PARTE 2: La verdad que destruyó la boda

Teresa permaneció inmóvil durante varios segundos.

Sentía que estaba mirando a un desconocido.

—¿Quién es Camila? —preguntó finalmente.

Julián levantó la cabeza muy despacio.

Sus ojos estaban completamente vacíos.

—La hermana de Daniel.

Teresa frunció el ceño.

No conocía a ninguna Camila.

Ernesto regresó del cuarto de huéspedes justo a tiempo para escuchar la respuesta.

—Explícate.

Julián respiró hondo.

—Hace cinco años… en la obra de Querétaro.

El nombre hizo que Ernesto palideciera.

Aquella había sido la primera empresa donde Julián trabajó como residente de obra.

—Hubo un accidente —continuó—. Murieron dos personas.

Teresa recordó perfectamente aquella época.

Su hijo pasó semanas encerrado.

Decía que estaba agotado por el trabajo.

Nunca contó nada más.

—Camila era hermana de uno de los obreros que murió.

—Demandó a la empresa.

—Nos hizo perder millones.

Ernesto golpeó la pared.

—¡Eso no justifica nada!

Julián bajó la mirada.

—Ella trabajaba en el despacho donde conocí a Sofía.

Teresa sintió un escalofrío.

—¿Entonces…?

—Al principio no sabía que eran amigas.

—Pero cuando lo descubrí…

Se quedó en silencio.

—¿Qué hiciste? —preguntó Ernesto.

—Seguí con la relación.

—Esperé.

—Le propuse matrimonio.

Teresa dejó escapar un jadeo.

—No…

Julián comenzó a llorar.

—Solo quería que sintiera una pequeña parte del miedo que sintió la familia de Camila.

La habitación quedó completamente muda.

Ernesto dio un paso hacia él.

—¿Te casaste para vengarte?

Julián asintió lentamente.

—Pensé que cuando llegara esta noche…

—Y ella entendiera por qué…

—Todo terminaría.

Teresa sintió náuseas.

—¿Qué le hiciste exactamente?

Él negó con desesperación.

—No la golpeé.

—No la toqué.

—Solo…

La voz se quebró.

—La encerré.

—Apagué todas las luces.

—Le puse las fotografías del accidente.

—Y le dije que ahora entendía cómo se sintieron otras familias.

Teresa llevó una mano a la boca.

Sofía no tenía ninguna responsabilidad en aquella tragedia.

Sin embargo, Julián había convertido su boda en un castigo.

En ese momento sonó el timbre de la casa.

Eran casi las dos de la madrugada.

Miguel abrió la puerta.

Una mujer de unos cincuenta años entró apresuradamente.

Llevaba un saco gris sobre el pijama.

Al ver a Sofía en el pasillo, corrió a abrazarla.

—¡Hija!

Teresa comprendió que era la madre de la muchacha.

Sofía rompió a llorar nuevamente.

—Mamá…

—No sabía con quién me estaba casando.

La señora levantó la vista hacia Julián.

Su rostro cambió por completo.

—¿Qué le hiciste a mi hija?

Nadie respondió.

Entonces Sofía pronunció una frase que dejó a todos sin respiración.

—Él dice que debo pagar por Camila…

La mujer quedó inmóvil.

Después cerró lentamente los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, miró directamente a Ernesto.

—¿Nunca les habló de Camila?

Ernesto negó con la cabeza.

La mujer respiró profundamente.

—Entonces hay algo que todos ustedes deberían saber.

Se volvió hacia Julián.

—Porque Camila nunca fue una víctima de mi hija.

Hizo una pausa.

—Camila era mi otra hija.

Y el hombre que realmente provocó aquella muerte… llevaba cinco años sentado en esa misma habitación fingiendo ser inocente.

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