No encendí el teléfono durante los siguientes cuatro días.
No porque tuviera miedo de Adrian.
Sino porque, por primera vez en tres años, su urgencia había dejado de ser mi responsabilidad.
El lunes a las ocho de la mañana entré en la sede de Qin Global.
Los empleados se pusieron de pie casi al mismo tiempo.
—Buenos días, directora Qin.
Asentí con una sonrisa breve.
Nada había cambiado allí.
Salvo yo.
Rebecca caminó a mi lado entregándome una carpeta.
—El grupo Sterling Legal acaba de solicitar una reunión extraordinaria.
Me detuve.
—¿Sterling Legal?
—Sí.
—Representan a Horizon Biotech.
Sentí un escalofrío.
Conocía perfectamente ese nombre.
Era el principal cliente del despacho donde trabajaba Adrian.
Entré en la sala de juntas.
En la pantalla aparecía el proyecto que llevaba un año negociándose.
Una adquisición valorada en cientos de millones.
Rebecca pasó a la siguiente diapositiva.
El nombre del abogado principal apareció en grande.
Adrian Shaw.
Permanecí completamente inmóvil.
Ella levantó la vista.
—¿Lo conoces?
Respondí con absoluta calma.
—Es mi esposo.
Toda la sala quedó en silencio.
Uno de los consejeros rompió el silencio.
—¿Existe conflicto de intereses?
Negué.
—No.
—Existe un conflicto matrimonial.
Y eso acaba de terminar.
A las once en punto comenzaron a llegar los representantes legales.
Adrian fue el último en entrar.
No levantó la vista inmediatamente.
Estaba revisando unos documentos.
Cuando finalmente me vio…
Se quedó completamente inmóvil.
El color desapareció de su rostro.
—Clara…
Su voz apenas salió.
Yo permanecí sentada al otro extremo de la mesa.
Rebecca habló antes que yo.
—Señor Shaw.
Le presento oficialmente a la presidenta ejecutiva para Europa de Qin Global.
La señora Clara Qin.
Mi esposo me miró como si nunca me hubiera visto.
Vanessa entró unos segundos después.
Traía una carpeta bajo el brazo.
Sonreía.
Hasta que levantó la vista.
Su expresión cambió de inmediato.
—Tú…
Asentí con tranquilidad.
—Buenos días.
Nadie dijo una palabra.
El presidente del consejo inició la reunión.
—Comencemos.
Adrian seguía sin apartar los ojos de mí.
—¿Por qué nunca me dijiste…?
Lo interrumpí con absoluta serenidad.
—Nunca preguntaste.
La negociación comenzó.
Durante dos horas analizamos contratos, cláusulas y garantías.
Cada vez que Adrian intentaba explicar un punto técnico…
Yo ya había señalado el riesgo correspondiente.
Cada propuesta encontraba una respuesta.
Cada argumento tenía una solución mejor.
Vanessa dejó de intervenir.
Sabía perfectamente quién estaba dirigiendo realmente aquella mesa.
Al terminar la sesión, el presidente sonrió.
—Excelente trabajo, señora Qin.
Después miró hacia Adrian.
—Señor Shaw.
Necesitaremos revisar nuevamente varios apartados del contrato.
Adrian apenas asintió.
Seguía mirándome.
Cuando todos comenzaron a salir, él dio un paso hacia mí.
—Tenemos que hablar.
Guardé lentamente mis documentos.
—No.
—Tenemos una hija.
Lo miré directamente.
—Precisamente por ella ya no hablaré sin abogados presentes.
Vanessa intentó acercarse.
—Clara…
Levanté una mano.
—No.
—Aquella noche me acusaste de agredirte.
—Y permitiste que mi esposo me golpeara delante de todos.
Ella bajó lentamente la cabeza.
No intentó defenderse.
Rebecca se acercó con otra carpeta.
—Directora.
Llegó el informe que solicitó.
Lo abrí allí mismo.
Era una investigación interna sobre intentos de obtener información confidencial de Qin Global durante los últimos ocho meses.
El primer nombre apareció inmediatamente.
Vanessa Lin.
El segundo…
Me hizo detener la respiración.
Adrian Shaw.
Levanté lentamente la vista.
Él parecía no entender.
Rebecca habló con absoluta calma.
—Hace ocho meses alguien comenzó a solicitar documentos protegidos relacionados con nuestras filiales.
Las solicitudes provenían del despacho Sterling Legal.
Miré a Adrian.
—¿Sabías que trabajabas contra mi empresa?
Él negó inmediatamente.
—Nunca supe que Qin Global era tu familia.
Asentí.
—Eso responde una pregunta.
Pero no la importante.
Saqué mi teléfono nuevo.
Abrí una fotografía.
Era la marca roja de mi mejilla tomada la mañana siguiente a la bofetada.
La dejé sobre la mesa.
—Esto terminó nuestro matrimonio.
Después coloqué otra fotografía.
Era una captura de las cámaras de seguridad del restaurante.
Vanessa derramando deliberadamente el vino sobre mi vestido.
Y un segundo ángulo mostrando claramente que yo jamás la había tocado.
Vanessa comenzó a temblar.
—Yo…
—La policía ya recibió el video.
Respondí tranquilamente.
—También lo recibió el colegio de abogados.
Adrian cerró los ojos.
Por primera vez comprendió que aquella bofetada no era solo un problema familiar.
Podía destruir toda su carrera.
Cuando estaba a punto de salir de la sala, Rebecca recibió una llamada.
Escuchó unos segundos.
Después me miró.
—Directora…
Hay algo más.
Me entregó una tableta.
En la pantalla aparecía una transferencia bancaria realizada apenas cuarenta y ocho horas antes.
Origen.
Una empresa vinculada a Horizon Biotech.
Destino.
La cuenta personal de Vanessa Lin.
Concepto.
“Proyecto Nia.”
Fruncí el ceño.

—¿Proyecto… Nia?
Rebecca asintió lentamente.
—Los investigadores creen que no buscaban únicamente obtener información de Qin Global.
Hizo una pausa.
—Todo indica que alguien llevaba meses reuniendo información sobre los movimientos, la escuela y la rutina diaria de su hija.