Las cámaras de seguridad mostraban a Ethan de pie frente a la entrada principal.
No estaba solo.
A su lado permanecía Selena, con el bebé dormido en brazos.
Detrás de ellos había tres maletas.
Parecían una familia llegando a su nuevo hogar.
Solo que aquella casa era la mía.
—Señorita Clara —dijo el jefe de seguridad por el intercomunicador—. ¿Desea que los retiremos?
Observé la pantalla durante unos segundos.
Ethan parecía agotado.
Su corbata estaba deshecha y el traje, impecable esa mañana, ahora tenía manchas de lluvia.
—Déjenlos entrar al salón de visitas.
Cinco minutos después entré acompañada por mi padre y nuestro abogado.
Ethan dio un paso hacia mí.
—Clara…
Levanté una mano.
—Solo tienes cinco minutos.
Selena bajó inmediatamente la cabeza.
No tenía la actitud desafiante de aquella mañana.
Parecía nerviosa.
Muy nerviosa.
Ethan respiró hondo.
—Todo salió mal.
—No. Todo salió exactamente como tú lo planeaste.
El silencio llenó la habitación.
Mi padre permanecía sentado sin intervenir.
Solo observaba.
Ethan continuó.
—La junta directiva se volvió contra mí apenas se anunció la suspensión de la inversión Hastings.
Nuestro abogado sonrió apenas.
—Era previsible.
La empresa Hawthorne dependía de ese capital para cerrar la adquisición más importante del año.
Sin él, los bancos congelaron inmediatamente la financiación.
Ethan cerró los ojos.
—Lo sé.
Lo miré con absoluta tranquilidad.
—¿Y eso tiene relación conmigo?
Él tardó varios segundos en responder.
—Necesito que vuelvas.
Mi padre soltó una breve risa.
—¿Como esposa… o como inversionista?
Ethan no contestó.
Y ese silencio respondió por él.
Fue entonces cuando Selena habló por primera vez.
—Señorita Hastings…
Su voz temblaba.
—Yo no sabía que ustedes seguían comprometidos.
Ethan giró bruscamente hacia ella.
—Selena…
Ella continuó hablando.
—Me dijo que el compromiso era únicamente un acuerdo empresarial… que llevaban separados más de un año.
Sentí que mi padre tensaba la mandíbula.
Selena levantó lentamente una carpeta.
—Hoy descubrí toda la verdad.
La dejó sobre la mesa.
Dentro había fotografías.
Mensajes.
Correos electrónicos.
Todos enviados por Ethan.
Promesas de matrimonio.
Promesas de divorcio.
Promesas de una nueva vida.
Las fechas se superponían perfectamente con las mismas promesas que él me hacía a mí.
Ethan intentó recoger la carpeta.
—No sigas.
Ella retiró la mano.
—Ya basta de mentiras.
Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro.
—Yo también fui engañada.
Miré al pequeño que dormía ajeno al desastre provocado por los adultos.
Suspiré lentamente.
—El niño no tiene la culpa.
Selena asintió en silencio.
—Nunca la tuvo.
Entonces ocurrió algo que Ethan no esperaba.
Selena se quitó el anillo que él le había regalado.
Lo dejó sobre la mesa.
—Me voy.
Él dio un paso desesperado.
—¿Qué estás haciendo?
—Lo correcto.
Levantó al bebé con cuidado.
—No voy a seguir siendo parte de tus mentiras.
Abandonó la mansión sin volver la vista atrás.
La puerta se cerró.
Ahora Ethan estaba completamente solo.
Me observó durante unos largos segundos.
—Podemos empezar de nuevo.
Negué lentamente.
—No.
—Clara…
—La mujer que iba a casarse contigo murió esta mañana frente al hotel.
Su rostro se descompuso.
Mi padre se puso de pie.
—La reunión terminó.
Dos agentes de seguridad avanzaron discretamente.
Pero antes de que pudieran acompañarlo a la salida, sonó el teléfono de nuestro abogado.
Contestó.
Escuchó apenas unos segundos.
Después levantó la vista hacia Ethan.
—Parece que tiene otro problema.
Ethan frunció el ceño.
—¿Qué ocurre?
El abogado cerró lentamente la carpeta.
—La Autoridad Financiera acaba de ordenar una investigación urgente sobre las cuentas del Grupo Hawthorne.
Mi padre arqueó una ceja.
—¿El motivo?
El abogado respondió con absoluta calma.
—Alguien presentó pruebas de que parte del dinero utilizado para mantener la vida de Selena y del niño salió de fondos corporativos destinados a los inversionistas.
Ethan quedó inmóvil.
Porque solo existían dos personas que podían haber entregado esos documentos.
Yo…

o alguien mucho más cercano a él.
Y, por la expresión de auténtico pánico que apareció en su rostro, comprendí que acababa de descubrir quién realmente había decidido destruir su imperio desde dentro.