PARTE 2: VOLVÍ COMO SU DOCTORA.

Miré la marca de sus dedos todavía visible en mi mejilla.

Podía negarme.

Después de lo que Adrián había hecho, nadie podía exigirme que volviera a convertirme en su salvadora.

Pero también recordé quién era antes de ser su esposa.

—Marcos, comunícame con el profesor Vidal.

Diez minutos después revisaba los estudios desde mi computadora.

La situación era crítica.

—Puedo ir —dije—, pero hay condiciones.

—Las que quiera.

—No voy como esposa. Voy como neurocirujana. Y Vidal debe evaluar si realmente soy la mejor opción disponible.

Hubo silencio.

—Entendido.

Cuando entré al Hospital Central, llevaba ropa médica y el cabello recogido.

El profesor Vidal me esperaba.

—Serrano.

Hacía tres años que nadie pronunciaba mi apellido dentro de un quirófano.

Revisamos juntos las imágenes y el plan.

Entonces apareció Valentina.

—¡Por fin! —exclamó—. Tienes que salvarlo.

La miré.

—No “tengo” que hacer nada por ti.

Su rostro cambió.

—Pero eres su esposa.

—Después de esta noche, eso lo decidirán los abogados.

Entré al quirófano como médica.

No como la mujer que Adrián había humillado.

No operé por amor.

Tampoco por perdón.

Operé porque, después de revisar el caso con el equipo, acepté una responsabilidad profesional que todavía podía ejercer con claridad.

Horas después salí.

Marcos se levantó inmediatamente.

—¿Está vivo?

—La intervención salió como esperábamos. Ahora necesita vigilancia.

Valentina soltó un sollozo de alivio.

Yo me marché.

Adrián despertó al día siguiente.

Cuando supo quién había dirigido la cirugía, pidió verme.

Acepté cinco minutos.

Estaba débil, pero consciente.

Sus ojos se clavaron en mi mejilla.

La marca seguía allí.

—Fuiste tú.

—Sí.

—Después de lo que hice…

—Salvarte no significa perdonarte.

Adrián cerró los ojos.

—Valentina me dijo que tú habías destruido nuestra relación desde el principio.

Casi sonreí.

—Me golpeaste porque elegiste creerlo.

No culpé a Valentina por una decisión que había tomado su propia mano.

Saqué una carpeta.

—Mi abogado presentará el divorcio.

—Serrano…

Fue la primera vez que me llamó así.

—Puedo cambiar.

—Espero que sí.

Me levanté.

—Pero ya no necesitas cambiar para recuperarme.

Meses después regresé oficialmente a la medicina.

No fue fácil recuperar la carrera que había dejado atrás, pero volví a estudiar, asistir y reconstruir mi lugar paso a paso.

Adrián sobrevivió.

Y yo también.

Solo que de maneras diferentes.

La noche anterior me llamó amante delante de todos; al día siguiente despertó gracias a la doctora que había olvidado que existía debajo del apellido Fuentes.

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