PARTE 2: LA VERDAD GRABADA

El guardia colocó la tableta sobre el capó.

—La cámara tiene audio —advirtió.

Claudia palideció.

La grabación comenzó.

Primero apareció rayando el coche. Pero el guardia retrocedió unos minutos.

Entonces se escuchó a Claudia hablando por teléfono.

—Sofía tiene que renunciar antes del viernes. Si llega a esa reunión, descubrirán que fui yo quien presentó su proyecto como mío.

Sofía quedó inmóvil.

—¿Mi proyecto?

La presidenta de la Federación miró seriamente a Claudia.

—Continúe el video.

La voz volvió a escucharse:

—Llevo semanas provocándola. Si pierde el control delante de alguien, diré que es conflictiva y nadie creerá sus acusaciones.

Los murmullos desaparecieron.

Claudia intentó arrebatarle la tableta al guardia.

—¡Eso está manipulado!

—No lo está —respondió él—. Tenemos las grabaciones originales.

Sofía respiró profundamente.

Durante semanas había soportado rumores, mensajes anónimos y humillaciones sin comprender el motivo.

Ahora todo encajaba.

La presidenta abrió una carpeta.

—Sofía, vine porque su proyecto fue seleccionado para recibir nuestro mayor reconocimiento este año.

Claudia abrió los ojos.

—¿Qué?

—Y existe otro problema —continuó la mujer—. El documento que Claudia presentó lleva exactamente los mismos errores y marcas internas que el archivo original de Sofía.

Claudia dejó de sonreír.

Sofía la miró.

—Por eso querías que desapareciera antes de hoy.

Pero entonces el guardia intervino.

—Hay algo más.

Abrió otra grabación.

En ella, Claudia aparecía junto al coche la noche anterior, hablando con un hombre que Sofía reconoció inmediatamente.

Era su jefe.

—Cuando Sofía sea despedida, nadie podrá demostrar de dónde salió realmente el proyecto —decía él.

Sofía sintió un nudo en el pecho.

Claudia no había actuado sola.

La presidenta cerró lentamente la carpeta.

—Parece que esta reunión acaba de cambiar de propósito.

En ese instante, las puertas del edificio se abrieron.

El jefe de Sofía salió sonriendo, sin saber que todos acababan de escuchar su conversación.

—Señora presidenta —dijo—, qué alegría verla.

Ella giró la tableta hacia él.

—Perfecto. Llegó justo a tiempo.

Su sonrisa desapareció.

—Tenemos que hablar sobre Claudia, sobre el proyecto de Sofía… y sobre quién debería abandonar esta empresa hoy.

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