PARTE 2: Las primeras palabras de Matteo

—Otra vez.

La voz de Matteo fue apenas un susurro.

Pero la escuché.

Clara también.

Mi hijo acababa de pronunciar sus primeras palabras en catorce meses.

Clara no lloró.

No lo abrazó.

Simplemente volvió a colocar las manos sobre su pierna.

—¿Otra vez?

Matteo asintió.

—Otra vez.

Tuve que apartarme del monitor.

Yo había gastado fortunas en médicos, terapeutas y especialistas.

Y aquella mujer había conseguido en cuatro días algo que ninguno de nosotros había logrado.

Que Matteo quisiera intentarlo.

Durante las siguientes semanas ocurrió algo que casi había olvidado que era posible.

Mi hijo empezó a vivir.

Primero fueron palabras.

Después conversaciones.

Luego risas.

Una tarde encontré harina en toda la cocina porque Clara había decidido enseñarle a preparar pizza.

Otra mañana Matteo exigió desayunar en la terraza.

La mansión dejó de parecer un mausoleo.

Y eso empezó a asustarme.

Porque cuanto más confiaba Matteo en Clara, más necesitaba saber quién era realmente.

Dominic investigó su pasado.

Una noche entró en mi despacho y dejó una carpeta frente a mí.

—Tenemos un problema.

La abrí.

Clara Hayes no había mentido sobre sus empleos.

Pero había ocultado algo.

Cinco años antes había trabajado como auxiliar en St. Matthew Rehabilitation Center.

El mismo hospital donde Matteo pasó tres meses después del atentado.

—¿Conocía a mi hijo?

—No encontramos registros de que lo atendiera directamente.

—¿Entonces por qué ocultarlo?

Dominic señaló otra página.

Sentí que la sangre se me enfriaba.

Clara tenía un hermano.

Ethan Hayes.

Había muerto catorce meses atrás.

La misma noche que mi esposa.

—¿Cómo murió?

Dominic tardó demasiado en responder.

—En la explosión.

Levanté la mirada.

—¿Qué?

—Ethan estaba a menos de cincuenta metros de tu vehículo.

Cerré la carpeta.

De repente, la llegada de Clara ya no parecía casualidad.

—¿Ella sabía quiénes éramos?

—Casi seguro.

Aquella noche volví a observar las cámaras.

A las 2:17 de la madrugada, Matteo despertó gritando.

Clara corrió hacia él.

Mi hijo estaba temblando.

—El coche —murmuró—. Mamá estaba gritando.

Clara lo abrazó.

—Estás aquí. Estás seguro.

Matteo enterró el rostro contra ella.

Después dijo:

—Yo vi al hombre.

Me incorporé.

Clara quedó inmóvil.

—¿Qué hombre?

—El que puso la bolsa debajo del coche.

Dejé de respirar.

Matteo nunca había dicho que hubiera visto al atacante.

Clara cerró la puerta del dormitorio.

Luego caminó directamente hacia la cámara oculta.

La miró.

Y durante un segundo tuve la absurda sensación de que me estaba mirando a mí.

Entonces cubrió el objetivo con una toalla.

La pantalla quedó negra.

Me levanté inmediatamente.

Dominic entró detrás de mí.

—Vincent, espera.

No lo hice.

Subí las escaleras y abrí la puerta del dormitorio de Matteo.

Clara estaba arrodillada junto a su silla.

—Aléjate de mi hijo.

Matteo gritó:

—¡Papá, no!

Clara se puso de pie.

—Sabía que terminarías descubriéndolo.

—¿Descubrir qué?

Saqué la fotografía de Ethan.

—Tu hermano murió junto a mi esposa.

Su rostro perdió el color.

—Sí.

—¿Por eso viniste aquí?

—En parte.

Metí la mano dentro de mi chaqueta.

No saqué el arma.

Pero Clara entendió perfectamente la advertencia.

—Dime la verdad.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Ethan me llamó cuarenta minutos antes de la explosión.

Sentí que el pecho se me cerraba.

—¿Qué te dijo?

—Que había descubierto quién quería matarte.

Silencio.

Clara abrió su viejo bolso.

Dominic avanzó inmediatamente.

—Despacio.

Ella sacó un teléfono antiguo.

—Ethan dejó esto en mi apartamento aquella mañana.

Me lo entregó.

—Pasé catorce meses intentando desbloquearlo.

Miré la pantalla.

—¿Y lo conseguiste?

—Hace tres semanas.

Tres semanas.

Justo antes de solicitar trabajo en mi casa.

—¿Qué encontraste?

Clara miró a Matteo.

—La razón por la que vine.

Abrió un archivo de audio.

La voz de Ethan llenó la habitación.

“Si me ocurre algo, Vincent Rossi tiene que saber que el ataque no viene de fuera.”

Mi cuerpo se tensó.

“Alguien dentro de su propia organización entregó la ruta del vehículo.”

Dominic dejó de respirar detrás de mí.

La grabación continuó.

“También cambiaron el coche que debía utilizar su esposa esa mañana.”

Miré a Clara.

—¿Quién?

—Escucha.

La voz de Ethan regresó.

“Conseguí una copia de la autorización. Solo hay dos personas con suficiente nivel de seguridad para aprobar ese cambio.”

Una era yo.

La otra…

La grabación se cortó.

—¿Dónde está el resto? —exigí.

—El archivo está dañado.

Entonces Matteo habló detrás de nosotros.

—Yo sé quién era.

Todos nos giramos.

Mi hijo estaba pálido.

—Matteo…

—Vi su cara antes de la explosión.

Me arrodillé frente a él.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Porque después vino al hospital.

Sentí un escalofrío.

—¿Quién?

Matteo levantó lentamente una mano.

Y señaló detrás de mí.

Directamente hacia Dominic.

—Él.

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