PARTE 2: LOS GUANTES ESTÁN FUERA

Mauricio dio dos pasos hacia la puerta.

Por primera vez desde que Elena lo conocía, parecía realmente asustado.

—No saques conclusiones por un mensaje.

Ella levantó el teléfono.

—¿Un mensaje?

Lo reprodujo en voz alta.

“¿Ya la hiciste entregarte las claves? Tu hermano tiene listo el crédito con garantía del departamento.”

El silencio fue absoluto.

Mauricio intentó sonreír.

—Mi mamá solo estaba bromeando.

Elena dejó el celular sobre la barra.

—Entonces llámala.

—¿Qué?

—Pon el altavoz.

Él no se movió.

—¿No era una broma?

Su mano empezó a sudar alrededor del teléfono.

Finalmente marcó.

La llamada fue contestada casi de inmediato.

—¿Sí, hijo? ¿Ya firmó la muchacha?

Elena cruzó los brazos.

Mauricio cerró los ojos.

—Mamá…

La mujer siguió hablando sin sospechar que estaba en altavoz.

—No tardes mucho. El notario dijo que si consiguen la firma esta semana podremos pedir el préstamo y pagar las deudas de tu hermano.

Nadie respiró.

—Esa mujer ni se va a enterar. Tú solo dile que son papeles del banco.

Elena sonrió lentamente.

—Buenas noches, señora Teresa.

Del otro lado hubo un silencio brutal.

—…¿Elena?

—La misma.

La llamada se cortó.


Mauricio intentó acercarse.

—Escúchame…

—No.

Ella caminó hasta el estudio.

Abrió una caja fuerte empotrada detrás de un cuadro.

Sacó otra carpeta.

La dejó sobre la mesa.

—¿Sabes qué contiene esto?

Él negó con la cabeza.

—El expediente completo del departamento.

Escrituras.

Avalúos.

Historial registral.

Y una cláusula muy interesante.

Abrió la última hoja.

—Esta propiedad no puede utilizarse como garantía sin mi presencia física, mi firma biométrica y una videoconfirmación notarial.

Mauricio sintió que el rostro se le vaciaba de color.

—¿Qué…?

—Sí.

Cualquier intento de falsificar mi autorización activa automáticamente una alerta en el Registro Público.

Ella dio vuelta a otra página.

—Y además…

Mi abogada recibe una notificación inmediata.

Mauricio comenzó a comprender que el plan nunca había sido viable.

—Mi hermano dijo…

—Tu hermano es un estafador.

Elena lo interrumpió con absoluta tranquilidad.

—Y ustedes pensaron que yo era una mujer ingenua.


El teléfono de Elena vibró.

Era un mensaje.

Claudia Ramírez.

Su abogada.

“¿Todo bien? Acaba de llegar una solicitud para consultar el expediente de tu departamento.”

Elena respondió inmediatamente.

“Sí. Activa el protocolo.”

Tres segundos después recibió otra respuesta.

“Hecho.”

Mauricio frunció el ceño.

—¿Qué protocolo?

Ella lo miró directamente.

—El que preparé hace cuatro años.

—¿Para qué?

—Para el caso de que alguien intentara robarme mi patrimonio.

Él tragó saliva.

—No puedes hablar en serio.

Ella soltó una pequeña risa.

—Mauricio…

Trabajo precisamente auditando fraudes patrimoniales.

Llevo diez años descubriendo personas que intentan quedarse con propiedades ajenas.

¿De verdad creíste que no protegería la mía?


En ese instante sonó el timbre.

Mauricio abrió los ojos.

—¿Quién es?

Elena miró la hora.

—Justo a tiempo.

Abrió la puerta.

Entraron dos agentes de la Policía de Investigación acompañados por una mujer de traje.

La mujer mostró una credencial.

—Licenciada Claudia Ramírez.

Representante legal de la señora Elena Robles.

Los policías se dirigieron directamente a Mauricio.

—Señor Salgado…

Necesitamos hacerle algunas preguntas relacionadas con un intento de fraude inmobiliario y falsificación documental.

Mauricio retrocedió.

—¡No hice nada!

Uno de los agentes levantó una carpeta.

—Su hermano ya declaró.

El silencio cayó como un martillo.

—¿Qué…?

—Fue detenido hace una hora cuando intentaba presentar documentación falsa para solicitar un crédito hipotecario.

El agente pasó la primera hoja.

—También entregó todas las conversaciones del grupo familiar.

Elena observó cómo Mauricio comenzaba a temblar.

El policía siguió hablando.

—Según esas conversaciones…

El matrimonio con la señora Robles fue planeado hace más de ocho meses para obtener acceso a este inmueble.

Los ojos de Mauricio se llenaron de terror.

Porque entendió que su propio hermano…

Acababa de entregarlos a todos.

Y aquella boda que había preparado para quedarse con una fortuna…

Estaba a punto de convertirse en la prueba principal de una conspiración criminal.

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