Parte 2: La Reina Regresa

La puerta del Rolls-Royce se cerró con un sonido seco, aislando por completo el ruido de la tormenta exterior.

Dentro del coche, el silencio era absoluto.

Lin Wan apoyó la cabeza ligeramente contra el respaldo. Sus dedos, aún fríos por la lluvia, descansaban sobre sus rodillas. El tenue aroma a cuero fino y madera pulida llenaba el ambiente, tan distinto del aire opresivo de la mansión que acababa de abandonar.

—¿Destino: sede central? —preguntó el conductor con voz respetuosa.

—Sí.

Una sola palabra.

Pero en ese instante, todo cambió.

El coche arrancó suavemente, deslizándose sobre el asfalto mojado como una sombra silenciosa. A través de la ventana, la figura de la mansión de la familia Gu se hacía cada vez más pequeña… hasta desaparecer por completo.

Lin Wan cerró los ojos.

Tres años.

Había intentado ser una esposa común.

Había intentado amar a un hombre como cualquier mujer normal.

Había enterrado su identidad, su poder, su mundo entero… por una ilusión.

Qué ridículo.

El teléfono vibró nuevamente.

Esta vez, no lo ignoró.

Desbloqueó la pantalla.

Decenas de mensajes aparecieron al instante.

【El mercado europeo está esperando su decisión final.】

【Los accionistas principales ya han llegado.】

【El equipo legal ha preparado todos los documentos de adquisición.】

Sus ojos recorrieron la información rápidamente.

Fríos. Precisos. Sin una sola emoción innecesaria.

Muy distinto a la mujer que, hacía apenas una hora, sostenía una cuchara de sopa en una cocina.

—Conecta con la reunión —ordenó.

—Sí, presidenta.

El conductor tocó un botón. Una pantalla oculta se desplegó frente a ella.

En cuestión de segundos, aparecieron múltiples rostros en videollamada.

Todos ellos… figuras que podían sacudir mercados internacionales con una sola decisión.

Pero en ese momento, todos guardaban silencio.

Esperando.

—Presidenta Lin.

Uno de los hombres habló primero, con evidente respeto.

—La adquisición en Europa implica más de 120.000 millones de yuanes. Si avanzamos, el impacto en el mercado será inmediato.

Lin Wan entrelazó lentamente los dedos.

Su voz fue tranquila.

—Procedan.

Silencio.

Luego, una leve conmoción contenida.

—¿Confirmamos adquisición total?

—Total.

Sin vacilar.

Sin negociar.

Como si esa cifra astronómica no fuera más que un número cualquiera.

—Entendido.

—Ejecutaremos de inmediato.

La llamada se cortó.

El coche continuó avanzando bajo la lluvia.

El reflejo de las luces de la ciudad se deslizaba sobre su rostro, dibujando una expresión completamente distinta.

Fría.

Dominante.

Inalcanzable.

Mientras tanto, en la mansión de la familia Gu.

La atmósfera era completamente diferente.

La madre de Gu observaba el acuerdo de divorcio firmado, con una sonrisa satisfecha.

—Por fin se ha ido esa mujer.

Gu Chenzhou permanecía de pie junto a la ventana.

No hablaba.

No se movía.

Algo… no encajaba.

La última mirada de Lin Wan.

Esa calma.

Esa seguridad.

No era la expresión de alguien que acababa de perderlo todo.

Era…

Como si hubiera sido liberada.

—Chenzhou —la voz de su madre interrumpió sus pensamientos—. Mañana organizaremos una cena. Wanning debe presentarse oficialmente.

—…Bien.

Respondió automáticamente.

Pero su mente estaba en otro lugar.

En ese instante, su teléfono sonó.

Era su asistente.

—Presidente Gu… algo ha pasado.

—Habla.

—Acaba de salir una noticia internacional… un grupo financiero misterioso ha adquirido de forma total tres corporaciones europeas clave.

Gu Chenzhou frunció el ceño.

—¿Y?

—El capital movilizado… supera los 120.000 millones de yuanes.

Silencio.

—¿Quién está detrás?

Hubo una pausa.

—El nombre clave del proyecto es…

El asistente tragó saliva.

—“LW”.

El corazón de Gu Chenzhou dio un vuelco.

LW.

Lin… Wan.

—Eso es imposible.

Su voz fue baja.

Pero por primera vez… insegura.

—Estamos investigando, pero… —el asistente dudó— todas las rutas financieras apuntan a un mismo núcleo.

—¿Cuál?

—La sede central del Grupo Lin Internacional.

Boom.

Como un trueno estallando dentro de su mente.

Grupo Lin.

Una existencia que incluso la familia Gu apenas podía alcanzar.

Un imperio financiero que operaba en las sombras… pero controlaba innumerables mercados.

Y en ese momento—

Una idea imposible cruzó su mente.

Recordó.

Las llamadas que Lin Wan siempre rechazaba.

El correo que apagó sin mirar.

La calma con la que firmó el divorcio.

Su respiración se volvió pesada.

—Investiga… quién es la presidenta actual del Grupo Lin.

—Sí, presidente.

Unos segundos después.

El teléfono volvió a sonar.

Esta vez, el silencio fue más largo.

Más pesado.

—Presidente Gu…

—La presidenta del Grupo Lin…

—Se llama…

El asistente dudó, como si incluso pronunciarlo fuera difícil de creer.

—Lin Wan.

Silencio absoluto.

El mundo de Gu Chenzhou… se derrumbó en ese instante.

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