PARTE 2: LA FIRMA NO ERA LO ÚNICO FALSIFICADO

El silencio duró apenas unos segundos.

Después, la recepcionista abrió la puerta del despacho principal con tanta fuerza que casi la golpeó contra la pared.

—¡Doctor Salas!… La Fiscalía está aquí.

Las conversaciones en la sala de espera se apagaron por completo.

Varias parejas dejaron de mirar sus teléfonos.

Nadie esperaba presenciar algo así en una clínica de fertilidad.

…

El director médico salió acompañado por dos administradores.

Al ver al comandante Alejandro Duarte, su expresión cambió.

—Comandante…

Duarte mostró su credencial.

—Necesitamos hablar con usted sobre varios procedimientos realizados hace aproximadamente un año.

El doctor asintió con aparente serenidad.

—Podemos pasar a mi oficina.

—No todavía.

El comandante sostuvo el portafolios sin abrirlo.

—Primero necesito confirmar una información.

Miró directamente a Teresa.

—¿La señora Fernanda Ríos continúa siendo paciente de esta clínica?

El director tardó unos segundos en responder.

—Sí.

Teresa comenzó a ponerse nerviosa.

—No entiendo qué tiene que ver eso conmigo.

Mariana permanecía completamente inmóvil.

Ya no sentía rabia.

Solo esperaba escuchar la verdad completa.

…

El doctor respiró hondo.

—Por razones de confidencialidad no puedo comentar expedientes médicos.

Duarte asintió.

—Lo comprendo.

Pero sí puede confirmar si la autorización para la transferencia embrionaria fue presentada por escrito.

El director tragó saliva.

—Sí.

—¿Con firmas de ambas partes?

—Sí.

El comandante abrió lentamente el portafolios.

Sacó una carpeta transparente.

Dentro había dos documentos.

Los colocó sobre el mostrador.

—Entonces explíqueme por qué la firma atribuida a la señora Mariana Salgado no coincide con ninguna de las registradas oficialmente por ella.

El doctor perdió el color.

…

Teresa dio un paso atrás.

—Debe tratarse de un error administrativo.

Mariana la observó en silencio.

Aquella misma mujer que minutos antes la había humillado ahora evitaba sostenerle la mirada.

…

En ese momento apareció otra mujer desde el pasillo de consultas.

Llevaba un bebé en brazos.

Era Fernanda.

Al ver a Mariana, se quedó completamente inmóvil.

Después vio al comandante.

Y finalmente reconoció la carpeta.

Su rostro se volvió blanco.

—¿Qué está pasando?

Nadie respondió enseguida.

La pequeña Valeria dormía ajena a todo.

…

Fernanda abrazó con más fuerza a la niña.

—¿Por qué está la Fiscalía aquí?

Duarte habló con calma.

—Porque estamos investigando la posible utilización de un embrión sin el consentimiento legal correspondiente.

Fernanda negó inmediatamente.

—Eso es imposible.

Andrés me dijo que todo estaba autorizado.

Mariana levantó lentamente la vista.

Aquellas palabras llamaron su atención.

—¿Eso te dijo?

Fernanda la miró por primera vez desde el divorcio.

Tenía los ojos llenos de desconcierto.

—Él aseguró que tú habías renunciado a todos los embriones durante el divorcio.

Mariana sintió un vacío en el pecho.

—Jamás firmé algo así.

El silencio volvió a caer.

Ahora era Fernanda quien parecía incapaz de respirar.

…

—No…

Susurró.

—Eso no puede ser verdad.

Comenzó a buscar desesperadamente entre los documentos que llevaba en el bolso.

Sacó una copia del consentimiento.

La extendió con manos temblorosas.

Mariana apenas necesitó un vistazo.

Aquella firma no era suya.

…

Fernanda levantó lentamente la mirada.

Durante un año había creído que aquella niña había llegado al mundo mediante un procedimiento completamente legal.

Ahora descubría que quizá ella también había sido engañada.

Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.

—Yo no sabía…

Mariana no respondió.

No era el momento de discutir.

Había algo mucho más importante.

La niña.

Una pequeña que no tenía ninguna culpa de las decisiones de los adultos.

…

El comandante cerró el portafolios.

—Señor director.

Necesitamos acceso inmediato a todos los registros electrónicos relacionados con ese procedimiento.

El doctor asintió lentamente.

—Los tendrán.

Pero…

Hizo una pausa.

—Hay algo que deben saber antes de revisar el sistema.

Todos lo miraron.

—La autorización escaneada que aparece en el expediente…

No fue subida por el personal médico.

El comandante frunció el ceño.

—¿Entonces quién la cargó?

El director respiró profundamente antes de responder.

—Nuestro sistema registra el usuario que incorporó cada documento.

Hizo una pausa.

—Y ese usuario… no pertenece a ningún médico, enfermera ni administrativo de la clínica.

Mariana sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿A quién pertenece?

El director bajó lentamente la vista hacia la pantalla de su computadora.

Cuando volvió a hablar, su voz apenas era un susurro.

—El archivo fue cargado utilizando las credenciales personales… del propio Andrés Luján.

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