PARTE 2: LYDIA SABÍA DÓNDE ESTABA.

El vuelo de regreso fue insoportable.

Al aterrizar, los policías no me llevaron a casa.

Me llevaron directamente a declarar.

Allí descubrí la primera contradicción.

Lydia había denunciado la desaparición de Ethan a las once de la mañana.

Pero su llamada conmigo había ocurrido varias horas después.

—Entonces ya había denunciado que estaba desaparecido cuando le dijo que estaba hospitalizado —señaló el investigador.

—Exactamente.

Le entregué mi teléfono.

La llamada estaba registrada.

También conservaba un mensaje de voz que Lydia había dejado después de que la bloqueé:

“Maya, deja de ser egoísta. Ethan necesita que vuelvas antes de que todo empeore.”

El investigador reprodujo aquella frase dos veces.

—¿Antes de que qué empeore?

—No tengo idea.

Esa misma tarde localizaron el automóvil de Ethan.

No estaba abandonado.

Había sido estacionado normalmente en una clínica privada a cuarenta minutos de la ciudad.

Y Ethan estaba allí.

Vivo.

Consciente.

No daré detalles sobre su estado médico porque nunca llegué a conocerlos completamente.

Lo importante era otra cosa:

Lydia sabía dónde estaba.

Había participado en su ingreso.

Sin embargo, después había presentado una denuncia asegurando que desconocía su paradero.

¿Por qué?

La respuesta apareció cuando los investigadores reconstruyeron las horas anteriores a la boda.

Claire, la mujer con quien Ethan pensaba casarse, había recibido aquella mañana varios mensajes enviados desde el teléfono de Lydia.

Decían que Ethan había huido porque todavía estaba enamorado de mí.

Claire canceló el banquete.

Su familia exigió explicaciones.

Mientras tanto, Lydia intentaba hacerme regresar urgentemente.

Cuando finalmente pude hablar con Ethan, estaba furioso.

—¿Por qué no volviste cuando mamá llamó?

Lo miré incrédula.

—Porque dejé de ser tu esposa ayer.

—Mamá pensó que tú podrías convencerme.

Entonces entendí.

—¿Convencerte de qué?

Ethan guardó silencio.

Su nueva boda no había fracasado porque él desapareciera misteriosamente.

Había sufrido una crisis antes de la ceremonia y había decidido que no quería seguir adelante con Claire.

Pero no tuvo valor para enfrentar a treinta y cinco mesas de invitados.

Lydia creó una desaparición.

Después intentó traerme de regreso para que yo hiciera lo que había hecho durante cinco años:

resolver las consecuencias de las decisiones de su hijo.

Me levanté.

—Explícaselo tú a Claire.

—Maya…

—Y a la policía.

Lydia me esperaba fuera.

—¡Somos familia!

Me detuve.

—No.

Saqué del bolso mi certificado de divorcio.

—Ayer se aseguraron legalmente de que dejáramos de serlo.

Me marché.

La policía siguió aclarando por qué se había presentado información contradictoria y cualquier responsabilidad que pudiera derivarse de ello.

Yo regresé al aeropuerto.

Dos días después estaba nuevamente frente al mar.

Esta vez apagué el teléfono.

LYDIA QUERÍA QUE VOLVIERA A CUIDAR AL HOMBRE QUE ACABABA DE DIVORCIARSE DE MÍ; LO QUE NO ENTENDIÓ FUE QUE EL SELLO DEL DIVORCIO NO SOLO HABÍA TERMINADO MI MATRIMONIO, TAMBIÉN HABÍA TERMINADO MI TRABAJO COMO SOLUCIONADORA OFICIAL DE TODA SU FAMILIA.

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