Rodrigo quedó inmóvil.
Durante varios segundos fue incapaz de respirar.
—¿Qué… qué acabas de decir?
Mariana sostuvo a Mateo contra su pecho sin apartar la mirada.
—Escuché todo.
Tomó su teléfono.
Abrió una fotografía.
La dejó frente a él.
Era el supuesto informe de infertilidad que Valeria le había enviado.
Rodrigo sintió que el color abandonaba su rostro.
Después apareció otra imagen.
La conversación completa.
“Lo importante es que firme el convenio antes de la prueba de ADN.”
Él reaccionó de inmediato.
—¡Me revisaste la tableta!
—No.
Mariana habló con una calma que lo desconcertó.
—La cargué.
—La verdad decidió aparecer sola.
Rodrigo intentó recuperar el teléfono.
Ella lo apartó.
—No te acerques a mi hijo.
Él comenzó a caminar de un lado a otro.
—Puedo explicarlo.
—Entonces explica por qué una mujer que no es tu esposa está preparando documentos para quitarme mi casa, mi dinero y la pensión de nuestro hijo.
No encontró respuesta.
En ese momento sonó el timbre.
Rodrigo frunció el ceño.
—¿Esperas a alguien?
Mariana sonrió por primera vez.
—Sí.
Abrió la puerta.
Fernanda entró acompañada por un hombre de traje.
—Buenas noches.
Rodrigo dio un paso atrás.
—¿Quién es él?
El hombre mostró su credencial.
—Licenciado Arturo Salinas.
—Perito judicial especializado en genética forense.
Rodrigo palideció.
Fernanda dejó un maletín sobre la mesa.
—Ya que insistes tanto con la paternidad…
Sacó dos sobres estériles.
—Haremos la prueba de ADN ahora mismo.
Rodrigo tragó saliva.
—No hace falta.
—Hace cinco minutos sí hacía falta.
Fernanda cruzó los brazos.
—¿Qué cambió?
Él permaneció en silencio.
El perito preparó los hisopos.
—Solo necesito una muestra de saliva del menor y del presunto padre.
Rodrigo comenzó a retroceder.
—No voy a hacer ninguna prueba.
Mariana lo miró fijamente.
—Curioso.
—Hace una hora decías que Mateo no era tu hijo.
—Ahora eres tú quien no quiere saber la verdad.
Fernanda abrió otra carpeta.
—También presentamos una solicitud para que el juzgado ordene una prueba obligatoria si usted continúa negándose.
Rodrigo sintió que todo escapaba de su control.
Entonces tomó el teléfono.
Llamó desesperadamente a Valeria.
Ella respondió casi al instante.
—¿Ya firmó?
Rodrigo activó el altavoz sin darse cuenta.
Fernanda sonrió.
Valeria continuó hablando.
—Dime que no aceptó la prueba de ADN.
Porque si descubre que el informe de infertilidad era falso…
Rodrigo cerró los ojos.
Demasiado tarde.
En la sala solo se escuchaba la respiración de Mateo.
Valeria comprendió de inmediato.
—Rodrigo…
La llamada se cortó.
Fernanda guardó lentamente el teléfono.
—Perfecto.
—Ahora ya tenemos fraude documental, intento de privación de derechos patrimoniales y una confesión espontánea.
Rodrigo dejó caer el cuerpo sobre una silla.
Mariana se acercó despacio.
—No me duele que me hayas engañado.
Él levantó la cabeza.
—Me duele que estuvieras dispuesto a convertir a tu propio hijo en una mentira para proteger a tu amante.
Mateo abrió los ojos en ese instante.
Sonrió al ver a su padre.
La misma sonrisa.
El mismo hoyuelo.
El mismo rostro.

Rodrigo comprendió entonces que nunca había dudado realmente de la paternidad.
Solo necesitaba una excusa para abandonar a su familia sin pagar el precio.
Y esa mentira acababa de destruirle la vida antes incluso de llegar al tribunal.