PARTE 2: LA CARPETA MARRÓN

Adrian permaneció varios segundos con el teléfono pegado al oído.

—¿Qué acabas de decir?

—Las patentes, señor. Todas las relacionadas con el proyecto Aurora, NeuroVex y las nuevas terapias celulares aparecen bloqueadas. El sistema indica que la titular suspendió cualquier licencia de explotación hasta nueva revisión.

La sangre abandonó el rostro de Adrian.

—Eso es imposible.

—El departamento jurídico ya lo verificó.

Colgó sin despedirse.

Por primera vez aquella noche, abrió la carpeta marrón que Elena había dejado sobre la mesa de la junta.

Dentro no había una escena de celos.

Había una sentencia de muerte para su empresa.

En la primera página aparecía un informe técnico firmado por tres laboratorios independientes.

Contaminación cruzada.

Resultados manipulados.

Lotes que nunca debieron abandonar la planta.

En la segunda página había copias de autorizaciones electrónicas.

La firma pertenecía a Clara Bennett.

La contraseña utilizada correspondía a un empleado despedido ocho meses antes.

En la tercera página, una auditoría interna demostraba que alguien había alterado deliberadamente los registros de control de calidad.

Y al final…

Una nota escrita a mano.

“Te pedí que leyeras esto antes de que fuera demasiado tarde.”

Adrian sintió un escalofrío.

Recordó el momento exacto en que Elena había intentado hablar.

Recordó cómo él la interrumpió.

Cómo ordenó a los guardias sujetarla.

Cómo permitió que Clara la golpeara delante de toda la junta.

Tomó inmediatamente su teléfono.

—¡Marcus! Ven a mi casa ahora mismo.


Treinta minutos después, Marcus Hale entró al despacho sin quitarse siquiera el abrigo.

Su expresión era tan grave que Adrian comprendió que había algo peor.

—¿Lo sabías?

Marcus bajó la mirada.

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace un año.

Adrian golpeó el escritorio.

—¡¿Y no dijiste nada?!

Marcus respiró profundamente.

—Lo intenté.

Tres veces.

Pero siempre terminabas diciendo que Clara tenía razón y que Elena estaba exagerando.

El silencio se volvió insoportable.

Marcus continuó.

—¿Sabes por qué me puse pálido cuando Elena dijo que Sterling Biopharma ya no tendría nada que ver con ella?

Adrian no respondió.

—Porque ella nunca fue solo tu esposa.

Sacó una carpeta azul de su maletín.

La colocó frente a Adrian.

—Léela.

Adrian abrió la primera hoja.

Su mano comenzó a temblar.

WARD INNOVATIONS HOLDING

Propietaria: Elena Ward

Participación en Sterling Biopharma: 51 % de las patentes estratégicas.

Frunció el ceño.

—¿Qué significa esto?

Marcus lo miró directamente.

—Significa que los medicamentos que hicieron crecer esta compañía durante los últimos ocho años no pertenecían a Sterling Biopharma.

Pertenecían a Elena.

Adrian sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

—Eso… no puede ser.

—¿Recuerdas cuando fundaste la empresa?

Claro que lo recordaba.

No tenía dinero.

Ni laboratorio.

Ni inversionistas.

Solo una idea.

Marcus continuó.

—La familia Ward aceptó financiarte con una condición.

Que nunca utilizaras el apellido de Elena para conseguir contratos.

Ella quería que todos pensaran que habías construido el imperio por ti mismo.

Durante años, Elena desarrolló investigaciones en silencio.

Registró las patentes a su nombre.

Cedió licencias exclusivas a Sterling Biopharma por amor.

Nunca pidió aparecer en una sola conferencia.

Nunca exigió un cargo.

Solo quería trabajar contigo.

Adrian cerró lentamente la carpeta.

Las piezas comenzaron a encajar.

Cada vez que surgía un problema científico…

Era Elena quien encontraba la solución.

Cada vez que un ensayo clínico fracasaba…

Ella desaparecía durante días en el laboratorio y luego aparecía con una nueva fórmula.

Él siempre creyó que aquello era trabajo del departamento de investigación.

Nunca preguntó quién estaba realmente detrás.

Marcus habló por última vez.

—Hoy canceló todas las licencias.

Legalmente puede hacerlo.

Porque son suyas.

Y hay algo más.

—¿Qué?

—Esta mañana presentó oficialmente la demanda por apropiación indebida de propiedad intelectual y por ocultamiento de incidentes de seguridad farmacéutica.

Adrian sintió un vacío en el estómago.

—¿Y Clara?

Marcus permaneció en silencio unos segundos.

—La policía económica fue a buscarla hace una hora.

Desapareció.

No fue a su apartamento.

No contestó el teléfono.

Nadie sabe dónde está.

El despacho quedó completamente en silencio.

Adrian volvió a mirar la carpeta marrón.

La misma que había despreciado.

La misma por la que había humillado a la única persona que intentó salvar la empresa.

En ese instante sonó nuevamente su teléfono.

Era el presidente del consejo de administración.

Contestó de inmediato.

No alcanzó a decir una sola palabra.

Del otro lado solo escuchó una frase.

—Señor Sterling… el Consejo acaba de convocar una sesión extraordinaria para mañana a las ocho.

Hizo una pausa.

Y añadió con una voz helada:

—No será para hablar de Elena.

Será para decidir si usted continúa siendo el CEO de Sterling Biopharma.

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