PARTE 2: VOLVÍ POR LO QUE ERA MÍO

Marcus me observó por encima de su copa.

—¿Por qué regresaste?

—Por negocios.

Su expresión cambió apenas.

A la mañana siguiente se celebraría la votación para adjudicar la concesión de tres terminales del puerto.

Durante ocho años en el extranjero había construido mi propia empresa logística.

Y ahora era una de las finalistas.

Marcus también.

—Así que eres tú —murmuró.

—Soy yo.

Por primera vez entendió que no había vuelto para buscarlo.

Había vuelto para competir contra él.

Aquella noche apareció Lily.

Ya no llevaba las joyas que mis ahorros habían pagado.

Se acercó directamente.

—Claire.

—Lily.

Su mirada bajó hacia mi acreditación empresarial.

—Marcus me dijo que participas en la licitación.

—Entonces ya estás informada.

Su rostro se tensó.

—No deberías haber vuelto.

Sonreí.

—Eso ya no lo decides tú.

Marcus apareció detrás de ella.

—Lily, basta.

Me sorprendió escuchar dureza en su voz.

Ella se marchó.

Entonces Marcus dijo:

—Nos divorciamos el día después de que te fuiste.

Lo miré.

—Lo sé.

—Intenté encontrarte.

—También lo sé.

—¿Y no significa nada?

Dejé la copa.

—Ocho años atrás habría significado todo.

Marcus quedó en silencio.

—Claire, cometí un error.

—No fue uno.

Lo miré directamente.

—Te casaste sin decírmelo. Gastaste nuestros ahorros sin preguntarme. La llevaste a nuestra casa. Permitiste que me insultara y después esperabas que yo siguiera siendo “razonable”.

Su mandíbula se tensó.

—Creí que podía solucionarlo después.

—Ese fue tu problema. Siempre pensaste que yo seguiría esperando.

A la mañana siguiente comenzó la presentación.

Marcus habló primero.

Su propuesta era poderosa.

Después llegó mi turno.

Presenté rutas, inversión, automatización y un plan de expansión que llevaba tres años preparando.

Al terminar, uno de los representantes del puerto hizo la pregunta decisiva:

—Señora Sullivan, ¿puede garantizar el capital necesario?

Me puse de pie.

—Mi apellido no es Sullivan.

Deslicé la documentación sobre la mesa.

—Claire Bennett, presidenta de Northstar Maritime.

La sala quedó en silencio.

Northstar había crecido discretamente hasta convertirse en uno de los mayores operadores independientes de la costa oeste.

Marcus me miró como si estuviera viendo a una desconocida.

Quizá lo era.

Horas después anunciaron el resultado.

Northstar obtuvo dos de las tres terminales.

La empresa de Marcus conservó la tercera.

No lo destruí.

Nunca había regresado para eso.

Simplemente gané.

Cuando salí del edificio, Marcus estaba esperándome.

—Felicidades.

—Gracias.

Sacó algo del bolsillo.

Mi viejo reloj.

El mismo que había dejado ocho años atrás.

—Lo guardé.

No lo tomé.

—Entonces sigue guardándolo.

Sus ojos se humedecieron.

—¿Nunca podremos volver atrás?

Negué.

—Yo te pedí tres veces que me dieras un lugar en tu vida. Me pediste que esperara.

Respiré profundamente.

—Esperé ocho años. Fueron suficientes.

Marcus bajó lentamente la mano.

—¿Hay alguien más?

Sonreí.

—Sí.

Su rostro se endureció.

Entonces terminé:

—Yo.

Durante demasiado tiempo había construido mi vida alrededor de Marcus Jiang.

Ahora finalmente me pertenecía.

Me alejé hacia el automóvil que me esperaba.

Ocho años antes salí de Harbor City con una maleta y casi nada en mi cuenta.

Esta vez regresé con una empresa, un nombre propio y el contrato que había venido a buscar.

Marcus había pasado ocho años esperando que volviera.

Pero había algo que nunca entendió:

la mujer que regresó ya no era la mujer que había dejado esperando.

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