PARTE 2: LA RENUNCIA QUE NO ESPERABA

A las ocho y media de la mañana entré a la oficina.

Todos levantaron la vista.

Mi rodilla seguía vendada y caminaba un poco más despacio, pero el dolor físico era mucho más llevadero que el de la noche anterior.

Natalie fue la primera en acercarse.

—¿Qué te pasó?

Bajó la mirada hacia mi pierna.

—¿Te caíste ayer?

Sonreí con educación.

—Sí.

Esperó una explicación.

No la tuvo.

Durante años había sentido la necesidad de justificarlo todo.

Aquella mañana descubrí que el silencio podía ser mucho más contundente.

Entré directamente al departamento de Recursos Humanos.

Coloqué mi carta sobre el escritorio.

—Presento mi renuncia.

La gerente levantó la vista, sorprendida.

—¿Hay algún problema?

—Encontré una nueva oportunidad profesional.

No preguntó más.

Firmó el recibido.

Mientras salía, vi a Ethan esperando junto al elevador.

Había estado buscándome.

—¿Podemos hablar?

Asentí.

Nos dirigimos a una pequeña sala de reuniones.

Apenas cerró la puerta, respiró profundamente.

—¿De verdad vas a renunciar por lo de ayer?

Lo miré con calma.

—No renuncio por ayer.

Renuncio por los últimos tres años.

Frunció el ceño.

—Estás exagerando.

No pude evitar sonreír.

Aquellas dos palabras.

Las mismas de siempre.

Cuando cancelaba nuestras citas por acompañar a Natalie.

Cuando olvidaba mi cumpleaños porque ella necesitaba ayuda con un informe.

Cuando me pedía caminar unos metros detrás de él para que nadie sospechara.

Siempre era yo quien exageraba.

—¿Sabes qué fue lo primero que me preguntó la recepcionista del hotel anoche?

Guardó silencio.

—Me preguntó por qué mi novio no había ido a buscarme.

Él bajó la mirada.

—Y me di cuenta de algo.

Nunca tuve un novio.

Solo tuve un hombre que me quería cuando nadie lo estaba mirando.

Ethan dio un paso hacia mí.

—No es así.

—¿Entonces cómo es?

No respondió.

Porque no existía una respuesta capaz de borrar tres años de esconderme.

Después de un largo silencio, habló en voz baja.

—Mi posición en la empresa era complicada.

No quería que dijeran que favorecía a mi novia.

Solté una risa breve.

—Curioso.

Porque nadie tuvo problemas en decir que favorecías a Natalie.

Su expresión cambió.

—Eso es diferente.

—¿En qué?

—Ella necesitaba apoyo.

Lo miré fijamente.

—Yo también.

El silencio volvió a llenar la habitación.

Entonces saqué mi teléfono.

Abrí el chat de la empresa.

La fotografía bajo el paraguas seguía circulando.

Más de trescientas reacciones.

Decenas de comentarios.

Deslicé la pantalla hasta llegar a mi conversación con Ethan.

La mostré.

“Regresa en taxi.”

“La ropa de Natalie está mojada.”

“No pienses demasiado.”

Bloqueé su número delante de él.

Después eliminé toda la conversación.

Ethan levantó la cabeza de golpe.

—¿Qué haces?

—Terminando una relación.

Por primera vez vi auténtico miedo en sus ojos.

—¿Solo por esto?

Negué lentamente.

—No.

Por haberme convencido durante tres años de que pedir un lugar en tu vida era pedir demasiado.

Él intentó sujetarme de la muñeca.

Retrocedí un paso.

—No me toques.

En ese momento llamaron a la puerta.

Era el director general.

—Ethan, tenemos una reunión urgente.

Miró hacia mí.

—Ah, señorita Carter.

Justo quería felicitarla.

Fruncí el ceño.

—¿Felicitarme?

—Arkstone acaba de informar oficialmente que será su nueva directora de estrategia comercial.

Toda la sala quedó en silencio.

El director sonrió.

—Trabajaremos con usted desde el otro lado de la mesa.

Esperamos construir una excelente relación.

Vi cómo el rostro de Ethan perdía el color.

Él conocía perfectamente lo que significaba ese cargo.

Arkstone no solo era el cliente más importante de la empresa.

Era el cliente que decidía más del cuarenta por ciento de su facturación anual.

Y a partir de ese momento, muchas negociaciones pasarían primero por mi escritorio.

Cuando el director se marchó, Ethan seguía inmóvil.

—¿Lo sabías?

Preguntó casi en un susurro.

—Desde anoche.

—¿Y por qué no me dijiste nada?

Lo miré con tranquilidad.

—Porque, por primera vez en tres años…

Ya no sentí la necesidad de pedirte permiso para elegir mi futuro.

Abrí la puerta.

Antes de salir, me detuve solo un instante.

—Por cierto…

Ayer sí miré hacia atrás.

Tú nunca lo hiciste.

Salí de la sala sin volverme.

Y mientras caminaba hacia el ascensor, mi teléfono vibró con un nuevo correo de Arkstone.

No era un simple mensaje de bienvenida.

Era la agenda de la primera negociación.

La empresa que representaría debía reunirse con nosotros el lunes siguiente.

El responsable de liderar esa negociación por parte de mi antigua empresa tenía un solo nombre.

Ethan Cole.

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