PARTE 2: LOS DIEZ MINUTOS QUE DESTRUYERON EL IMPERIO DE MI MARIDO

Julian no aplaudió cuando subí al escenario.

No podía.

Se había quedado inmóvil, mirando alternativamente a Malcolm y a mí como si esperara que alguien explicara la broma.

Tomé el micrófono.

—Gracias. Northstar no compró Aurelia para destruirla. La compró porque ochocientas familias dependen de que esta empresa sobreviva.

Vi cómo Julian recuperaba lentamente el color.

Probablemente pensó que aquello podía beneficiarlo.

Hasta sonrió.

Entonces añadí:

—Pero salvar una empresa también significa descubrir quién la estaba hundiendo.

La sonrisa desapareció.

El contador forense subió al escenario con una carpeta.

Durante seis semanas habíamos revisado contratos, facturas infladas y pagos a proveedores aprobados desde el departamento de estrategia.

Varias empresas conducían al mismo lugar.

Una sociedad controlada por el hermano de Camilla.

Ella retrocedió.

—Julian —susurró—, tú dijiste que eso estaba solucionado.

El salón quedó completamente en silencio.

Mi marido la fulminó con la mirada.

Demasiado tarde.

Malcolm pidió a seguridad que cerrara las salidas mientras el abogado general anunciaba que la documentación sería entregada a las autoridades correspondientes.

Julian caminó hacia el escenario.

—Audrey, tenemos que hablar.

—No.

—Soy tu marido.

Lo miré.

—Curioso. Hace diez minutos yo solo era una “esposa decorativa”.

Algunos empleados bajaron la mirada para ocultar sus reacciones.

Julian apretó los dientes.

—Todo esto puede explicarse.

—Entonces explícaselo a los investigadores.

Camilla intentó marcharse discretamente.

—Señorita Price —la detuvo Malcolm—. Necesitamos su tarjeta corporativa y su identificación antes de que abandone el edificio.

Ella palideció.

Julian me miró como nunca lo había hecho durante nuestro matrimonio.

No con desprecio.

Con miedo.

—¿Desde cuándo eres dueña de Northstar?

—Desde que murió mi madre.

—¿Y nunca me lo dijiste?

Casi me hizo gracia.

—Nunca preguntaste.

Durante años, Julian había considerado mis reuniones aburridas, mi trabajo irrelevante y mi familia poco interesante.

Él no había sido engañado.

Simplemente nunca se había molestado en conocerme.

Me quité la alianza.

La dejé sobre el atril.

—Mañana recibirás los documentos del divorcio.

Su rostro se descompuso.

—Audrey, espera.

Pero ya había terminado de esperar.

Tres meses después, Julian seguía bajo investigación y había perdido su puesto. Camilla también salió de Aurelia.

Yo conservé la empresa.

No para vengarme.

La reestructuramos, protegimos los empleos y recuperamos contratos que Julian había puesto en peligro.

La última vez que lo vi fue durante una reunión con abogados.

Miró mi hombro, exactamente donde me había golpeado aquella noche.

—Nunca imaginé que fueras capaz de hacerme esto.

Cerré mi carpeta.

—Ese siempre fue tu problema, Julian.

Me levanté.

—Nunca imaginaste que yo fuera capaz de nada.

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