Lucas se quedó mirando el anillo como si no entendiera lo que acababa de ocurrir.
—Emma, deja de hacer tonterías.
En mi vida anterior, esa frase habría bastado para hacerme retroceder.
Esta vez cerré la puerta.
Durante los meses siguientes desaparecí de sus vidas sin marcharme de la ciudad.
Estudiaba desde el amanecer. Recuperé las materias que había abandonado, completé los requisitos pendientes de la universidad y preparé el examen hasta conocer cada página de memoria.
Lucas empezó a inquietarse.
Primero fueron mensajes.
Después flores.
Finalmente apareció frente a la biblioteca.
—¿De verdad vas a tirar tantos años por una pelea?
—No fue una pelea.
Lo miré tranquilamente.
—Fue una decisión.
Jessica esperaba junto al automóvil.
Cuando vio que Lucas no conseguía convencerme, se acercó.
—Emma, algún día entenderás que una carrera no sustituye a una familia.
Casi sonreí.
—Entonces quédate tú con la familia que yo no quiero.
Me marché.
Semanas después llegaron los resultados.
Había aprobado.
Y no simplemente aprobado.
Mi puntuación estaba entre las mejores de mi convocatoria.
Cuando recibí además una oferta para continuar mis estudios en otra ciudad, acepté sin consultar a nadie.
Lucas se enteró por terceros.
Llegó a mi casa aquella misma noche.
—¿Te vas?
—Sí.
—¿Y nosotros?
—Hace meses que no existe ningún “nosotros”.
Entonces ocurrió algo que jamás había sucedido en mi primera vida.
Lucas tuvo miedo.
—Puedo pedir traslado.
Negué.
—No quiero que vengas.
Jessica apareció detrás de él y explotó:
—¡Después de todo lo que Lucas hizo por ti!
La miré.
Recordaba perfectamente lo que ambos me habían hecho durante aquella otra vida.
Pero ellos no.
Y ya no necesitaba castigarlos por un futuro que todavía no habían cometido.
Solo necesitaba impedir que volvieran a decidir el mío.
—Cuídense mucho —dije.
Y cerré la puerta.
Cinco años después regresé para una conferencia nacional.
Tenía un título de posgrado, un puesto estable y una carrera construida con mi propio nombre.
Fue allí donde volví a verlos.
Jessica llevaba uniforme.
Lucas también.
Pero ya no estaban juntos.
Un antiguo conocido me contó después que habían intentado iniciar una relación meses después de mi partida.
Sin mí como tercera persona a quien culpar, la fantasía duró poco.
Celos.
Discusiones.
Reproches.
Finalmente se separaron.
Lucas me encontró sola al terminar la conferencia.
Durante varios segundos simplemente me observó.
—Emma… me equivoqué.
—Lo sé.
—Si pudiera volver atrás…
Aquellas palabras casi me hicieron reír.
Porque yo sí había vuelto atrás.
Y había aprendido algo que él jamás comprendería.
Regresar no servía para conseguir que Lucas me amara correctamente.
Servía para descubrir que nunca había necesitado su amor para tener una vida.
Él señaló mi mano.
—¿Nunca te casaste?
—Eso ya no te corresponde saberlo.
Tomé mi maletín.
Lucas intentó detenerme.
—¿Alguna vez me quisiste de verdad?
Me giré una última vez.
—Tanto que una vez abandoné mi futuro por ti.
Hice una pausa.
—Por suerte, tuve una segunda oportunidad.
Salí del edificio sin mirar atrás.
En mi primera vida había muerto camino al divorcio, creyendo que Lucas y Jessica me habían robado todo.
En la segunda comprendí la verdad.

Mi mayor pérdida nunca había sido aquel hombre.
Había sido la mujer que yo podría haber llegado a ser.
Y esta vez, ella seguía viva.