Qué inversionista odiaba llegar tarde.

Qué socio firmaba únicamente después del postre.

Conocía la empresa…

…como si hubiera ayudado a construirla.

Sienna volvió a mirar a Adrian.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro.

—¿Quién organizó la reunión con el fondo Blackstone hace dos años?

—Claire.

—¿Y la adquisición de WestBridge?

—Claire preparó toda la negociación.

—¿Y la crisis con los japoneses?

—Claire.

Sienna hizo una pausa.

—¿Y el contrato con Reed Logistics?

Adrian respondió casi automáticamente.

—También Claire.

La oficina quedó completamente en silencio.

Sienna sonrió con cierta ironía.

—Interesante.

Miró nuevamente a Claire.

—Empiezo a entender por qué todo el mundo aquí habla de ti.

Entonces ocurrió algo inesperado.

Julian Blake apareció en el departamento sin anunciarse.

Entró directamente con un sobre en la mano.

—Claire.

Ella levantó la vista.

—Buenos días, señor Blake.

Él dejó el sobre sobre su escritorio.

—Mi oferta sigue en pie.

Noah abrió mucho los ojos.

Julian continuó.

—Director de operaciones.

Triple salario.

Libertad total para formar tu equipo.

Toda la oficina dejó de respirar.

Claire sonrió.

—Pensé que era una broma.

—Nunca bromeo cuando se trata de talento.

Adrian levantó lentamente la cabeza.

—Julian.

Su voz sonó más fría de lo habitual.

—Está en horario laboral.

Julian se encogió de hombros.

—Precisamente por eso vine.

Miró directamente a Claire.

—No pienso esperar a que alguien más la contrate primero.

Entonces sacó un segundo documento.

Lo abrió delante de todos.

—Si el dinero no basta…

Cinco por ciento de participación en la empresa.

Los empleados soltaron exclamaciones ahogadas.

Cinco por ciento.

Aquello valía millones.

Incluso Sienna pareció sorprendida.

Julian dio un paso más.

—Claire.

La decisión es tuya.

Pero hay una condición.

Ella sonrió.

—¿Cuál?

—Quiero una respuesta antes de que termine el día.

Toda la oficina giró hacia Adrian.

Por primera vez en seis años…

El hombre que siempre había permanecido impasible perdió completamente el control.

Golpeó la mesa con la palma.

—No.

La palabra resonó en todo el piso.

Nadie se atrevió a hablar.

Ni siquiera él parecía haber previsto su propia reacción.

Julian sonrió despacio.

—Al fin.

Miró a Sienna.

—Creo que acabamos de descubrir quién era realmente imprescindible para Adrian Cole.

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