PARTE 2: “¿CELOS? ENTONCES NO HAY COMPROMISO.”

El salón quedó en un silencio absoluto.

La palabra “celos” todavía parecía flotar sobre la mesa.

Mi padre levantó lentamente la mirada hacia Adrian.

Ya no sonreía.

—¿Acabas de decir que mi hija siente celos?

Adrian respiró hondo, como si estuviera hablando con alguien poco razonable.

—Señor Wen, Olivia siempre ha sido muy sensible con Mia. Ella solo está pasando por un momento difícil.

—¿Y eso le da derecho a ocupar el lugar de mi hija? —preguntó mi madre con una calma que conocía demasiado bien.

Cuando mi madre hablaba así, significaba que estaba furiosa.

Adrian intentó mantener el control.

—Solo quería que Mia se sintiera bienvenida.

Mi padre señaló la silla donde Mia seguía sentada.

—¿Sabes por qué ese asiento existe?

Adrian guardó silencio.

—Porque hoy ibas a sentarte junto a Olivia como el hombre que pretendía convertirse en mi yerno.

Toda la familia volvió la vista hacia Adrian.

Él pareció comprender, por primera vez, el significado de aquella mesa.

Mi padre continuó.

—No era un lugar cualquiera.

Era un lugar de honor.

Y tú decidiste entregárselo a otra mujer.

Mia se levantó de inmediato.

—Tío… de verdad no sabía…

—No te he hecho ninguna pregunta, señorita Hayes —respondió mi padre sin levantar la voz.

Ella enmudeció.

Adrian dio un paso adelante.

—Señor Wen, esto se está exagerando demasiado.

—¿Ah, sí?

Mi padre tomó el sobre rojo que estaba junto a su plato.

Todos sabíamos lo que había dentro.

Yo también.

Adrian lo miró apenas un segundo.

Sus ojos brillaron.

Durante meses me había hablado de la falta de inversión para su empresa.

De los préstamos.

De los bancos que no confiaban en su proyecto.

Sin saberlo, la solución estaba a menos de un metro de él.

Mi padre sostuvo el sobre unos segundos.

Después lo rompió lentamente por la mitad.

El sonido del papel rasgándose fue más fuerte que cualquier discusión.

Adrian abrió los ojos.

—¿Qué está haciendo?

Mi padre dejó los pedazos sobre la mesa.

—Dentro había una tarjeta bancaria y el acuerdo para que mi empresa invirtiera en tu proyecto.

Varias personas soltaron un suspiro.

Adrian se quedó completamente inmóvil.

—¿Qué…?

—Pensaba ayudarte porque confiaba en el criterio de mi hija.

Hizo una pausa.

—Hoy descubrí que me equivoqué.

El rostro de Adrian perdió el color.

—Señor Wen, podemos hablar esto en privado.

—No.

La respuesta fue inmediata.

—Porque la humillación también fue pública.

Mi madre tomó entonces la caja de regalo que había junto a su silla.

La abrió despacio.

Dentro había un reloj suizo grabado con una inscripción.

“Bienvenido a la familia Wen.”

Lo observó unos segundos.

Luego cerró la caja.

La empujó hacia un lado.

—Parece que ya no será necesario.

Mia empezó a llorar.

—Todo esto pasó por mi culpa…

Por primera vez hablé directamente con ella.

—No.

Ella levantó la vista.

—Esto pasó porque aceptaste sentarte en un lugar que tenía mi nombre.

Y porque él creyó que yo volvería a levantarme para complacerlo.

Adrian intentó acercarse.

—Olivia…

Retrocedí un paso.

—Tres años.

Tres años justificando cada prioridad que me quitabas.

Tres años escuchando que Mia era como una hermana.

Pero nunca vi que trataras a tu verdadera hermana como hoy la estás tratando a ella.

No respondió.

Porque no podía.

Mi padre llamó al jefe de protocolo del hotel.

—Por favor.

Añada una mesa más.

La señorita Hayes puede quedarse como invitada.

Pero el señor Adrian Shaw ya no forma parte de esta celebración.

Adrian quedó paralizado.

—¿Me está echando?

—No.

Mi padre lo miró fijamente.

—Estoy retirando la invitación que te di para formar parte de esta familia.

El silencio fue total.

Entonces saqué lentamente el anillo de compromiso de mi dedo.

Lo coloqué sobre la mesa, justo delante de Adrian.

—No hace falta esperar al anuncio del compromiso.

Sonreí con una serenidad que ni yo misma sabía que tenía.

—Porque acaba de cancelarse.

Adrian bajó la vista hacia el anillo.

Solo entonces comprendió que no acababa de perder una discusión.

Acababa de perder a la mujer que siempre lo había defendido… y la única oportunidad de convertirse en parte de la familia Wen.

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