PARTE 2: EN BRAZOS SEGUROS

Brielle se quedó inmóvil al ver a Everett Calloway.

El dueño del restaurante sostenía a Elodie con una naturalidad inesperada, balanceándola suavemente mientras la niña dormía sobre su pecho.

Él levantó la vista.

—¿Es tu hija?

Brielle sintió que las piernas le temblaban.

—Sí… señor Calloway. Lo siento mucho. No tenía con quién dejarla.

Antes de que pudiera explicar más, unos pasos apresurados resonaron en la escalera.

Rochelle apareció primero.

Detrás de ella venían un hombre de traje gris y una mujer elegante.

Brielle los reconoció de inmediato.

Su ex, Jason.

Y su exsuegra, Linda.

Rochelle habló con falsa indignación.

—Señor Calloway, esa mujer escondió a una bebé en un cuarto de limpieza. Ya llamé al padre para que se la lleve.

Jason dio un paso al frente.

—Dame a mi hija.

Everett ni siquiera se movió.

Miró a Brielle.

—¿Él tiene la custodia?

—No.

—¿Existe alguna orden judicial que le permita llevársela?

—No.

Jason frunció el ceño.

—Soy su padre.

Brielle lo miró con incredulidad.

—Hace ocho meses que no pagas un solo dólar de manutención.

Linda intervino de inmediato.

—Mi hijo solo quiere proteger a la niña. Tú apenas ganas para sobrevivir.

Rochelle aprovechó el momento.

—Además, una empleada que trae bebés al trabajo demuestra que no es apta para este puesto.

Everett levantó una mano.

Todos guardaron silencio.

Con extremo cuidado entregó a Elodie a Brielle.

Después caminó lentamente hasta su escritorio.

Abrió un monitor.

En la pantalla aparecieron las cámaras de seguridad del restaurante.

Retrocedió la grabación.

A las 5:06 de la tarde se veía claramente a Rochelle entrando al cuarto de la ropa blanca.

Un minuto después salía con Elodie en brazos.

Brielle abrió los ojos.

—¡Usted se la llevó!

Rochelle palideció.

—Yo… solo quería demostrar…

—¿Demostrar qué? —preguntó Everett.

Nadie respondió.

Él cambió a otra cámara.

Mostraba a Rochelle hablando con Jason en el estacionamiento cuarenta minutos antes.

Los dos miraban repetidamente hacia la puerta de empleados.

—Parece que esto no fue una casualidad.

Jason dio un paso atrás.

—No es lo que parece.

Everett cerró la pantalla.

—La señora Dawson cometió un error al traer a su hija al trabajo.

Hizo una breve pausa.

—Pero ustedes utilizaron a una bebé de ocho meses para tenderle una trampa.

La expresión de Rochelle se derrumbó.

—Señor…

—Está despedida.

Su voz fue tranquila.

—Con efecto inmediato.

Luego miró a Jason.

—Y si vuelve a entrar en cualquiera de mis restaurantes para acosar a una empleada, mis abogados se encargarán del resto.

Jason intentó protestar.

Pero dos guardias de seguridad ya esperaban junto a la puerta.

Mientras los acompañaban hacia la salida, Everett volvió a mirar a Brielle.

—¿Cuánto dijiste que tenías en tu cuenta esta mañana?

Ella bajó la vista.

—Dieciocho dólares con cuarenta y seis centavos.

Él permaneció en silencio unos segundos.

—Mañana no vendrás a trabajar.

Brielle sintió que el corazón se hundía.

—Señor, por favor…

Everett negó con calma.

—Porque mañana estarás con recursos humanos.

Ella lo miró confundida.

—A partir de mañana habrá una guardería para empleados en este restaurante.

Sonrió levemente al ver a Elodie aferrarse al uniforme de su madre.

—Ningún trabajador debería tener que elegir entre cuidar a su hijo… o conservar su empleo.

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