PARTE 2: VOLVIÓ DEMASIADO TARDE

Cuando Olivia despertó, Alexander estaba sentado junto a su cama.

Había volado desde Washington en cuanto recibió la noticia.

—Daniel está muerto —susurró ella.

Alexander apretó la mandíbula.

—Lo sé.

Olivia cerró los ojos.

—Llegué tarde.

—No.

Alexander dejó una carpeta sobre la cama.

—La orden de liberación llegó a la prisión ayer por la tarde. Alguien la bloqueó durante horas.

Olivia abrió los ojos.

—¿Quién?

Alexander deslizó hacia ella una copia del registro.

En la parte inferior aparecía un nombre.

Ethan Parker.

Olivia dejó de respirar.

Ethan había prometido salvar a Daniel.

Pero mientras ella sufría en África, él había utilizado sus contactos para retrasar deliberadamente su liberación.

—¿Por qué?

—Porque Daniel tenía pruebas —respondió Alexander—. Pruebas de que nunca cometió el fraude que destruyó a tu familia.

Sacó una memoria USB.

—Y de quién lo hizo realmente.

Dos días después, Ethan regresó a casa esperando encontrar a Olivia arrepentida.

En cambio, encontró la mansión vacía.

La llamó.

Bloqueado.

Fue entonces cuando recibió una fotografía.

Olivia estaba frente a la prisión, vestida de negro.

A su lado estaba Alexander.

Debajo había una sola frase:

“Daniel murió. Ya sé lo que hiciste.”

Ethan palideció.

Llamó inmediatamente a Chloe.

—Tenemos un problema.

Pero el problema ya estaba entrando por la puerta del consejo de Parker Industries.

Alexander había entregado las pruebas a los investigadores.

Las transferencias que habían incriminado a Daniel conducían a empresas vinculadas con ejecutivos cercanos a Ethan.

Y existían registros de llamadas demostrando que Ethan había intervenido para retrasar la orden de liberación.

Aquella misma tarde, varios miembros del consejo exigieron explicaciones.

Chloe desapareció en cuanto comprendió que el apellido Parker podía dejar de significar dinero.

Y Ethan hizo lo único que jamás imaginó hacer.

Buscó a Olivia.

La encontró tres semanas después, saliendo de un edificio gubernamental junto a Alexander.

—¡Olivia!

Ella se detuvo.

Ethan corrió hacia ella.

—Puedo explicarlo.

Olivia lo observó sin emoción.

—Entonces explica por qué murió mi hermano mientras tú celebrabas una boda.

—Yo no quería que muriera.

—Pero querías mantenerlo encerrado.

Ethan guardó silencio.

Eso fue suficiente.

Entonces reparó en el anillo de Olivia.

—¿De verdad te casaste?

Alexander se acercó y tomó tranquilamente la mano de ella.

Ethan lo reconoció.

Y su rostro cambió.

Porque Alexander Reed no era simplemente un oficial.

Pertenecía a una familia cuya influencia alcanzaba lugares donde incluso los Parker necesitaban pedir permiso.

—Olivia —dijo Ethan desesperadamente—. Tú y yo estuvimos juntos siete años.

Ella asintió.

—Y necesitaste treinta días para demostrarme cuánto valían.

—Puedo arreglarlo.

—No puedes devolverme a Daniel.

Ethan intentó acercarse.

Alexander se interpuso.

Olivia levantó una mano.

—Déjalo.

Miró al hombre al que alguna vez había esperado convertir en su esposo.

—Cuando regresé, me dijiste que nadie más podría quererme.

Ethan bajó la mirada.

—Te equivocaste.

Olivia tomó la mano de Alexander.

—Pero lo peor es que también te equivocaste pensando que yo seguiría queriéndote a ti.

Se marchó.

Ethan permaneció solo en la acera.

Horas después recibió la primera notificación oficial de la investigación.

Después llegó la suspensión del consejo.

Luego la congelación de varias cuentas vinculadas al caso de Daniel.

Y finalmente un mensaje de Chloe:

“Quiero el divorcio.”

Ethan leyó aquellas palabras sentado en la misma sala donde semanas atrás se había burlado de Olivia.

Por primera vez comprendió la ironía.

Había enviado lejos a la mujer que lo amaba para poder casarse con otra.

Cuando quiso recuperarla, Olivia ya tenía otro esposo.

Cuando quiso salvar su empresa, las pruebas ya estaban entregadas.

Y cuando quiso pedir perdón…

El único hombre que todavía podía haberle dado una segunda oportunidad ya estaba muerto.

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