PARTE 2: LA SEGUNDA MUESTRA

Siete días después, el señor Grant colocó dos sobres sobre mi escritorio.

No abrí ninguno inmediatamente.

—¿Cuál quiere ver primero?

—El del bebé.

Grant empujó el sobre blanco hacia mí.

Rompí el sello.

Leí el resultado una vez.

Después otra.

PATERNIDAD BIOLÓGICA DE ETHAN HAWTHORNE: EXCLUIDA.

Cerré los ojos.

No sentí satisfacción.

Solo confirmación.

—¿Quién es el padre?

Grant señaló el segundo informe.

—Todavía no podemos afirmarlo legalmente. Pero encontramos una coincidencia familiar extremadamente significativa.

—¿Con quién?

—Con Michael Torres.

El asistente de Ethan.

Me quedé inmóvil.

—¿Michael?

—No significa necesariamente que Michael sea el padre. La muestra indica una relación biológica cercana con su línea familiar. Necesitamos una muestra directa para determinarla.

Recordé su rostro en el hospital.

El sobresalto cuando me vio.

Tal vez no había sido sorpresa.

Tal vez había sido miedo.

—¿Y mi muestra?

Grant dejó el segundo sobre frente a mí.

Aquello era lo que realmente me aterraba.

Durante tres años había pasado por tratamientos.

Inyecciones.

Análisis.

Procedimientos.

Cada fracaso terminaba igual.

La familia Hawthorne culpándome.

Samantha abrazándome.

Ethan guardando silencio.

Abrí el informe.

Mis manos comenzaron a temblar.

—Esto no tiene sentido.

—Sí lo tiene.

Según los expedientes oficiales, yo había sido diagnosticada con insuficiencia ovárica severa.

Pero los análisis independientes mostraban algo completamente distinto.

Mi reserva ovárica era normal para mi edad.

No había evidencia que justificara el diagnóstico utilizado para mis tratamientos anteriores.

—Entonces ¿por qué no quedé embarazada?

Grant sacó otra carpeta.

—Porque quizá nunca recibió los tratamientos que creyó recibir.

Habíamos recuperado registros de la clínica.

Los medicamentos prescritos y los administrados no coincidían.

En seis ocasiones aparecían sustituciones autorizadas electrónicamente.

—¿Por quién?

Grant giró la pantalla.

DR. JULIAN REED.

Me quedé helada.

—¿Reed?

El mismo apellido de Samantha.

—Es su tío —dije.

Grant asintió.

Julian Reed había supervisado indirectamente mi tratamiento durante casi dos años.

Yo jamás lo había conocido personalmente.

Samantha fue quien recomendó aquella clínica.

Sentí náuseas.

—¿Qué me administraron?

—Todavía estamos verificándolo. No voy a especular antes de tener los registros completos.

Agradecí aquella respuesta.

Necesitaba hechos.

No otra historia construida sobre sospechas.

Entonces Grant abrió las grabaciones de seguridad.

Primera imagen.

Samantha entrando a la clínica.

Fecha:

dos días antes de mi primera consulta.

Segunda.

Samantha hablando con Julian Reed.

Tercera.

Michael Torres entrando por una puerta lateral.

—¿Michael también estaba involucrado?

—No sabemos por qué estaba allí.

La última grabación era mucho más reciente.

Seis meses atrás.

El día después de que Samantha anunciara su embarazo.

Ethan entraba a la clínica.

Mi corazón se hundió.

—Él sabía.

—Espere.

La grabación continuó.

Ethan salió diecisiete minutos después discutiendo con Julian.

No había audio.

Pero su lenguaje corporal era evidente.

Estaba furioso.

—Necesito hablar con él.

No tuve que buscarlo.

Ethan apareció esa misma tarde.

Parecía no haber dormido.

Colocó el resultado de paternidad sobre mi escritorio.

—No es mío.

—Lo sé.

Me miró.

—¿Desde cuándo?

—Desde esta mañana.

—Samantha desapareció.

Eso sí me sorprendió.

—¿Y Michael?

—También.

Me levanté.

—Ethan, ¿por qué estuviste en la clínica hace seis meses?

Su rostro cambió.

—¿Cómo sabes eso?

—Responde.

Se sentó.

—Encontré un recibo en el bolso de Samantha.

—¿Qué recibo?

—Una transferencia a la clínica.

Cincuenta mil dólares.

Ethan había ido a preguntar.

Julian le dijo que Samantha había pagado tratamientos personales.

—¿Y le creíste?

—No.

—Pero tampoco me dijiste nada.

—Porque entonces ella me anunció que estaba embarazada.

Solté una risa amarga.

—Y decidiste asumir que era tuyo.

Ethan bajó la cabeza.

—Habíamos estado juntos una vez.

La frase todavía dolió.

Aunque ya hubiera pedido el divorcio.

—¿Cuándo?

—Hace aproximadamente diez meses.

—¿La noche del hotel?

—No.

Le mostré la factura del catorce de febrero.

—Yo estaba en Singapur ese día.

Lo sabía.

—Entonces ¿quién estaba con ella?

—No lo sé.

Ethan me miró.

—Claire, hay algo peor.

Sacó una memoria USB.

—Michael dejó esto en mi oficina antes de desaparecer.

Había una grabación.

Solo audio.

La voz de Samantha apareció primero.

—Claire empieza a sospechar.

Después Julian.

—Mientras siga creyendo que el problema es suyo, no investigará.

Sentí que se me helaba la sangre.

Entonces habló una tercera persona.

Una mujer.

—No puede quedar embarazada antes de que se cumplan tres años del matrimonio.

Ethan se puso de pie.

—Reconozco esa voz.

Yo también.

Eleanor Hawthorne.

Su madre.

Mi suegra.

La mujer que llevaba tres años llamándome estéril.

—¿Por qué impediría un embarazo? —pregunté.

Ethan parecía tan confundido como yo.

Grant entró en ese momento.

—Porque hemos encontrado el testamento de su abuela.

Ethan giró.

Su abuela había sido quien insistió en nuestro matrimonio.

Lo que ninguno conocíamos era una cláusula privada del fideicomiso familiar.

Si Ethan y yo teníamos un hijo durante los primeros tres años de matrimonio, una participación del treinta y uno por ciento de Hawthorne Biotech pasaría irrevocablemente a un fideicomiso controlado conjuntamente por mí y por el niño.

Si llegábamos al tercer aniversario sin descendencia, las acciones permanecerían bajo administración temporal de Eleanor.

Miré el calendario.

Nuestro tercer aniversario había sido el día del parto de Samantha.

—Por eso tenía que seguir sin hijos hasta ese día.

Grant asintió.

—Aparentemente.

Ethan estaba pálido.

—Mi madre controlaba esas acciones.

—Y habría perdido ese control si Claire quedaba embarazada —dijo Grant.

Pero algo no encajaba.

—Entonces ¿por qué Samantha quería registrar a su bebé como hijo de Ethan precisamente ese día?

Grant me miró.

—Eso también habría activado una cláusula.

Si Ethan reconocía legalmente un hijo nacido fuera del matrimonio antes de finalizar nuestro tercer aniversario, mis derechos quedaban suspendidos mientras se determinaba si yo había incumplido ciertas obligaciones matrimoniales.

—¿Qué obligaciones?

—Fidelidad, convivencia y buena fe.

Me reí.

—¿Yo?

—Alguien estaba preparando pruebas para acusarla.

Grant abrió otra carpeta.

Fotografías.

Yo entrando a hoteles.

Yo cenando con hombres.

Yo abrazando a uno frente a un edificio.

Ethan las miró.

—¿Quiénes son?

—Clientes.

La última fotografía mostraba al señor Grant sujetándome del brazo cuando tropecé al salir de un tribunal.

Desde otro ángulo parecía íntima.

—Querían construir una infidelidad —dije.

—Sí.

Ethan cerró los ojos.

—Mi madre.

—Todavía no sabemos quién ordenó las fotografías —respondió Grant.

Entonces sonó mi teléfono.

Samantha.

Contesté.

—Claire.

Estaba llorando.

—Necesito hablar contigo.

—La prueba llegó.

Silencio.

—Sé que el bebé no es de Ethan.

Samantha comenzó a respirar con dificultad.

—Nunca dije que fuera suyo.

—Lo dijiste muchas veces.

—Porque me obligaron.

—¿Quién?

—Julian.

—Tu tío.

Entonces dijo algo inesperado.

—Julian Reed no es mi tío.

Miré a Grant.

—¿Qué?

—Mi apellido tampoco era Reed cuando nací.

Sentí un escalofrío.

—¿Cuál era?

Samantha tardó varios segundos.

—Hawthorne.

Ethan levantó la cabeza.

—Pon el altavoz.

Lo hice.

—Repite eso —ordenó.

Samantha lloraba.

—Mi madre se llamaba Rebecca Hawthorne.

Ethan retrocedió.

—Mi padre tenía una hermana llamada Rebecca.

—Lo sé.

—Murió antes de que yo naciera.

—Eso te dijeron.

No significaba automáticamente que Rebecca estuviera viva ahora.

Solo que la historia familiar podía ser falsa.

Grant ya estaba buscando documentos.

—¿Dónde estás, Samantha?

—No puedo decirlo.

—¿Michael está contigo?

Otro silencio.

—Sí.

—¿Es el padre del bebé?

—No.

—Entonces ¿quién?

Escuché un ruido.

Después Samantha susurró:

—Eso es lo que intentábamos averiguar.

—¿Cómo puedes no saber quién es el padre?

—Porque yo tampoco quedé embarazada de manera natural.

Nadie habló.

—Me sometí a un procedimiento en la clínica de Julian. Me dijeron que el material genético pertenecía a Ethan.

Ethan parecía a punto de vomitar.

—¿Usaron mi muestra?

—Eso creíamos.

Grant levantó una mano.

Había encontrado algo.

Una antigua muestra de Ethan había sido almacenada años atrás durante un examen médico familiar.

Pero el código utilizado en el procedimiento de Samantha no correspondía a esa muestra.

Correspondía a:

HT-02.

—¿Qué significa? —pregunté.

Ethan respondió:

—Hawthorne Test, muestra dos.

—¿Quién era la muestra uno?

—Yo.

—Entonces ¿quién era la dos?

No lo sabía.

Samantha volvió a hablar.

—Michael descubrió el registro original.

—¿Quién es HT-02?

—Por eso desaparecimos.

—Samantha.

—Claire, escucha. Tu infertilidad falsa y mi embarazo forman parte de la misma operación. Querían impedir que tú tuvieras un hijo con Ethan y colocar otro bebé dentro de la línea sucesoria.

—¿De quién?

Su respiración se quebró.

—De alguien que legalmente tiene más derechos sobre Hawthorne Biotech que Ethan.

Grant giró su portátil.

Había encontrado un antiguo inventario genético.

Dos códigos.

HT-01 — ETHAN HAWTHORNE.

HT-02 — DANIEL HAWTHORNE.

Ethan se quedó inmóvil.

—No conozco ningún Daniel.

Grant siguió leyendo.

Fecha de nacimiento:

la misma que Ethan.

Mismo hospital.

Misma madre registrada.

Y junto al nombre había una anotación:

SEGUNDO GEMELO — NACIDO VIVO.

Ethan se agarró al escritorio.

—Yo no tengo un hermano gemelo.

Desde el teléfono escuchamos llorar a Samantha.

—Sí lo tienes.

—¿Dónde está?

—Eso es lo que Michael encontró.

—¿Dónde?

Samantha respondió casi en un susurro.

—Daniel Hawthorne murió hace nueve años.

Ethan cerró los ojos.

Al menos nadie estaba regresando de la muerte.

Pero entonces Samantha añadió:

—Antes de morir dejó material genético almacenado en la clínica.

Miré el resultado del bebé.

La coincidencia familiar con Michael.

Las fechas.

El fideicomiso.

Todo parecía todavía incompleto.

—¿Qué tiene Michael que ver con Daniel?

Samantha guardó silencio demasiado tiempo.

Finalmente dijo:

—Michael Torres no nació con ese apellido.

Ethan levantó lentamente la cabeza.

—¿Cuál era?

—Hawthorne.

Grant encontró el registro antes de que ella terminara.

Un certificado de adopción sellado décadas atrás.

Nombre de nacimiento:

Michael Daniel Hawthorne.

Padre biológico:

Daniel Hawthorne.

El asistente que había trabajado junto a Ethan durante seis años era en realidad el hijo del hermano gemelo que Ethan nunca supo que existía.

Y eso convertía a Michael en su sobrino.

Pero también explicaba por qué el ADN del bebé mostraba una coincidencia tan cercana con él.

Miré el teléfono.

—Samantha.

—Sí.

—Si utilizaron material genético de Daniel…

Mi voz se volvió apenas un susurro.

—¿Tu bebé es hijo biológico de un hombre que murió nueve años antes de que naciera?

Samantha empezó a llorar.

—Eso es lo que Julian quería que todos creyeran.

Grant levantó bruscamente la vista.

—¿Qué significa eso?

La respuesta no llegó de Samantha.

Llegó desde mi correo electrónico.

Un mensaje automático del laboratorio.

SEGUNDA MUESTRA COMPLETADA.

La muestra que yo había pedido comparar no pertenecía al bebé.

Pertenecía a Ethan.

Y la habíamos comparado con el material genético que la clínica llevaba años etiquetando como suyo.

Abrí el resultado.

No coincidían.

Ni siquiera pertenecían a hermanos gemelos.

Levanté la mirada hacia Ethan.

—La muestra almacenada bajo tu nombre nunca fue tuya.

Él palideció.

—Entonces ¿de quién era?

Grant abrió el archivo original.

El código había sido reasignado diecisiete años atrás.

La autorización llevaba una firma.

Eleanor Hawthorne.

La madre de Ethan.

Y debajo aparecía una instrucción:

No revelar identidad del donante hasta que Claire Bennett solicite una auditoría genética.

Me quedé inmóvil.

—¿Mi nombre?

Yo tenía quince años cuando aquella instrucción fue firmada.

Todavía faltaban seis años para que conociera a Ethan.

Y, sin embargo, alguien dentro de la familia Hawthorne ya sabía entonces que algún día yo formaría parte de ella.

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