PARTE 2: LA VERDAD QUE DECLAN NUNCA CONOCIÓ

Declan permaneció sentado frente a mí.

Por primera vez desde que lo conocía, no parecía un multimillonario acostumbrado a controlar cada situación.

Parecía simplemente un hombre que acababa de descubrir que tenía un hijo.

—Habla —susurró.

Me senté frente a él con James en brazos.

—Cuando firmamos el divorcio, yo ya estaba embarazada.

Sus ojos se cerraron.

—¿Cuándo lo supiste?

—Dos semanas antes de que nos separáramos.

Levantó la mirada.

—Entonces me mentiste.

—Sí.

No intenté negarlo.

—Pero no por las razones que crees.

Declan se puso de pie.

—¡Era mi hijo!

James se movió ligeramente.

Inmediatamente bajó la voz.

—Perdón…

Respiró profundamente.

—¿Por qué me lo ocultaste?

Lo miré durante varios segundos.

—Porque la última semana de nuestro matrimonio descubrí que alguien había estado entrando en mis cuentas personales.

Frunció el ceño.

—¿Qué?

—Transferencias pequeñas. Contratos modificados. Documentos que yo nunca había firmado.

Saqué una carpeta del cajón de la mesa.

Declan la abrió.

Había capturas bancarias, correos y copias de documentos.

—Pensé que era alguien de tu empresa —continué—. Hasta que encontré esto.

Le entregué una fotografía.

Era una imagen tomada por una cámara de seguridad.

Un hombre entrando al edificio donde vivíamos.

Declan palideció.

—Es Marcus.

Su antiguo director financiero.

—Exactamente.

Pasó las páginas rápidamente.

—¿Por qué no me dijiste?

—Porque dos días antes de nuestra última discusión, Marcus me amenazó.

Declan levantó la cabeza.

—¿Te amenazó con qué?

—Con hacer desaparecer a James.

El silencio cayó sobre la habitación.

—Me dijo que sabía del embarazo. Que si te lo contaba, utilizaría tus enemigos empresariales para convertirlo en una batalla legal interminable.

Declan apretó la carpeta.

—¿Y tú le creíste?

—Tenía pruebas.

Le mostré la última página.

Un informe policial.

Una denuncia presentada cinco meses atrás.

El rostro de Declan cambió.

—¿Por qué nunca recibí esto?

—Porque la denuncia no estaba a tu nombre.

—¿Entonces a nombre de quién?

No respondí.

En ese instante, James comenzó a llorar.

Lo acomodé contra mi pecho.

Declan se quedó observando cada movimiento.

—¿Puedo…?

Se detuvo.

—¿Puedo cargarlo?

Mi corazón se apretó.

Después de unos segundos, asentí.

Declan se acercó lentamente.

Tomó a James con una torpeza que jamás habría mostrado frente a una junta directiva.

El bebé abrió los ojos.

Declan dejó escapar una respiración temblorosa.

—Hola, James.

El pequeño cerró sus dedos alrededor de uno de los dedos de su padre.

Declan se quedó inmóvil.

Una lágrima cayó sobre su mejilla.

—Dios mío…

Lo miré en silencio.

Entonces su teléfono comenzó a sonar.

Una vez.

Dos veces.

Declan miró la pantalla.

El nombre que apareció hizo que toda la emoción desapareciera de su rostro.

Marcus.

Contestó.

—¿Qué quieres?

La voz del otro lado sonó tranquila.

Demasiado tranquila.

Declan escuchó durante unos segundos.

Luego miró hacia mí.

—¿Dónde está?

No respondí.

—Claire, dime dónde está Marcus.

—No lo sé.

Declan apretó la mandíbula.

—Acaba de decirme que sabe que James está vivo.

Sentí que se me helaba la sangre.

—¿Qué más dijo?

Declan bajó lentamente el teléfono.

—Dijo que si quiero saber quién ordenó que ocultaran tu embarazo…

Pausa.

—Tengo que preguntártelo a ti.

Miré a James.

Luego a Declan.

Y comprendí que el secreto que había protegido durante cinco meses acababa de convertirse en algo mucho más peligroso.

Porque Marcus no había actuado solo.

Y alguien mucho más cercano a Declan sabía exactamente dónde encontrarnos.

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