PARTE 2: LA VERDAD ANTES DEL PARTO

El clic de la cerradura resonó por todo el pasillo.

Clara sintió cómo el bebé volvía a moverse dentro de su vientre.

Adrian guardó lentamente la llave en el bolsillo.

—Nadie va a salir de aquí hasta que nos tranquilicemos.

Su voz seguía siendo serena.

La misma voz con la que cerraba contratos millonarios.

La misma con la que siempre conseguía que todos hicieran lo que él quería.

Pero aquella mujer ya no era la misma.

Clara dio un paso hacia atrás.

—¿Vas a encerrarme?

—Voy a proteger a mi hijo.

Aquellas cuatro palabras le atravesaron el pecho.

No dijo nuestro hijo.

Dijo mi hijo.

La doctora que acompañaba a Elena intervino de inmediato.

—Señor Blake, la paciente necesita descansar. Su presión arterial continúa muy elevada.

Adrian ni siquiera la miró.

Toda su atención seguía fija en Clara.

—Escúchame. Esto no es como parece.

Clara soltó una risa amarga.

—¿De verdad?

Le señaló la carpeta arrugada.

—¿También inventé que Elena es la donante del óvulo?

Silencio.

—¿Inventé que les ordenaste adelantar la cesárea aunque mi vida corriera peligro?

Adrian cerró los ojos un instante.

—No quería hacerte daño.

—Pero estabas dispuesto a arriesgar mi vida.

No respondió.

Porque no podía.

Elena dio unos pasos hacia Clara con lágrimas resbalando por las mejillas.

—Yo nunca quise que sufrieras…

—No te acerques.

La voz de Clara sonó tan firme que incluso Elena se detuvo.

—Cada patada que sentí…

Cada noche que no podía respirar…

Cada vez que pensé que estaba construyendo una familia…

Todo era para entregarte un bebé que siempre supiste que era tuyo.

Elena rompió a llorar.

—No tenía otra opción…

—Siempre había otra opción.

Clara la miró directamente a los ojos.

—La verdad.

En ese momento apareció una enfermera corriendo por el pasillo.

Traía otra carpeta.

Se quedó inmóvil al ver la puerta cerrada.

—Doctora…

—¿Qué ocurre?

—Acaban de llegar los resultados completos del laboratorio genético.

La doctora tomó el sobre.

Lo abrió rápidamente.

Su expresión cambió por completo.

—Esto no puede ser…

Adrian dio un paso adelante.

—¿Qué sucede?

La doctora levantó lentamente la vista.

—Hay una inconsistencia.

Elena dejó de llorar.

—¿Qué clase de inconsistencia?

La doctora volvió a leer el informe.

Después comparó los números del expediente.

Otra vez.

Y una tercera.

Finalmente respiró hondo.

—El embrión E-1736 sí fue implantado en la señora Clara.

Hasta ahí todo coincide.

Pero…

El silencio volvió a llenar el pasillo.

—…el ADN fetal no coincide completamente con la muestra genética de la señora Elena Whitmore.

Todos quedaron inmóviles.

Adrian frunció el ceño.

—Eso es imposible.

—Precisamente por eso repetimos el análisis dos veces.

La doctora colocó el informe sobre la mesa.

—La señora Whitmore solo comparte aproximadamente la mitad del perfil genético materno esperado.

Elena palideció.

—¿Qué significa eso?

La doctora respondió con cautela.

—Significa que el óvulo utilizado probablemente no pertenecía a usted.

Clara sintió que el corazón se detenía.

Adrian dio un golpe sobre la mesa.

—¡Revisen otra vez!

—Ya lo hicimos.

Tres veces.

La doctora levantó otra hoja.

—Y encontramos algo todavía más grave.

El código del embrión E-1736 fue modificado manualmente en el sistema del laboratorio ocho meses atrás.

Hubo un largo silencio.

La voz de Clara apenas salió de su garganta.

—Entonces…

¿De quién es este bebé?

Nadie respondió.

Porque nadie lo sabía.

En ese instante sonó una alarma en el monitor fetal.

El ritmo cardíaco del bebé comenzó a descender.

Las enfermeras entraron corriendo.

—¡Tenemos que llevarla al quirófano ahora mismo!

Clara negó con desesperación.

—¡No!

La doctora la tomó de la mano.

—Escúcheme.

Ahora mismo hay algo más importante que resolver quién es la madre biológica.

Tenemos que salvar la vida del bebé…

y también la suya.

Pero antes de que pudieran mover la camilla, un hombre de traje irrumpió en el pasillo acompañado por dos agentes de policía.

Levantó una credencial y habló con voz firme.

—Soy el fiscal Jonathan Reeves.

Acabamos de recibir una denuncia por presunta sustitución de embriones y fraude reproductivo.

Miró directamente a Adrian.

—Señor Blake…

a partir de este momento, nadie puede abandonar este hospital hasta que sepamos quién manipuló realmente el embrión E-1736.

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