El clic metálico de la cerradura no sonó fuerte.
Pero en aquel instante fue el ruido más aterrador que había escuchado en toda mi vida.
Lily se aferró a mi cintura con tanta fuerza que pude sentir cómo le temblaban los dedos a través de mi camiseta.
—Mami… —susurró—. No abras.
Mi mano quedó inmóvil sobre el pomo.
Entonces sonó un golpe.
Uno solo.
Lento.
Seco.
No era la manera en que Derek llamaba cuando olvidaba las llaves. Siempre golpeaba dos veces y después hacía sonar el timbre. Aquello era diferente.
Otro golpe.
Más fuerte.
Después, silencio.
Sentí el corazón latiéndome en la garganta.
Saqué lentamente el teléfono del bolsillo y marqué el 911 sin apartar la vista de la puerta.
Antes de que pudiera pulsar el botón para llamar, una voz masculina atravesó la madera.
—¿Señora Collins? Soy el oficial Martin. Necesito hablar con usted.
Fruncí el ceño.
No había escuchado ninguna patrulla.
Ni una sirena.
Ni una puerta de coche cerrarse.
Nada.
Lily levantó la cabeza de golpe.
Sus ojos estaban abiertos de par en par.
Negó una y otra vez.
—No… —murmuró—. Esa no es la voz que escuché anoche.
El hombre volvió a hablar.
—Su esposo sufrió un accidente camino al aeropuerto. Necesitamos que abra la puerta.
Accidente.
La misma palabra que Lily había repetido minutos antes.
“Haz que parezca un accidente.”
Un escalofrío me recorrió la espalda.
Retrocedí un paso sin hacer ruido y miré por la pequeña cámara del sistema de seguridad instalada junto al recibidor.
La pantalla tardó dos segundos en encenderse.
Dos segundos eternos.
Cuando por fin apareció la imagen, sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
Había un hombre vestido con uniforme de policía.
Pero el distintivo del pecho estaba colocado al revés.
Y la patrulla que debía estar detrás de él… no existía.
Solo había una camioneta negra sin placas estacionada frente a mi casa.
El hombre levantó lentamente la vista.
Como si supiera exactamente dónde estaba la cámara.
Y sonrió.
Después levantó la mano derecha.

No para saludar.
Sino para hacer una señal hacia alguien que permanecía oculto detrás de la camioneta.
En ese mismo instante, el timbre de mi teléfono vibró.
La pantalla mostró un mensaje enviado desde el número de Derek.
“No abras la puerta. Ya van por ustedes.”