PARTE 2: Las Cuarenta Y Siete Cartas

La oficina estaba completamente vacía cuando Nicholas llegó.

Eran las 11:48 de la noche de Navidad.

Subió al último piso con su tarjeta de acceso.

Por primera vez en ocho años, entró por la puerta principal en lugar del acceso del personal de mantenimiento.

La recepcionista nocturna se puso de pie inmediatamente.

—Buenas noches, señor Carter.

Nicholas asintió.

—¿Sigue aquí el director de Recursos Humanos?

—Sí, señor.

Cinco minutos después, Daniel Foster, director de Recursos Humanos, entró al despacho con expresión preocupada.

—¿Ocurrió algo?

Nicholas dejó sobre el escritorio los papeles del divorcio.

Luego colocó otra carpeta mucho más gruesa.

—Quiero revisar todas las contrataciones realizadas por recomendación de Frank Sullivan.

Daniel abrió la carpeta.

No necesitó leer demasiado.

Sabía exactamente de qué estaba hablando.

Durante años había advertido discretamente sobre el nepotismo.

Pero el propietario siempre respondía igual.

“Déjalo pasar.”

Aquella noche fue diferente.

—¿Está seguro?

Nicholas respiró profundamente.

Pensó en Mackenzie temblando bajo la nieve.

Pensó en las risas detrás de la ventana.

Pensó en el “perdedor”.

—Nunca he estado más seguro.


Durante las siguientes cuarenta y ocho horas, auditoría y Recursos Humanos trabajaron sin descanso.

Contratos.

Evaluaciones.

Ausencias.

Falsificación de horarios.

Bonificaciones injustificadas.

Descubrieron algo peor de lo esperado.

Muchos de los familiares de Isabella apenas trabajaban.

Algunos cobraban salarios ejecutivos ocupando puestos para los que ni siquiera estaban capacitados.

Otros ni siquiera cumplían el horario completo.

Daniel cerró el último expediente.

—Son cuarenta y siete casos.

Nicholas firmó una sola autorización.

—Procedan.


Tres días después, la familia Sullivan organizó otra reunión.

Seguían celebrando el divorcio.

Frank levantó una copa.

—Por fin Isabella dejó atrás ese error.

Las risas llenaron el comedor.

En ese momento comenzaron a vibrar varios teléfonos.

Uno.

Luego otro.

Después cinco más.

Susan abrió primero el suyo.

Su sonrisa desapareció.

—¿Qué…?

Frank revisó el correo electrónico corporativo.

Su rostro perdió todo el color.

Asunto:

Notificación Oficial de Terminación Laboral.

Los hermanos de Isabella comenzaron a abrir los sobres que acababan de entregar los mensajeros.

Todos contenían la misma carta.

El mismo membrete.

La misma firma.

Cuarenta y siete despidos.

La habitación quedó completamente en silencio.

Isabella fue la primera en hablar.

—Debe ser un error.

Frank tomó el teléfono inmediatamente.

—Llamaré al dueño.

Marcó directamente al presidente ejecutivo.

La secretaria respondió con profesionalidad.

—Oficina del señor Nicholas Carter.

Frank frunció el ceño.

—Necesito hablar con el propietario.

—Está hablando del propietario.

El hombre sintió un escalofrío.

—No… quiero hablar con el verdadero dueño.

La secretaria guardó silencio apenas un segundo.

—El señor Nicholas Carter es fundador, presidente y propietario único de Apex Property Solutions.

El teléfono resbaló lentamente de la mano de Frank.

Nadie se movió.

Nadie respiró.

Todos comenzaron a recordar.

Las botas de trabajo.

La camioneta vieja.

Los jeans gastados.

Las bromas.

Los insultos.

El “manitas quebrado”.

Todo había sido dirigido contra el hombre que firmaba cada una de sus nóminas.

Isabella salió corriendo de la casa.

Condujo directamente hasta la sede corporativa.

Exigió verlo.

La secretaria la observó con cortesía.

—¿Tiene cita?

—Soy su esposa.

La mujer consultó la pantalla.

Luego levantó la vista.

—Según nuestros registros…

Hizo una breve pausa.

—Usted es la señora que solicitó el divorcio hace tres días.

En ese momento se abrieron las puertas del ascensor privado.

Nicholas apareció acompañado por el director jurídico y el consejo ejecutivo.

No llevaba jeans.

Ni botas.

Vestía un traje oscuro impecable.

Los empleados se pusieron de pie al verlo pasar.

Isabella sintió que las piernas le fallaban.

Pero lo que terminó de destruir todas sus certezas fue escuchar a uno de los consejeros decir:

—Señor Carter, la auditoría terminó. Además de los cuarenta y siete despidos, encontramos evidencia de un fraude interno que involucra directamente a varios miembros de la familia Sullivan.

Nicholas no respondió de inmediato.

Solo miró a Isabella por unos segundos.

Y comprendió que perder el empleo era apenas el comienzo de todo lo que su familia estaba a punto de enfrentar.

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