PARTE 2: LA VERDAD DE SOFÍA

Adrian corrió hacia mí.

Yo retrocedí.

Tres años antes, ese hombre había firmado mi internamiento mientras Sofía lloraba detrás de él.

Ahora era él quien parecía asustado.

—Elena, no te acerques a ella.

Me quedé inmóvil.

Sofía soltó una pequeña risa.

—¿Ahora la proteges?

Adrian no respondió.

Ella me miró con aquella misma dulzura que había utilizado ante médicos, familiares y oficiales.

—Deberías haber permanecido encerrada.

Sentí que mis dedos empezaban a temblar.

No por miedo.

Por el recuerdo.

Sofía dio otro paso.

—¿Sabes qué fue lo más fácil? Adrian ya creía que estabas obsesionada conmigo. Solo tuve que darle algo que confirmara lo que quería creer.

Adrian palideció.

—Sofía, cállate.

Ella sonrió.

—¿Todavía no se lo dijiste?

Entonces sacó su teléfono.

—Yo guardé el video original.

Adrian se quedó rígido.

La grabación mostraba el pasillo de aquella noche.

Yo aparecía lejos de las escaleras.

Sofía miraba hacia atrás.

Y después se dejaba caer deliberadamente.

Sentí que el templo desaparecía a mi alrededor.

—¿Lo sabías? —pregunté.

Adrian negó inmediatamente.

—No.

Pero Sofía empezó a reír.

—No entonces.

Hizo una pausa.

—Lo descubrió hace seis meses.

Lo miré.

Esta vez Adrian no pudo negar nada.

Seis meses.

Había conocido la verdad durante seis meses.

Y yo seguía encerrada.

—Intenté sacarte —dijo rápidamente—. El hospital dijo que…

—Tú me metiste allí.

Mi voz apenas fue un susurro.

—Y cuando supiste que era inocente, ¿por qué no fuiste tú mismo a buscarme?

No tuvo respuesta.

Entonces comprendí su terror.

No temía a Sofía.

Temía que yo descubriera cuánto tiempo había tardado en elegirme incluso después de conocer la verdad.

Me giré para marcharme.

Adrian intentó seguirme.

—Elena, dame una oportunidad para arreglarlo.

Me detuve.

—¿Arreglar qué?

Lo miré por última vez.

—¿Los tres años?

—¿Mi padre, que murió mientras yo estaba encerrada?

—¿O la mujer que era antes de que firmaras aquel papel?

Adrian bajó la cabeza.

No volví a mirarlo.

El video de Sofía terminó en manos de las autoridades. Mi internamiento fue investigado y finalmente anulado. Sofía tuvo que responder por las pruebas manipuladas y las falsas acusaciones que habían iniciado todo.

Adrian pagó abogados, tratamiento y una vivienda a mi nombre.

Acepté únicamente aquello que legalmente me correspondía.

Nunca regresé a su casa.

Meses después volví al templo.

Esta vez llevaba zapatos nuevos.

Comida en el estómago.

Y una pequeña fotografía de papá.

Subí los noventa y nueve escalones despacio.

Cuando llegué arriba, coloqué la fotografía frente a mí.

—Papá —susurré—, ya no tienes que pedir que sobreviva un día más.

Sonreí entre lágrimas.

—Ahora quiero vivir todos los que me quedan.

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