—Emma, necesito que escuches con atención.
La voz de Alexander había perdido por completo el tono divertido de su mensaje.
Me quedé inmóvil.
—Sí.
—No voy a hablar de lo que acabas de enviarme.
Sentí que el alivio me recorría el cuerpo.
—Gracias.
—Pero sí voy a hablar de algo mucho más importante.
Me senté lentamente en el asiento del conductor.
—¿Qué cosa?
—Tu restaurante.
Fruncí el ceño.
—¿Ember?
—Sí.
Miré por el parabrisas.
—¿Qué pasa con él?
—Luke me contó que llevas dos años intentando conseguir financiación.
Mi corazón dio un vuelco.
—No quiero dinero de tu familia.
—No te estoy ofreciendo dinero.
Hubo una pausa.
—Te estoy ofreciendo una oportunidad.
Antes de que pudiera responder, Alexander continuó:
—Esta noche uno de mis socios intentó comprar tu empresa de catering por una cantidad ridícula. Quería eliminarte del mercado antes de que abrieras tu restaurante.
Me quedé helada.
—¿Quién?
—Todavía no puedo decírtelo.
—¿Por qué?
—Porque alguien dentro de mi propia compañía está filtrando información.
Miré hacia la entrada del hotel.
Todo lo ocurrido durante la gala empezó a parecer diferente.
—¿Y qué tiene que ver conmigo?
—Mucho.
Su voz se volvió más seria.
—Tu antiguo novio, Marcus.
Mi mano se cerró alrededor del teléfono.
—¿Qué pasa con él?
—Ha estado intentando localizarte.
El aire pareció desaparecer del automóvil.
—Eso no es posible.
—Lo sé.
—Luke me aseguró que había desaparecido.
—Luke no conocía toda la historia.
Cerré los ojos.
Durante meses había trabajado para dejar aquella parte de mi vida atrás.
Alexander continuó:
—Marcus se reunió esta semana con una persona de mi organización.
—¿Para qué?
—Para obtener información sobre ti.
Mi estómago se contrajo.
—¿Qué información?
—Tu dirección.
Silencio.
—Tus cuentas.
Otro silencio.
—Y el nombre del restaurante que planeas abrir.
Miré hacia la calle.
De repente, el estacionamiento ya no parecía tan vacío.
—¿Por qué me estás contando esto?
—Porque mañana voy a descubrir quién está detrás.
—¿Y yo qué debo hacer?
—No vuelvas sola a casa esta noche.
Tragué saliva.
—¿Crees que estoy en peligro?
Alexander tardó unos segundos en responder.
—Creo que alguien está intentando asegurarse de que tu restaurante nunca abra.
La llamada terminó poco después.
Me quedé sentada en silencio.
Entonces mi teléfono volvió a vibrar.
Esta vez era Luke.
“Emma, ¿qué demonios le escribiste a mi padre?”
Me tapé la cara con ambas manos.
—Perfecto.
Había sobrevivido a la parte peligrosa.
Ahora tenía que sobrevivir a la parte humillante.
Pero antes de que pudiera responderle, apareció otro mensaje.
Número desconocido.
Solo contenía una fotografía.
Era una imagen de mi pequeño local.
El lugar donde pensaba abrir Ember.
Debajo había una frase:
“Bonito proyecto. Sería una lástima que nunca llegaras a inaugurarlo.”
Dejé de sonreír.
Guardé la fotografía.
Y llamé inmediatamente a Alexander.
Esta vez no contestó él.
Contestó otra persona.
—Señorita Carter, soy el jefe de seguridad de Alexander Bennett.
—¿Dónde está?
Hubo un silencio extraño.
—Eso es precisamente el problema.
—¿Qué ocurrió?
—El señor Bennett salió hace veinte minutos.
—¿A dónde?
—A reunirse con la persona que creemos que está detrás de todo esto.
Mi corazón comenzó a golpearme el pecho.
—¿Y quién es?
La respuesta llegó en voz baja.
—Todavía no lo sabemos.
Pausa.
—Pero acabamos de descubrir algo que cambia completamente el caso.

—¿Qué?
—La persona que está siguiendo a usted…
—también está siguiendo a Luke.