PARTE 2: SIETE AÑOS DE MENTIRAS

Miré a Lin Yuwei.

—¿Hace siete años?

Su sonrisa desapareció apenas.

Gu Ye reaccionó demasiado tarde.

—Yuwei, cállate.

Eso fue suficiente.

Cerré la carpeta.

—Entonces no empezaste a mentirme después de que tu negocio fracasara.

Gu Ye apartó la mirada.

—Bai Ran, estás sacando conclusiones.

—Perfecto. Que las saquen los abogados.

Tomé fotografías de cada página.

Gu Ye intentó quitarme la carpeta.

—Eso es propiedad privada.

—Y pretende llevar mi firma.

Guardé el teléfono.

Aquella noche no dormí en el sofá.

Me fui.

A la mañana siguiente mi abogada ya tenía los registros mercantiles.

Cuando colocó los documentos frente a mí, sentí más frío que rabia.

La empresa no había nacido después de nuestro matrimonio.

Había sido constituida nueve meses antes.

Gu Ye figuraba desde el principio como uno de los accionistas fundadores.

—Entonces cuando me pidió dinero…

—La sociedad ya existía —respondió ella—. Ahora necesitamos averiguar para qué se utilizó exactamente su transferencia.

Encontramos la respuesta dos días después.

El dinero procedente de la venta de la casa de mis padres había entrado primero en la cuenta personal de Gu Ye.

Cuarenta y ocho horas después, una cantidad casi idéntica apareció en una ampliación de capital de la empresa.

El aportante registrado era Gu Ye.

No yo.

Recordé aquella noche.

Él había sostenido mis manos y prometido:

—Cuando esto funcione, todo será nuestro.

En los documentos, sin embargo, solo existía él.

Pero había algo todavía más extraño.

—Mire esta fecha —dijo mi abogada.

La ampliación de capital se había preparado once días antes de que yo vendiera la casa.

—¿Cómo sabía que tendría ese dinero?

Yo tampoco lo entendía.

Hasta que recordé algo.

Tres semanas antes de venderla, Gu Ye me había acompañado a visitar a un agente inmobiliario.

Según él, solo quería “conocer cuánto valía mi patrimonio por si algún día necesitábamos un plan de emergencia”.

No había sido improvisación.

Había habido planificación.

Mi teléfono sonó.

Gu Ye.

No contesté.

Llegó un mensaje.

Hablemos como adultos. Puedo darte 300.000 yuanes si firmas hoy.

Después otro.

No conviertas siete años de matrimonio en una guerra.

Se los enseñé a mi abogada.

—No responda todavía.

Esa tarde recibimos información adicional.

Durante los primeros cuatro años de nuestro matrimonio, Gu Ye había declarado internamente ingresos ejecutivos muy superiores a los cinco mil yuanes que decía llevar a casa.

Además, existían dividendos.

Bonificaciones.

Participaciones.

Yo había pasado noches vendiendo comida en un mercado mientras mi marido acumulaba ingresos que nunca mencionó.

Pero mi abogada levantó una mano.

—Que él haya ocultado dinero no significa automáticamente que todo le corresponda a usted. Hay que separar bienes previos, ingresos matrimoniales, aportaciones y cualquier acuerdo válido.

Asentí.

Eso quería.

Hechos.

No fantasías de venganza.

Entonces apareció Lin Yuwei en el despacho.

Sin Gu Ye.

Ya no sonreía.

—Necesito hablar con Bai Ran.

Mi abogada permaneció presente.

Yuwei dejó una memoria USB sobre la mesa.

—Gu Ye cree que estoy de su lado.

—¿No lo estás?

—Estaba.

Me miró directamente.

—Hasta que descubrí que también me había mentido.

Dentro había correos antiguos.

En uno, fechado dos meses antes de mi boda, Gu Ye escribía a un asesor financiero:

“Bai Ran posee una vivienda libre de cargas. Después del matrimonio será más difícil convencerla de venderla. Necesito que la operación quede resuelta antes de que empiece a preguntar por mis activos.”

Sentí náuseas.

—¿De dónde sacaste esto?

—De su cuenta antigua.

Había otro mensaje.

Esta vez entre Gu Ye y Lin Yuwei.

Ella le preguntaba:

“¿De verdad vas a casarte con ella?”

Gu Ye respondía:

“Necesito tiempo. Cuando la empresa esté estable, resolveré el matrimonio.”

Levanté la vista.

—Tú sabías.

Yuwei no intentó negarlo.

—Sabía que te ocultaba dinero. No sabía lo de tu casa hasta después.

No confiaba en ella.

Pero tampoco necesitaba hacerlo.

Los documentos podían verificarse independientemente.

—¿Por qué me ayudas ahora?

Yuwei apretó los labios.

—Porque ayer Gu Ye intentó hacerme firmar exactamente lo mismo que a ti.

Sacó otra carpeta.

Una declaración preparada años atrás.

En ella, Yuwei debía reconocer que jamás había tenido derechos económicos sobre la empresa.

Dos mujeres.

Dos versiones distintas de Gu Ye.

El mismo método.

Entonces mi abogada abrió el último archivo de la memoria USB.

Era una hoja de cálculo titulada:

PLAN DE CAPITAL — FASE 1.

Había varias fechas, cantidades y nombres.

El mío aparecía junto a la venta de mi casa.

El de Lin Yuwei junto a una inversión realizada por su familia.

Pero había un tercer nombre.

Lo reconocí inmediatamente.

Mi padre.

El hombre que había muerto cuatro años antes de mi boda.

Y junto a su nombre aparecía una transferencia realizada a Gu Ye apenas tres semanas antes de que él me conociera.

Related Posts

PARTE 2: LA GRABACIÓN

—Sí —respondí—. Guarda audio y video. Mi madrastra dejó de gritar. El ayudante lo notó. —¿Dónde se almacenan las grabaciones? Saqué mi teléfono con las manos temblorosas….

PARTE 2: LOS DIECINUEVE MINUTOS

La respuesta llegó a las dos y trece de la madrugada. No de la policía. De un estudiante. Yo seguía sentado junto a Lily cuando una enfermera…

PARTE 2: EL HOMBRE DE LA CAMIONETA

El hombre detrás del volante tendría unos sesenta años. Cabello gris. Abrigo oscuro. Y unos ojos que reconocí inmediatamente. —¿Señor Whitmore? Thomas Whitmore había sido abogado de…

PARTE 2: UN MES

A la mañana siguiente, Alexander regresó a las seis. Yo ya estaba desayunando. Dejó las llaves sobre la mesa y me observó. —¿No vas a preguntar dónde…

PARTE 2: LO QUE VIO VIOLETA

Clara sintió que las piernas dejaban de sostenerla. Violeta no era hija suya. Era la hija de Gabriel de una relación anterior, una niña a la que…

PARTE 2: LA INVITADA DE HONOR

—Señora, hemos estado esperando. Durante un segundo, nadie se movió. Me puse de pie y devolví el saludo. La sonrisa de Ryan desapareció. Mi madre susurró: —¿Señora?…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *