PARTE 2: LA VERDAD

Sostuve aquella escritura durante varios minutos.

Mis manos temblaban.

El apartamento tenía un valor superior a tres millones de yuanes.

Fecha de compra: cuatro años y ocho meses atrás.

Exactamente dos meses después de que Ethan comenzara a salir conmigo.

Yo había pagado durante cinco años la mitad de los gastos de un apartamento que, según él, seguía hipotecado.

Había contado monedas para ayudarlo.

Acepté trabajos extra.

Renuncié a comprar ropa.

Renuncié a viajar.

Todo para “construir nuestro futuro”.

Pero el futuro ya le pertenecía desde el principio.

Respiré hondo y seguí revisando la carpeta.

Había contratos.

Estados financieros.

Y una carta escrita a mano.

No estaba dirigida a mí.

En el sobre podía leerse:

Para Serena Hale.

No pude evitar abrirla.

La primera línea hizo que dejara de respirar.

“Serena, si algún día lees esta carta, significa que ya descubriste que nunca pensé casarme contigo.”

Sentí un escalofrío.

Continué leyendo.

“Acepté acercarme a Anna porque me lo pediste. Al principio pensé que sería un juego estúpido que terminaría en unas semanas.”

“Pero hace tiempo que dejó de ser un juego para mí.”

Mis dedos comenzaron a temblar.

“Sé que nunca me quisiste. Solo disfrutabas controlando a las personas.”

“También sé que sigues creyendo que, cuando todo termine, me casaré contigo.”

“Eso jamás ocurrirá.”

Cerré los ojos.

Durante cinco años…

Ni siquiera Serena conocía esa parte.

Seguí leyendo.

“El apartamento está únicamente a mi nombre porque nunca confié en ti.”

“Tampoco pienso entregarte las acciones que me pediste.”

“Si algún día intentas usar a Anna para obligarme, esta carta demostrará que jamás acepté participar voluntariamente en nada más allá del principio.”

La última frase estaba firmada.

Ethan.

Me apoyé lentamente contra la pared.

Todo era mucho más complicado de lo que imaginaba.

Él había empezado aquel juego.

Eso era indiscutible.

Pero, en algún momento, dejó de seguir las reglas de Serena.

Sin embargo…

Nunca me dijo la verdad.

Nunca terminó el engaño.

Nunca me dio la oportunidad de elegir.

En ese momento sonó el timbre.

No esperaba a nadie.

Miré la pantalla del portero.

Era Ethan.

Tenía el cabello completamente mojado por la lluvia.

La camisa estaba desabrochada.

Tenía sangre en el labio.

Parecía haber peleado con alguien.

No abrí.

Mi teléfono comenzó a sonar.

—Anna.

Su respiración era agitada.

—Solo quiero hablar cinco minutos.

—No.

—Escúchame.

—Ya te escuché cinco años.

Silencio.

Después dijo algo que no esperaba.

—Acabo de romper con Serena.

No respondí.

—Nos peleamos.

—Qué pena.

—No entiendes.

Respiró profundamente.

—Ella confesó todo delante de todos.

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

—Estábamos en el bar.

Les dije que el juego había terminado.

Que iba a casarme contigo de verdad.

Ella se rio.

Después comenzó a leer en voz alta todos los mensajes antiguos del grupo.

Mi mano se cerró alrededor del teléfono.

—Todos escucharon cómo planeó destruirte.

Cómo organizó el acoso.

Cómo me utilizó.

Mi voz salió completamente fría.

—Pero tú aceptaste.

Del otro lado no hubo respuesta inmediata.

Finalmente contestó.

—Sí.

—Durante cinco años.

—Sí.

—Y nunca me lo dijiste.

—No.

Las lágrimas comenzaron a caer otra vez.

No porque quisiera volver con él.

Sino porque, por primera vez desde aquella mañana, lo escuchaba admitir la verdad sin intentar maquillarla.

—Anna…

—¿Sabes qué es lo peor?

Él guardó silencio.

—No que me hayas mentido.

—…

—Lo peor es que me abrazabas cuando lloraba por el daño que tú mismo habías ayudado a causar.

Del otro lado escuché un sollozo ahogado.

—Cada noche que tenías pesadillas…

—No.

Lo interrumpí.

—Cada una de esas noches tú sabías exactamente por qué tenía miedo.

Silencio.

Uno interminable.

Después dijo apenas un susurro.

—Lo sé.

Miré nuevamente la carta.

La escritura.

Las acciones.

Todo.

Entonces comprendí algo.

Ethan había mentido también a Serena.

Había ocultado propiedades.

Había ocultado inversiones.

Había ocultado documentos.

No porque quisiera protegerme.

Sino porque nunca confió realmente en ella.

Era un hombre que había engañado a las dos.

Solo que a mí me había engañado con amor.

Y a ella con ambición.

En ese instante sonó otra llamada.

Número desconocido.

Contesté.

Una voz femenina elegante habló al otro lado.

—¿Señorita Anna Lin?

—Sí.

—Habla Margaret Sullivan, abogada del señor Ethan Morgan.

Miré inmediatamente hacia la puerta.

Ethan seguía esperando bajo la lluvia.

—¿Qué ocurre?

La mujer hizo una breve pausa.

—Mi cliente acaba de sufrir un accidente de tránsito hace veinte minutos.

Sentí que el corazón daba un vuelco.

La abogada continuó.

—Antes de perder el conocimiento dejó una sola instrucción.

Mi respiración se detuvo.

—¿Cuál?

—Entregarle un sobre sellado que llevaba seis meses guardando para usted.

Tragué saliva.

—¿Qué contiene?

La respuesta llegó lentamente.

—Su testamento.

Y una nota escrita a mano que comienza con una frase que creemos… cambiará completamente la historia de estos últimos cinco años.

“Anna, el primer día que acepté acercarme a ti… ya estaba enamorado de ti antes de darme cuenta de que todo había empezado como una venganza.”

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