El automóvil negro no se movió durante varios minutos.
Desde el asiento trasero, el hombre seguía observando cómo Amelia desaparecía entre la multitud del aeropuerto junto a los tres pequeños.
Su asistente rompió el silencio.
—Señor Lucas Shen, ¿ocurre algo?
Lucas no respondió de inmediato.
Era el hermano mayor de Ethan y el actual presidente del Grupo Shen.
Había visto miles de personas pasar por ese aeropuerto.
Pero jamás había sentido un impacto como aquel.
Sobre todo al mirar el rostro del niño que acababa de corregirlo con tanta seguridad.
—Ese niño… —murmuró—. Tiene los ojos de mi abuelo.
Su asistente frunció el ceño.
—¿Quiere que investigue ahora mismo?
—Todo.
Mientras tanto, Amelia ya había salido de la terminal.
Los tres niños caminaban a su lado sin perder el paso.
—Mamá —preguntó Leo—. ¿Ese hombre nos conocía?
—No.
—Pero nos miró raro.
Amelia respiró hondo.
Cinco años viviendo en Nueva York le habían enseñado a controlar cualquier emoción.
No podía permitir que el pasado destruyera el presente.
—Solo era un desconocido.
Noah cruzó los brazos.
—Se parecía al señor de la foto que guardas en la caja azul.
Amelia se quedó inmóvil durante un segundo.
Aquella caja seguía cerrada desde el día del divorcio.
Dentro solo había una fotografía de su boda y el informe médico donde descubrió que esperaba trillizos.
Nunca habló de Ethan.
Nunca permitió que sus hijos preguntaran más de la cuenta.
—Cuando sean mayores entenderán algunas cosas —respondió con suavidad.
Esa misma tarde llegó al Grupo Horizon Capital.
El consejo directivo la esperaba para firmar una alianza estratégica valorada en miles de millones.
Nadie imaginaba que la nueva inversionista principal era una mujer de apenas treinta años que había construido un imperio financiero lejos del país.
Al otro lado de la ciudad, Ethan Shen terminaba una reunión.
Cinco años no habían cambiado su carácter.
Seguía siendo frío.
Seguía trabajando hasta la madrugada.
Y seguía soltero.
Sophia había regresado… pero jamás se casó con ella.
Su secretaria entró con expresión nerviosa.
—Señor Shen, el presidente Lucas quiere verlo inmediatamente.
Ethan llegó al despacho de su hermano veinte minutos después.
Lucas deslizó una fotografía sobre la mesa.
Era una imagen tomada por las cámaras del aeropuerto.
Tres niños caminaban junto a una mujer de traje blanco.
Ethan apenas miró la fotografía por un instante.
Después se quedó completamente inmóvil.
Su respiración se volvió pesada.
—Esa mujer…
Lucas asintió lentamente.
—Sí.
—Es Amelia.
Ethan sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
Pero no era ella quien había captado toda su atención.
Era el niño que caminaba a su izquierda.
Porque aquel pequeño tenía exactamente la misma expresión que él aparecía en todas las fotografías familiares cuando tenía cinco años.

Y, por primera vez desde el divorcio, Ethan sintió un miedo que ningún negocio había conseguido provocarle.
Lee la Parte 3 a continuación.