Claire Bennett pasó junto a mí con una sonrisa amable.
—Emma, gracias por recibirme. Nathan me habló mucho de ti.
La miré unos segundos.
—¿De verdad?
Ella asintió sin sospechar nada.
—Dice que eres muy buena cuidando de los demás.
No respondió que yo era valiente.
Ni inteligente.
Ni extraordinaria.
Solo que sabía cuidar una casa.
Nathan dejó su equipaje en la habitación de invitados.
—Claire solo estará unas semanas.
—Entiendo.
Mi tranquilidad pareció incomodarlo.
Esperaba una discusión.
Un ataque de celos.
Cualquier cosa que justificara tratarme como la esposa irracional.
No obtuvo nada.
Esa misma noche serví la cena.
Nathan y Claire recordaban sus años en la academia militar.
Misiones.
Entrenamientos.
Compañeros caídos.
Yo permanecía en silencio.
Hasta que Claire señaló una vieja cicatriz en la mano de Nathan.
—Todavía la conservas.
Él sonrió.
—Me la hice durante el entrenamiento de infiltración.
—La comandante Sombra fue quien nos enseñó esa técnica.
Claire bajó la voz con admiración.
—Dicen que derrotó sola a doce mercenarios durante la Operación Raven.
Nathan asintió.
—Nunca conocí a Sombra.
—Pero todo oficial de operaciones especiales la respeta.
—Salvó a cientos de soldados.
—Sin ella, la Región Este habría perdido aquella guerra.
Yo seguí cortando mi comida.
Como si hablaran de una desconocida.
Claire continuó.
—Lo curioso es que nadie sabe quién era realmente.
—Solo desapareció hace cinco años.
Nathan suspiró.
—Algunas leyendas deben permanecer ocultas.
No pude evitar una leve sonrisa.
Cinco años atrás.
Exactamente cuando me casé con él.
…
Al día siguiente sonó mi teléfono.
Era Ryan.
—Comandante, encontramos movimientos.
—¿Qué clase de movimientos?
—El grupo extranjero ya envió al primer equipo de asesinos.
Mi expresión cambió.
—¿Objetivo?
—Nathan Hale.
Miré por la ventana.
Nathan entrenaba con Claire en el jardín.
Reían.
Ella logró derribarlo durante una práctica.
Él aplaudió orgulloso.
Nunca había sonreído así conmigo.
Ryan habló nuevamente.
—Necesitamos que vuelva.
—Sin usted no podremos detenerlos.
Guardé silencio unos segundos.
—Espérame cuarenta y ocho horas.
—Después de eso…
…Sombra habrá regresado.
…
Aquella tarde llegó un mensajero militar.
Traía una caja metálica sellada.
Nathan la abrió delante de Claire.
Dentro había una invitación.
Ceremonia Nacional de Condecoraciones.
Los ojos de Claire brillaron.
—¡La entregará personalmente la comandante Sombra!
Nathan dejó escapar una sonrisa.
—Por fin podré conocer a la mujer que más admiro.
Claire respondió emocionada.
—Yo también.
—Dicen que incluso los generales se ponen de pie cuando entra.
Nathan miró el uniforme perfectamente doblado que había dentro de la caja.
—Una mujer así merece todo mi respeto.
Yo observé la escena desde la cocina.
Luego doblé cuidadosamente el delantal que había usado durante cinco años.
Lo guardé en un cajón.
Y saqué una pequeña llave escondida detrás de un viejo libro.
Abría una caja fuerte que Nathan jamás había visto.
Dentro descansaban una pistola de servicio, varias medallas negras sin nombre…
…y un uniforme táctico completamente negro.
Sobre el pecho aún brillaba el antiguo distintivo.
BLACK BLADE
Debajo, una sola palabra.
SOMBRA.
Tomé el uniforme entre las manos.
Cinco años atrás lo había guardado creyendo que jamás volvería a usarlo.
En ese momento alguien llamó a la puerta.
Era Nathan.
—Emma…
—¿Sí?
Parecía incómodo.
—Dentro de tres días asistiré a la ceremonia.
—Claire irá conmigo.
Asentí.
—Perfecto.
Frunció el ceño.
—¿No vas a preguntarme nada?
Negué lentamente.
—No.
—Ya no tengo nada que preguntarte.
Nathan permaneció inmóvil.
Por primera vez desde que nos casamos…

…tuvo la extraña sensación de que estaba perdiendo algo que nunca volvería a recuperar.
Y todavía ignoraba que, dentro de apenas tres días, subiría al escenario para saludar con orgullo a la legendaria comandante Sombra…
…sin imaginar que la mujer a la que rendiría honores sería la misma esposa cuyo divorcio aún esperaba firmado sobre el escritorio de su casa.