Cuatro horas después, Lucía salió del quirófano.
Valeria seguía grave, pero estaba viva. El equipo de Obstetricia continuaba vigilando cuidadosamente el embarazo.
Lucía apenas tuvo tiempo de quitarse los guantes cuando Teresa corrió hacia ella.
—¿Y Marcus?
—El equipo de trauma terminó su intervención hace veinte minutos. Está estable.
Teresa soltó el aire.
Entonces miró hacia el quirófano de Valeria.
—¿Quién es esa mujer?
Lucía permaneció en silencio.
Teresa insistió:
—Llegó con mi hijo.
—Pregúntaselo cuando despierte.
Algo en su tono hizo que Teresa palideciera.
—Lucía…
—Llevo tres semanas sabiendo lo de Valeria.
La mujer abrió la boca.
Lucía continuó caminando.
A las siete de la mañana, Marcus recuperó parcialmente la conciencia.
Cuando vio a Lucía junto a su cama, intentó incorporarse.
—Lucía…
—No te muevas.
—Puedo explicarlo.
—No estoy aquí como tu esposa.
Aquellas palabras parecieron afectarlo más que el dolor.
—¿Valeria?
Lucía lo miró.
Su primera pregunta no había sido por Daniela.
Ni por ella.
—Está siendo atendida.
Marcus cerró los ojos, aliviado.
Lucía sacó un sobre de su bolso.
—Hace tres semanas encontré los mensajes.
Marcus volvió a abrirlos.
—¿Qué mensajes?
—Los suficientes.
La habitación quedó en silencio.
—No te enfrenté porque quería saber hasta dónde llegaba esto.
—Lucía, escucha…
—Lo hice.
Sacó varios documentos.
—Durante tres semanas.
Había contratado a una abogada y revisado las cuentas compartidas.
El resultado había sido peor que la infidelidad.
Marcus había transferido más de ciento ochenta mil euros durante el último año a una empresa llamada VC Consulting.
El alquiler de Valeria.
Su automóvil.
Viajes.
Facturas privadas.
Todo había salido, parcialmente, de fondos familiares.
—Por eso firmé la separación patrimonial y solicité medidas para proteger mis bienes personales —dijo Lucía—. Tres semanas atrás.
Marcus se quedó inmóvil.
—No puedes hacer eso sin mí.
—No necesito tu permiso para iniciar un divorcio.
Entonces entró Teresa.
Había escuchado lo suficiente.
—¿Divorcio?
Marcus apretó los dientes.
—Mamá, sal.
Pero Teresa miraba los papeles.
—¿Qué significa “fondos familiares”?
Lucía sostuvo su mirada.
—Pregúntale a tu hijo qué hizo con el dinero de la venta del apartamento de Daniela.
Teresa perdió el color.
Aquel apartamento había sido comprado años atrás por el abuelo de Daniela para asegurarle un patrimonio futuro.
Marcus habló demasiado rápido.
—Fue una inversión temporal.
—No —respondió Lucía—. Lo vendiste mediante un poder que yo jamás firmé.
Teresa se apoyó contra la pared.
—Marcus…
Él no respondió.
Lucía sacó una copia.
Su firma aparecía perfectamente imitada.
Pero había otra sorpresa.
El notario que supuestamente había certificado el documento negó haberla visto jamás.
—Mi abogada presentó la denuncia ayer —dijo Lucía.
Marcus la miró con auténtico miedo.
—¿Ayer?
—Por eso esos documentos iban a cambiarlo todo aunque esta noche nunca hubiera ocurrido.
En ese momento llamaron a la puerta.
Era Javier.
—Lucía, necesito hablar contigo.
Salieron al pasillo.
—Valeria despertó unos minutos.
—¿Está estable?
—Por ahora.
Javier vaciló.
—Preguntó por Marcus. Después dijo algo extraño.
—¿Qué?
—Dijo que él no es el padre del bebé.
Lucía permaneció inmóvil.
—Entonces ¿quién?
—No quiso decírmelo. Solo pidió hablar contigo.
Minutos después, Lucía entró en la habitación de Valeria.
La joven estaba débil.
Cuando la vio, comenzó a llorar.
—Doctora… yo sabía quién era usted.
Lucía no respondió.
Valeria continuó:
—Marcus me pagaba para fingir que el bebé era suyo.
Aquello no tenía sentido.
—¿Por qué?
Valeria miró hacia la puerta antes de contestar.
—Porque necesitaba justificar dónde estaba enviando el dinero.
Lucía sintió frío.
—¿Los ciento ochenta mil?
Valeria negó lentamente.
—Eso es solo lo que usted encontró.
Luego susurró:
—Revise las cuentas del hospital.
Lucía frunció el ceño.
—¿Qué tiene que ver este hospital?
Valeria cerró los ojos.
—VC no significa Valeria Cruz.
Abrió nuevamente los ojos.
—Significa Victor Salgado y Compañía.
Victor.
El padre de Marcus.

El hombre al que toda la familia había enterrado doce años atrás.
Valeria apretó débilmente la mano de Lucía.
—Su suegro está vivo.
Y entonces añadió:
—Y Marcus venía esta noche a reunirse con él.