Emily perdió el equilibrio.
Logró apoyarse sobre el escritorio antes de caer por completo.
La otra mano seguía protegiendo instintivamente su abdomen.
El dolor era intenso.
Pero el miedo era aún peor.
Adrian sostenía su muñeca con fuerza.
—¡Suéltame! —dijo ella.
Claire dio dos pasos hacia atrás y comenzó a llorar.
—Yo solo vine a recoger los protocolos… Emily se puso muy agresiva…
Adrian ni siquiera preguntó qué había ocurrido.
Se colocó inmediatamente delante de Claire.
Como si estuviera protegiéndola.
Como si Emily fuera el peligro.
—¡Mira lo que acabas de hacer!
Emily lo observó incrédula.
—¿De verdad vas a creer esa mentira?
Claire negó con la cabeza mientras fingía secarse las lágrimas.
—No quería discutir… solo le pedí los documentos…
Las enfermeras del pasillo comenzaron a acercarse.
Varias habían escuchado el golpe.
Una de ellas entró rápidamente.
—Doctora Carter…
¿Está bien?
Emily respiró con dificultad.
—Necesito que llamen a Obstetricia.
Ahora.
La enfermera palideció al verla sujetándose el vientre.
Corrió inmediatamente.
Solo entonces Adrian pareció darse cuenta de la gravedad.
—Emily…
Ella levantó una mano.
—No me toques.
Él dio un paso.
Ella retrocedió.
—Te dije que no me tocaras.
Cinco minutos después, la llevaron a Urgencias para revisar al bebé.
La ecografía se hizo en absoluto silencio.
Emily permanecía inmóvil sobre la camilla.
Solo cuando escuchó el fuerte latido del corazón de su hijo volvió a respirar con normalidad.
El obstetra sonrió.
—El bebé está bien.
Pero necesita reposo.
Y evitar situaciones de estrés.
Emily cerró los ojos.
Sintió una mezcla de alivio y rabia.
Habían estado a segundos de provocar una tragedia.
Mientras tanto, en el edificio principal del hospital, la noticia ya recorría todos los pisos.
“La doctora Carter terminó en Urgencias después de discutir con Claire.”
Cada versión era distinta.
Hasta que apareció un dato que nadie esperaba.
El jefe de Seguridad llegó a la oficina de Adrian.
—Director…
Tenemos un problema.
—¿Qué ocurre?
—La discusión ocurrió justo frente a una de las cámaras del pasillo.
Adrian levantó la vista.
—¿La cámara funciona?
—Sí.
Grabó todo.
Claire sintió cómo desaparecía el color de su rostro.
Intentó intervenir.
—Seguramente el ángulo no muestra bien…
El jefe de Seguridad negó lentamente.
—Se ve perfectamente.
Se aprecia que la doctora Carter intenta apartarse.
Y también…
Guardó unos segundos de silencio.
—Que usted avanza deliberadamente hacia ella antes de que pierda el equilibrio.
La oficina quedó completamente muda.
Claire abrió la boca.
No salió ninguna palabra.
Adrian respiró hondo.
—Muéstreme la grabación.
La imagen apareció en la pantalla.
No dejaba lugar a interpretaciones.
Emily retrocedía.
Claire avanzaba.
Emily protegía su abdomen.
Y luego llegaba el impacto.
El silencio fue absoluto.
El jefe de Recursos Humanos, que también había sido llamado, apagó lentamente el monitor.
—Director Collins…
Esto cambia completamente la situación.
En ese mismo instante, el teléfono de Adrian comenzó a sonar.
Era el presidente de la junta.
Contestó.
Escuchó apenas unos segundos.
Su expresión cambió por completo.
—¿Cómo que renunció?
Miró inmediatamente hacia Recursos Humanos.
—¿Emily presentó la renuncia?
La directora de RR. HH. abrió un sobre.
—Hace cuarenta minutos.
Es oficial.
Irrevocable.
Y tiene efecto inmediato.
Junto con la renuncia venía una segunda carta.
La mujer comenzó a leer.
—”Asimismo, informo que he aceptado el cargo de Directora de Cardiología en el Hospital St. Raphael. Solicito que toda comunicación futura se realice únicamente por escrito a través de mi representación legal.”
Adrian sintió un vacío en el estómago.
No solo perdía a la mejor cirujana del hospital.
Perdía a la única especialista que dominaba el procedimiento de reconstrucción valvular que el gobernador necesitaba la semana siguiente.
El jefe de cirugía rompió el silencio.
—Director…
Hay otro problema.
Adrian ya casi no podía responder.
—¿Cuál?
—La familia del gobernador acaba de llamar.
Preguntan si la doctora Carter sigue siendo la responsable de la cirugía.
Porque…
Hizo una pausa.

—Ellos rechazaron expresamente que cualquier otro médico sustituya a la doctora Carter.
Y advirtieron que, si ella no opera, trasladarán al gobernador a otro hospital.
El despacho volvió a quedar en silencio.
Por primera vez desde que tomó aquella decisión, Adrian comprendió que no solo había perdido a su esposa.
Acababa de poner en riesgo el prestigio del hospital que llevaba años intentando convertir en el mejor del estado.