PARTE 2: LAS CENIZAS DESAPARECIERON… Y CON ELLAS TERMINÓ SU MATRIMONIO

Mariana no se movió.

El sonido de la descarga todavía retumbaba en el baño.

Doña Rosario permanecía inconsciente sobre el piso.

La urna vacía seguía en las manos de doña Elvira.

Como si acabara de tirar cualquier objeto sin importancia.

Rodrigo soltó por fin el brazo de su esposa.

—Ya pasó.

No hagas más grande el asunto.

Mariana giró lentamente la cabeza.

Lo miró como si fuera la primera vez que veía su rostro.

—¿”Ya pasó”?

Él suspiró con fastidio.

—Eran cenizas, Mariana.

Tu papá ya no estaba ahí.

Ella no respondió.

Se arrodilló junto a su madre.

Le acomodó el cabello.

Pidió una ambulancia.

Y esperó.

Durante todo ese tiempo no volvió a dirigirles una sola palabra.

Ni a Rodrigo.

Ni a doña Elvira.

Cuando los paramédicos se llevaron a doña Rosario al hospital por una crisis hipertensiva, Mariana salió detrás de la camilla.

No miró hacia atrás.

Solo llevaba en la mano la urna vacía.

Aquella misma noche permaneció junto a la cama de su madre.

El médico fue claro.

—El impacto emocional fue demasiado fuerte.

Necesita tranquilidad.

Mariana asintió.

No habló.

Pero mientras observaba a su madre dormir, recordó algo que su padre le había dicho pocos meses antes del incendio.

“Hija, nunca permitas que nadie te haga creer que el dinero vale más que la dignidad.”

A las seis de la mañana salió del hospital.

No volvió a la casa de Zapopan.

Fue directamente a las oficinas de su empresa.

La recepcionista se sorprendió al verla tan temprano.

—Licenciada, ¿se encuentra bien?

Mariana sonrió apenas.

—Necesito la sala de juntas.

Y también al director jurídico.

Una hora después, la mesa estaba cubierta de carpetas.

Estados de cuenta.

Contratos.

Escrituras.

Actas constitutivas.

El abogado de la empresa terminó de revisar los documentos.

Levantó la vista.

—¿Está completamente segura de que quiere hacer esto?

—Sí.

—Una vez que empecemos, no habrá marcha atrás.

Mariana cerró la carpeta.

—Hace tres días todavía quería salvar mi matrimonio.

Hoy solo quiero recuperar mi vida.

El abogado abrió un expediente nuevo.

—Entonces empecemos por el patrimonio.

Durante las siguientes dos horas fueron apareciendo cifras que ni Rodrigo imaginaba.

La residencia de Zapopan.

A nombre exclusivo de Mariana.

Las dos camionetas familiares.

Compradas con recursos de ella.

Las inversiones.

Las cuentas de ahorro.

Incluso la empresa que Rodrigo presumía dirigir.

El abogado frunció el ceño.

—Aquí hay algo interesante.

Giró un documento hacia Mariana.

—El capital inicial de esta sociedad provino íntegramente de una transferencia realizada desde tu cuenta personal hace cuatro años.

Ella asintió.

—Lo ayudé cuando estaba quebrado.

—¿Y existe algún reconocimiento de esa aportación?

—Sí.

Sacó una hoja firmada por Rodrigo.

El abogado sonrió por primera vez.

—Esto cambia muchas cosas.

En ese momento entró la contadora del grupo.

Traía una memoria USB.

—Licenciada…

Encontramos los movimientos que pidió revisar.

Mariana conectó la memoria a la computadora.

Comenzaron a aparecer transferencias bancarias.

Pagos.

Facturas.

Depósitos.

Uno tras otro.

El abogado observaba en silencio.

Hasta que una operación llamó su atención.

—Espere…

Amplíe esa.

Mariana obedeció.

La transferencia se había realizado apenas dos semanas antes.

Beneficiario:

Elvira Cárdenas.

Concepto:

“Remodelación residencia familiar.”

Monto:

3,800,000 pesos.

Mariana sintió un nudo en el estómago.

Ella nunca autorizó esa operación.

—¿De qué cuenta salió?

La contadora respiró hondo.

—De la línea empresarial donde usted figura como administradora principal.

El abogado volvió a revisar la autorización.

Su expresión cambió inmediatamente.

—Mariana…

¿Esta firma es tuya?

Ella apenas necesitó verla.

Negó con firmeza.

—No.

Nunca firmé eso.

El silencio llenó la sala.

El abogado dejó lentamente el documento sobre la mesa.

—Entonces ya no estamos hablando solo de un divorcio.

Mariana sostuvo la mirada.

—¿De qué estamos hablando?

Él respondió con absoluta seriedad.

—De una posible falsificación de firma y del uso indebido de varios millones de pesos.

Y si logramos demostrarlo…

La familia que ayer creyó que podía humillarte podría terminar enfrentando consecuencias mucho más graves que perder una casa.

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