PARTE 2: LA ÚLTIMA ILUSIÓN

El aire se volvió insoportablemente pesado.

Tang Tang seguía sosteniendo la pequeña bolsa roja de caramelos de boda con ambas manos.

Parecía nerviosa.

Inocente.

Como si realmente creyera que era la protagonista de una historia de amor.

Yo la observé en silencio.

Después desvié la mirada hacia la chaqueta que llevaba puesta.

La reconocería entre miles.

Había recorrido media ciudad para comprarla porque Chu Yinghuai comentó una vez, casi sin darle importancia, que le gustaba ese modelo.

Aquel invierno gasté casi todo mi salario de un mes para regalársela.

Nunca imaginé que terminaría sobre los hombros de otra mujer.

Tang Tang siguió sonriendo con timidez.

—Hermana Zixia… gracias por cuidar de Yinghuai durante tantos años.

—A partir de ahora… yo me ocuparé de él.

No levantó la voz.

No intentó provocarme.

Pero cada palabra cayó sobre mi pecho como una piedra.

Chu Yinghuai dio un paso adelante.

—Tang Tang…

Ella levantó inmediatamente la bolsa.

—Olvidaste el certificado de matrimonio en el hospital.

—Pensé que lo necesitaríamos para registrar al bebé.

Las palabras “nuestro bebé” hicieron que toda la habitación quedara en silencio.

Chu Yinghuai tomó la bolsa con rapidez.

Después volvió a mirarme.

En sus ojos apareció por primera vez un rastro de culpa.

—Zixia… déjame explicarte…

Lo interrumpí con una sonrisa.

—No hace falta.

Me acerqué lentamente hasta Tang Tang.

Ella parecía un poco asustada.

Abrí la cartera.

Saqué un pequeño sobre blanco.

Lo coloqué en sus manos.

—Es un regalo.

Tang Tang me miró sorprendida.

—¿Para mí?

Asentí.

—Ábrelo cuando llegues a casa.

Ella dudó unos segundos antes de guardarlo cuidadosamente.

—Gracias… hermana Zixia.

No respondí.

Tomé nuevamente mi maleta.

Cuando estaba a punto de cruzar la puerta, Chu Yinghuai volvió a sujetarme del brazo.

Esta vez con más fuerza.

—No te vayas.

—Podemos hablar.

—Podemos encontrar otra solución.

Bajé lentamente la vista hacia su mano.

—¿Otra solución?

Levanté la cabeza.

—¿Cuál?

—¿Convertirme en tu amante mientras tú eres el marido de otra?

Su rostro perdió todo el color.

—Yo nunca pensé eso.

Solté una risa breve.

—Pero eso es exactamente lo que me estás pidiendo.

Retiré su mano de mi brazo.

Con mucha calma.

Como si ya no tuviera ninguna fuerza para enfadarme.

Bajé las escaleras sin mirar atrás.

Cuando llegué al portal, el teléfono vibró.

Era un mensaje de Tang Tang.

Solo contenía una fotografía.

Había abierto el sobre.

Dentro no había dinero.

Ni una carta.

Solo una única hoja doblada.

Era una copia del contrato de compraventa de aquella vivienda.

En la última página aparecía un único nombre como propietaria.

Xu Zixia.

Debajo de la foto, Tang Tang escribió temblando:

—Hermana… ¿por qué la dueña de esta casa es usted?

No respondí.

Guardé el teléfono.

Mientras tanto, arriba, en el apartamento, Chu Yinghuai acababa de recibir la llamada de su banco.

—Doctor Chu, lamentamos informarle que la hipoteca de esta vivienda se liquidó hace cinco años con fondos procedentes de una única cuenta.

—La titular exclusiva de esa cuenta es la señora Xu Zixia.

Dicen que una mentira puede sostener un matrimonio durante años.

Pero una sola verdad…

Puede destruir toda una vida en apenas unos segundos.

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