Marcus no entró a la cocina.
No todavía.
Cada instinto le decía que enfrentara a Sarah, que exigiera respuestas, que protegiera a Lily en ese mismo momento. Pero algo más fuerte lo detuvo.
Necesitaba pruebas.
Si Sarah estaba intentando destruir su relación con su hija, no podía darle la oportunidad de borrar sus huellas.
Esa noche fingió salir de viaje.
Besó a Lily en la frente, abrazó a Sarah y tomó su maleta.
Pero en lugar de ir al aeropuerto, estacionó su auto a unas calles de distancia y abrió la computadora.
La copia de seguridad de las cámaras comenzó a cargarse.
Minuto tras minuto, Marcus observó una versión de su hogar que nunca había conocido.
Vio a Sarah entrar al cuarto de Lily cuando él no estaba.
Vio cómo revisaba los documentos de la casa de playa.
Vio cómo Julian aparecía varias veces con una carpeta idéntica a la que Hannah había dejado guardada.
Pero entonces apareció algo que hizo que Marcus se quedara completamente inmóvil.
Una grabación de tres semanas antes.
Sarah estaba hablando por teléfono.
—No puedo esperar mucho más. Marcus tiene que creer que Lily necesita ayuda y que yo soy la única persona capaz de cuidarla.
Hubo una pausa.
Luego Sarah sonrió.
—Cuando la custodia cambie, la casa será nuestra.
Marcus sintió que sus manos se cerraban lentamente.
Pero todavía faltaba una pieza.
¿Quién era Julian?
La respuesta llegó unos minutos después.
Otra cámara mostró a Julian entrando a la casa con un sobre.
Sarah lo recibió nerviosa.
—¿Conseguiste el informe?
Julian asintió.
—Sí. Pero sigo pensando que esto es peligroso.
Sarah lo miró con frialdad.
—Ya es demasiado tarde para arrepentirte.
Marcus acercó la imagen.
Y entonces vio el nombre escrito en el sobre.
No era el de Lily.
No era el de Hannah.
Era el suyo.
Un documento médico privado que él jamás había compartido con nadie.
Alguien había estado investigándolo desde antes de que Sarah apareciera en su vida.
Marcus cerró la computadora.
Ahora entendía algo mucho peor.
Sarah no había llegado a su casa por amor.
Había llegado con un plan.
A la mañana siguiente volvió como si nada hubiera pasado.
Sarah lo recibió con una sonrisa.
—¿Qué tal Chicago?
Marcus dejó las llaves sobre la mesa.
—Interesante.
Ella sonrió.
—¿Por qué?
Marcus la miró directamente a los ojos.
—Porque descubrí que algunas personas viajan mucho más lejos para mentir.
Por primera vez, Sarah dejó de sonreír.
Y justo en ese momento, el teléfono de Marcus recibió un mensaje de un número desconocido.
Solo tenía una frase:
“Si quieres saber quién está realmente detrás de Sarah, ven solo. Porque ella no fue la primera persona que intentó quitarte a Lily.”