PARTE 2: EL MUERTO ERA OTRO

Ethan no volvió la cabeza.

Caminó por el pasillo rodeado de asistentes, abogados y empresarios que intentaban hablarle, pero su cuerpo parecía avanzar por puro reflejo.

Ava estaba viva.

No era una fotografía.

No era un recuerdo.

No era una culpa enterrada durante siete años.

Estaba viva.

Había chocado contra su pecho, había pronunciado su nombre y luego había pedido el contacto de Liam Walker como si aquel apellido no estuviera unido a la peor noche de su vida.

Cuando entró en el ascensor privado, su asistente, Daniel, presionó el botón del estacionamiento.

—Señor Grant, ¿cancelamos la reunión con los inversionistas?

Ethan seguía mirando las puertas cerradas.

—Consigue todo sobre Ava Sullivan.

Daniel tardó un segundo en reaccionar.

—¿La representante de BrightWave?

—Todo.

—¿Desde cuándo?

Ethan levantó la mirada.

—Desde el día del accidente.

El asistente sacó inmediatamente su tableta.

—¿También quiere que busquemos a Liam Walker?

La mandíbula de Ethan se tensó.

—Liam no puede enterarse de que ella está viva.

—¿Por qué?

Las puertas del ascensor se abrieron.

Ethan salió sin responder.

Porque la última vez que Liam se enteró de algo antes que él, Ava había desaparecido.

Y Ethan recibió una urna vacía.


Mi jefe casi saltaba de felicidad.

—¡Te pidió el número! ¿Entiendes lo que significa?

—Que tiene teléfono, pero no quiso sacarlo delante de nosotros.

—Significa que conseguimos acceso directo al fundador de GrantTech.

—Yo no conseguí nada. Tú me empujaste.

—Los grandes acuerdos requieren sacrificios.

Lo miré con odio.

—El próximo sacrificio serás tú por una escalera.

Él fingió no escucharme.

Mientras regresábamos a nuestra sala, yo intentaba entender la reacción de Ethan.

Había esperado indiferencia.

Tal vez una mirada incómoda.

Incluso una frase cruel como las que utilizaba en secundaria cuando yo intentaba acercarme a él.

Pero no aquella expresión.

Parecía realmente convencido de que yo había muerto.

Entonces recordé la pantalla del teléfono perdido.

Mi fotografía.

La mujer llorando.

La supuesta esposa de Liam diciendo que yo era el amor muerto de su marido.

Nada tenía sentido.

Y cuando demasiadas cosas no tienen sentido al mismo tiempo, normalmente significa que alguien está mintiendo.

Saqué mi teléfono y busqué el nombre de Liam Walker.

Aparecieron perfiles empresariales, fotografías antiguas y artículos sobre una firma de inversión llamada Walker Capital.

Liam sonreía en casi todas las imágenes.

La misma sonrisa cálida de la secundaria.

No parecía un hombre aterrador.

Pero las fotografías jamás contaban toda la verdad.

Abrí una entrevista publicada seis meses antes.

Liam Walker, el inversionista que convirtió una tragedia juvenil en ambición.

Leí el artículo hasta encontrar una frase que me heló.

“Walker perdió a una amiga cercana durante el último año de secundaria, experiencia que, según él, cambió su forma de entender la vida.”

No decía mi nombre.

Pero debajo había una fotografía de la ceremonia de graduación.

Liam y Ethan aparecían juntos.

Entre ambos había un espacio vacío.

El lugar exacto donde yo solía sentarme durante los actos escolares.

Mi teléfono vibró.

Un número desconocido.

Contesté.

—¿Ava?

La voz de Ethan sonó baja y tensa.

—Sí.

—¿Dónde estás?

Miré alrededor.

—En la conferencia.

—Eso ya lo sé.

—Entonces ¿por qué preguntas?

Hubo un silencio.

—No salgas sola.

Me detuve.

—¿Perdón?

—Quédate con tus compañeros. No aceptes que nadie te lleve a ningún sitio.

—Ethan, acabamos de reencontrarnos después de siete años. No puedes llamarme para darme órdenes.

—¿Liam te contactó?

—No. Ni siquiera tengo su número. Por eso te lo pedí.

Su respiración cambió.

—¿Qué asunto tienes con él?

Dudé.

No quería contarle la historia absurda del teléfono, pero algo en su tono me hizo abandonar la prudencia.

—Encontré un celular que supuestamente era suyo.

Silencio.

—¿Dónde?

—En el hotel.

—¿Cómo sabes que era de Liam?

—Una mujer llamada Chloe vino a recogerlo. Ella recibió una llamada de alguien guardado como Liam Walker.

Ethan no respondió.

—¿Qué había en el teléfono? —preguntó al fin.

—Mi foto.

La línea quedó completamente muda.

—Era una imagen de secundaria —continué—. Chloe dijo que yo había muerto y que su esposo estaba obsesionado conmigo.

Ethan habló con una voz tan fría que sentí un escalofrío.

—Ava, escucha con atención. Ese teléfono no pertenece a Liam.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque es mío.

Me apoyé contra la pared.

—¿Qué?

—La funda negra tiene una línea plateada en el borde inferior y una pequeña grieta junto a la cámara.

Recordé el teléfono.

Exactamente así.

—Pero Chloe dijo que era de su esposo.

—Chloe no está casada.

—Me dijo que Liam la golpeaba.

—Liam ni siquiera vive en este país desde hace cuatro meses.

Sentí que el ruido de la conferencia se alejaba.

—Entonces ¿quién era esa mujer?

—No lo sé.

—¿Y por qué tenía tu teléfono?

—Eso es lo que voy a averiguar.

Una parte de mí quería exigirle explicaciones sobre mi fotografía.

La otra no sabía si quería escuchar la respuesta.

—Ethan…

—Dime.

—¿Por qué tenías una foto mía como fondo?

Tardó demasiado en contestar.

—Porque pensé que estabas muerta.

—¿Quién te dijo eso?

—Liam.

El pasillo pareció inclinarse.

—Eso no es posible.

—Dos días después de tu accidente, me llamó y dijo que habías muerto en el hospital.

—Yo estuve internada casi tres meses.

—Me mostró una esquela.

—Nunca hubo una esquela.

—También me llevó a un funeral.

Apreté el teléfono.

—¿Fuiste a mi funeral?

La voz de Ethan se quebró apenas.

—Había una fotografía tuya. Flores. Una urna. Tus profesores estaban allí.

—Mi familia no organizó nada.

—Lo sé ahora.

—¿Nunca intentaste contactar a mis padres?

—Lo hice. Sus números estaban desconectados. La casa estaba vacía. Todos dijeron que se habían marchado después de enterrarte.

Me cubrí la boca.

Durante siete años, Ethan había pensado que yo estaba muerta.

Y alguien había trabajado muy duro para que lo creyera.

—¿Por qué Liam haría algo así?

—Porque sabía algo que tú no.

—¿Qué cosa?

Ethan guardó silencio.

Después dijo:

—Que yo estaba enamorado de ti.

El corazón me dio un golpe doloroso.

—No.

—Sí.

—Tú me rechazaste.

—Porque Liam me dijo que tú salías con él.

—Jamás salí con Liam.

—Me mostró mensajes.

—Nunca le escribí.

—Lo sé.

—¿Desde cuándo?

—Desde el día de tu supuesto funeral.

Cerré los ojos.

Siete años de recuerdos cambiaron de forma.

Las miradas de Ethan.

Su manera de evitarme.

La crueldad repentina.

El día en que me dijo delante de todos que dejara de seguirlo porque nunca estaría interesado en alguien como yo.

Yo había creído que se avergonzaba de mí.

Tal vez solo estaba herido.

—Necesito ver ese teléfono —dijo.

—Ya se lo entregué a Chloe.

—No debiste hacerlo.

—No sabía que era tuyo.

—¿Ella vio tu cara?

—Llevaba mascarilla.

—¿Escuchó tu nombre?

—No.

En ese instante, una voz femenina sonó detrás de mí.

—Sí lo escuché.

Me giré.

Chloe estaba al final del pasillo.

Ya no parecía asustada.

No lloraba.

No temblaba.

Llevaba el mismo vestido claro, pero ahora dos hombres estaban a su lado.

Uno de ellos sostenía el teléfono negro.

Mi fotografía seguía iluminando la pantalla.

—Ava —dijo Ethan al escuchar el silencio—. ¿Qué ocurre?

Chloe empezó a caminar hacia mí.

—Ponga el altavoz.

No obedecí.

Ella sonrió.

—Dígale a Ethan que deje de mandar gente al hotel. No encontrará nada.

Retrocedí un paso.

—¿Quién eres?

—Alguien que lleva años arreglando los errores de Liam.

—¿Qué quiere de mí?

—Confirmar que realmente estabas viva.

Ethan habló desde el teléfono.

—No la toques.

Chloe soltó una risa suave.

—Sigues igual, Ethan. Siete años protegiendo a una mujer que ni siquiera sabía que la amabas.

—La policía está en camino.

—Entonces tendré que ser rápida.

Levantó el teléfono negro.

—Este dispositivo contiene la única grabación completa de la noche del accidente.

Sentí que el aire desaparecía.

—¿Qué grabación?

Chloe miró directamente hacia mí.

—La que demuestra que tu automóvil no perdió el control.

Hizo una pausa.

—Alguien manipuló los frenos.

Mis dedos se aferraron al teléfono.

—¿Quién?

Ella sonrió.

—Pregúntale a Liam.

—Dijiste que no estaba en el país.

—No lo está.

—Entonces ¿dónde está?

Chloe observó la pantalla del teléfono de Ethan.

—En el lugar al que huyó después de saber que habías regresado.

Ethan levantó la voz.

—Ava, aléjate de ella.

Pero Chloe ya había introducido una contraseña en el teléfono negro.

En la pantalla apareció un video grabado desde el interior de un automóvil.

La fecha correspondía a la noche de mi accidente.

La imagen temblaba.

Se escuchaban voces.

Primero la de Liam.

Después la de otra persona.

Una voz que reconocí inmediatamente.

Mi respiración se detuvo.

Era la voz de mi padre.

—No puedes seguir ocultándoselo —decía—. Ava debe saber que Ethan Grant no fue quien la rechazó.

Liam respondió algo que casi no se escuchó.

Luego mi padre gritó:

—¡No toques el coche!

El video terminó.

Miré a Chloe.

—¿Mi padre estaba con él?

—Tu padre descubrió lo que Liam había hecho con los mensajes.

—¿Dónde está mi padre?

Ella ladeó la cabeza.

—¿Tu familia nunca te contó por qué se mudaron tan rápido después del accidente?

Sentí que todo mi cuerpo se enfriaba.

Mis padres siempre dijeron que querían empezar de nuevo.

Que recordar aquella ciudad me impedía recuperarme.

Nunca explicaron nada más.

—¿Dónde está? —repetí.

Chloe dejó de sonreír.

—Tu padre no huyó contigo.

—Claro que sí.

—No, Ava.

Bajó el teléfono.

—El hombre que vivió con tu familia después del accidente no era tu padre.

Entonces escuchamos pasos apresurados acercándose por el pasillo.

Ethan apareció entre la multitud, seguido por seguridad.

No miró a Chloe.

No miró a los hombres.

Solo me buscó a mí.

Cuando nuestros ojos se encontraron, vi algo mucho más fuerte que el odio.

Miedo.

Chloe levantó ambas manos y dejó caer el teléfono negro al suelo.

—Llegaste tarde otra vez, Ethan.

Él se colocó delante de mí.

—¿Dónde está Liam?

—Esperando que Ava recuerde.

—¿Que recuerde qué?

Chloe clavó los ojos en mí.

—Que la noche del accidente no iba sola en el automóvil.

Sentí un dolor repentino detrás de la sien.

Una carretera mojada.

Luces blancas.

Una discusión.

Una mano intentando quitarme el volante.

Y alguien sentado a mi lado gritando mi nombre.

No era Ethan.

No era Liam.

Era un hombre al que había llamado papá durante toda mi infancia.

Pero en el recuerdo, antes de que el coche se saliera de la carretera, él se volvió hacia mí y dijo una frase imposible:

—Ava, cuando salgamos de aquí, voy a contarte quién es tu verdadero padre.

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