Durante los siguientes dos días no discutí con Kevin.
Al contrario.
Cada vez que mencionaba dinero, sonreía.
Eso lo volvió más ambicioso.
—Quizá debería pedir otros dos millones —dijo durante la cena—. Lily necesitará un coche cuando estudie fuera.
—Hazlo.
Kevin parecía encantado.
Mientras tanto, yo fui al Registro Civil.
La funcionaria revisó el sistema y confirmó exactamente lo que esperaba.
—Su inscripción matrimonial nunca se completó.
—Entonces legalmente…
—Ustedes no están casados.
Pedí un certificado que lo acreditara.
Después llamé al banco.
El préstamo de ocho millones estaba exclusivamente a nombre de Kevin. Mi firma no aparecía en ninguna parte y ninguna propiedad mía figuraba como garantía.
Sonreí.
Aquella deuda era suya.
Toda suya.
Esa misma tarde cambié las cerraduras de mi casa y dejé sus pertenencias con el guardia del edificio.
Kevin llegó furioso.
—¡Sofía! ¡Abre inmediatamente!
Abrí únicamente la puerta interior de seguridad.
—¿Qué pasa?
—¡Soy tu marido!
Saqué el documento.
—No.
Se quedó quieto.
—¿Qué significa eso?
—El sistema falló aquella mañana. Nuestra inscripción nunca terminó.
Su rostro perdió el color.
—Pero nosotros firmamos…
—Documentos preliminares. Nunca recibimos certificado matrimonial.
Su madre apareció detrás.
—¡Eso se arregla mañana!
Me reí.
—¿Quién dijo que quiero arreglarlo?
Kevin comprendió finalmente.
—¿Y el préstamo?
—Tu préstamo.
—¡Lo pedí después de casarnos!
—Nunca nos casamos.
Lily comenzó a gritar desde el pasillo.
—¡Pero el dinero ya está en mi cuenta!
—Entonces devuélveselo a tu hermano.
Se hizo un silencio maravilloso.
Kevin golpeó la puerta.
—¡Tú dijiste que podía pedir más préstamos!
—Sí. Nunca dije que los pagaría.
Su madre casi perdió la voz.
—¡Nos engañaste!
La miré.
—Dos horas después de creer que me había casado con su hijo, ustedes ya habían repartido mi salario y la pensión de mis padres durante veinte años. ¿Y ahora quieren hablarme de engaños?
Kevin cambió inmediatamente de estrategia.
—Sofía, escucha. Podemos registrarnos mañana. Olvidemos todo.
—No.
—¡Pero llevamos tres años juntos!
—Precisamente. Me tomó tres años descubrir por qué preguntaste cuánto ganaban mis padres en nuestra primera cita.
Cerré la puerta.
El desastre comenzó después.
Lily ya había gastado parte del dinero en depósitos, matrículas y compras. Kevin seguía siendo responsable frente al banco.
La familia Zhao intentó presionarme.
No funcionó.
Mi casa estaba únicamente a mi nombre.
Mis cuentas eran independientes.
Y no existía matrimonio alguno que pudieran utilizar para vincularme a aquella deuda.
Semanas después Kevin me envió un último mensaje:
«¿De verdad vas a dejarme solo con ocho millones de deuda?»
Respondí:
«No te dejé con ella. Tú la pediste».
Después lo bloqueé.
Nunca regresé al Registro Civil con él.
A veces pienso en aquella impresora averiada y en el sistema que dejó de funcionar justo aquella mañana.
Kevin creyó que había sido mala suerte.
Para mí terminó siendo la mejor casualidad de mi vida.
Porque dos horas después de nuestra supuesta boda, mi “marido” me enseñó exactamente cómo sería nuestro matrimonio.
Y tuve la enorme fortuna de descubrirlo antes de convertirme realmente en su esposa.