A las nueve de la mañana, mi nombre ya era tendencia.
“HEREDERA SE NIEGA A SALVAR A JOVEN ENFERMA.”
“¿HASTA DÓNDE PUEDE LLEGAR EL RENCOR DE UNA EXESPOSA?”
Valeria publicó una fotografía desde la cama del hospital.
Pálida.
Frágil.
Con Lucas sentado a su lado.
El texto decía:
“No odio a nadie. Solo quiero vivir.”
Clara dejó el teléfono sobre mi escritorio.
—¿Publicamos el comunicado?
—Todavía no.
—Presidenta Su, están destruyendo su reputación.
—Entonces necesitamos algo mejor que una negación.
Abrí el expediente médico.
—Quiero saber por qué están tan seguros de que yo puedo salvarla.
Clara frunció el ceño.
—Lucas dijo que necesitan comprobar su compatibilidad.
—No.
Señalé una captura de los mensajes.
—Anoche escribió que yo puedo salvarla.
No “podría”.
Puedo.
Clara comprendió.
Dos horas después, el abogado del Grupo Su obtuvo una respuesta formal del hospital.
Yo jamás había realizado una prueba de compatibilidad para Valeria.
Entonces ¿cómo sabía Lucas que mi médula serviría?
La respuesta apareció en un registro antiguo.
Seis meses atrás.
Hospital Beicheng.
Mi nombre.
Una muestra de sangre.
Solicitud de tipificación HLA.
Me quedé inmóvil.
—Yo nunca autoricé esto.
Clara pasó la página.
La muestra había sido tomada durante mi examen médico anual.
Y posteriormente utilizada para una prueba que yo desconocía.
—¿Quién solicitó la comparación?
—Doctor Wang.
—¿Contra quién?
Clara me miró.
—Valeria Zhou.
Sentí frío.
Seis meses antes de nuestro divorcio, alguien ya sabía que Valeria podía necesitar mi médula.
Y había utilizado mi sangre sin consentimiento para comprobarlo.
—¿Resultado?
—Compatibilidad extraordinariamente alta.
Cerré la carpeta.
—Demasiado alta.
Clara entendió lo mismo.
La compatibilidad entre personas sin parentesco podía ocurrir.
Pero el propio informe recomendaba revisar relación familiar.
—Consigue un hematólogo independiente.
Aquella tarde me reuní con Sebastian Stone.
Esperaba encontrar a un empresario arrogante.
Encontré a un hombre de treinta y tantos años que dejó su café cuando entré.
—Presidenta Su.
—Señor Stone.
Hablamos de Yunling durante cuarenta minutos.
Al terminar, Sebastian cerró el expediente.
—Ahora podemos hablar de Lucas Lu.
Lo miré.
—No recuerdo haberlo incluido en la agenda.
—Él sí la incluyó a usted en la suya.
Sacó una propuesta.
Lu Group buscaba financiación urgente.
El terreno de Yunling era parte de la garantía de una operación que Lucas esperaba cerrar con Stone Group.
—¿Por qué me enseña esto?
—Porque ayer Lucas me ofreció algo que no posee.
—¿Qué?
—Sus derechos sobre Yunling.
Me reí.
—No tiene ninguno.
—Lo sé.
Sebastian me observó.
—Pero dijo que después de que usted ayudara a Valeria, volvería a ser “razonable”.
Mi sonrisa desapareció.
Lucas no solo utilizaba la enfermedad de Valeria para presionarme.
También esperaba recuperar influencia sobre mí.
—La reunión ha terminado.
Al salir, encontré a Lucas esperándome.
—Sofía.
—Presidenta Su —corrigió Clara.
Lucas la ignoró.
—Necesito hablar contigo.
—Tienes abogados.
—Esto no es sobre el divorcio.
—¿Sobre mi médula?
Su rostro se tensó.
—Valeria empeoró.
—¿Cómo sabías que soy compatible?
Silencio.
Vi la respuesta.
—Usaste mi sangre.
—Sofía…
—¿Sin mi consentimiento?
—Era una emergencia.
—Hace seis meses.
Lucas palideció.
—¿Quién te dio esa información?
—Contesta.
—Valeria llevaba tiempo enferma.
Sentí que las piezas empezaban a encajar.
—¿Desde cuándo?
—Casi un año.
Un año.
Durante nuestro matrimonio.
—¿Y llevabas meses buscando un donante?
—Sí.
—¿Por eso empezaste a insistir en que yo hiciera mis controles médicos en Beicheng?
No respondió.
Me reí.
No porque fuera gracioso.
Porque por fin entendía.
—Ni siquiera te divorciaste de mí por ella.
—¿Qué?
—Esperaste hasta comprobar que yo podía servirle.
Lucas dio un paso hacia mí.
—No fue así.
—¿Cuándo supiste que era compatible?
—Sofía…
—¿Antes o después de pedirme el divorcio?
Su silencio fue suficiente.
Lo dejé allí.
Esa noche autoricé el comunicado.
No mencionamos infidelidades.
No mencionamos el divorcio.
Publicamos hechos.
Mi sangre había sido utilizada sin mi consentimiento.
No existía autorización para donación.
Cualquier procedimiento médico futuro sería decidido únicamente por mí y mis médicos.
La opinión pública cambió en cuestión de horas.
Entonces ocurrió algo que no esperaba.
El doctor Wang pidió verme en privado.
Llegó acompañado de un abogado.
Parecía aterrorizado.
—Señora Su, necesito corregir información de su expediente.
—¿Qué información?
—La prueba HLA no fue la primera.
—Explíquese.
Sacó un informe.
Había otra comparación.
De hacía diecinueve años.
Yo tenía siete.
—¿Por qué compararían mi médula con la de Valeria cuando éramos niñas?
—No la compararon con Valeria.
Miré el documento.
Paciente receptora:
Zhou Meilin.
—¿Quién es?
El médico tragó saliva.
—La madre de Valeria.
Sentí que algo se detenía dentro de mí.
—¿Por qué aparece mi nombre?
—Porque usted también fue compatible con ella.
—Eso no demuestra nada.
—No.
Sacó una segunda hoja.
—Esto sí podría.
Era un estudio genético antiguo.
Mi padre aparecía identificado como Su Jianhua.
Mi madre, Lin Yue.
Pero había una anotación:
“Filiación materna inconsistente.”
—¿Qué significa?
El doctor Wang bajó la voz.
—Que según esta prueba, Lin Yue no es su madre biológica.
Me levanté lentamente.
—¿Quién lo es?
—El expediente no lo dice.
—Entonces ¿qué tiene que ver Zhou Meilin?
El médico cerró los ojos.
—Ella dio a luz a dos niñas el mismo día que usted nació.
—¿Gemelas?
—Eso consta en el archivo original.
Sentí frío.
—Valeria es hija única.
—Eso dice su documentación actual.
Clara recibió un mensaje.
Lo leyó.
—Presidenta Su.
—¿Qué?
—Legal encontró el certificado de nacimiento original de Valeria.
Me mostró la pantalla.
Fecha.
Hospital.
Madre: Zhou Meilin.
Número de nacimiento:
DOS.
Me quedé mirando aquel número.
Entonces mi teléfono sonó.
Lucas.
Lo rechacé.
Volvió a llamar.
Esta vez contesté.
—¿Qué quieres?
—Sofía, no hagas ninguna prueba genética.
Mi sangre se congeló.
—¿Cómo sabes que estoy investigando eso?
Lucas guardó silencio.
—¿Lo sabías?
—Escúchame.
—¿Sabías que Valeria y yo podríamos ser hermanas?
—No exactamente.
—¿Qué significa “no exactamente”?
—Tu padre me hizo prometer que nunca te lo contaría.
Todo mi cuerpo quedó inmóvil.
—Mi padre murió hace cuatro años.
—Antes de morir me entregó un expediente.
—¿Qué decía?
Lucas respiró profundamente.
—Que hubo dos bebés.
—¿Valeria y yo?
—Sí.
Cerré los ojos.
—¿Gemelas?
—Eso creí durante años.
—¿Y ahora?
La voz de Lucas bajó.
—Ahora sé que el hospital cambió los registros.
—¿Por qué?
—Porque una de las dos niñas no era hija de Zhou Meilin.
Abrí los ojos.
—¿Cuál?
Lucas tardó demasiado.
—Valeria.
El mundo pareció inclinarse.
—Entonces ¿quién es?
—No lo sé.
—Mientes.
—Sofía, hay algo peor.
—¿Qué?
—Tu padre dejó una instrucción: si Valeria alguna vez desarrollaba una enfermedad hematológica, nadie debía permitir que recibiera médula tuya.
Miré al doctor Wang.
—¿Por qué?
Lucas guardó silencio.
—¡¿Por qué?!
Cuando respondió, su voz temblaba.
—Porque esto ya ocurrió una vez.
No pude respirar.
—¿Con quién?
—Con la madre de Valeria.
El doctor Wang cerró los ojos.
Lucas continuó:
—Zhou Meilin no murió por su enfermedad.
—¿Entonces?
—Murió después del trasplante.
Miré mi expediente infantil.
—¿Quién fue el donante?
Lucas susurró:
—Tu madre biológica.
La habitación quedó en silencio.
—¿Quién era?
—Eso es lo que tu padre intentó ocultarte.
—Dime su nombre.
—Lin Yue no es tu madre biológica, Sofía.
—Eso ya lo sé.
—Pero sí es la madre biológica de Valeria.
Sentí que el corazón se detenía.
—Entonces mi madre…
Lucas respiró.
—Tu madre biológica se llamaba Elena Su.
El apellido me resultó familiar.
Demasiado familiar.
Clara palideció antes que yo.
—Presidenta Su…
La miré.
—¿Qué?
Giró lentamente su tableta.
Elena Su figuraba en los documentos fundacionales de mi empresa.
Cofundadora.
Accionista original.
Y oficialmente muerta veintidós años atrás.
Pero había una autorización corporativa firmada por ella.
Fecha:

La semana pasada.
Debajo aparecía una sola instrucción:
“Bajo ninguna circunstancia permitan que Sofía done médula a Valeria Zhou.”