PARTE 2: LA PRUEBA QUE NADIE ESPERABA

Adrian tomó la primera carpeta.

—¿Quién autorizó a Marta a entrar?

—Nadie.

Pasó una página.

Después otra.

Su expresión se volvió cada vez más seria.

—Estas cámaras fueron instaladas ayer.

—No —respondí—. Fueron instaladas hace seis meses.

Adrian levantó la mirada.

—¿Hace seis meses?

Asentí.

—Tu padre me pidió que revisara la seguridad de esta propiedad antes de nuestra boda.

Aquello pareció desconcertarlo.

—¿Mi padre?

—Sí.

Antes de que pudiera continuar, su teléfono sonó.

Era el presidente Cole.

Adrian contestó.

La voz de su padre llegó tan fuerte que pude escucharla desde el otro lado de la mesa.

—Lleva a Elena a mi despacho. Ahora.

Adrian me miró.

—¿Sabías que iba a llamar?

—No.

Guardé los documentos.

—Pero creo que sé por qué.

Media hora después, entramos en la oficina del presidente.

El hombre cerró la puerta y dejó un sobre sobre el escritorio.

—Adrian, hay algo que ninguno de ustedes sabe.

Miró primero a su hijo y después a mí.

—Vivian no cayó en desgracia por culpa de su padre.

Adrian frunció el ceño.

—¿Qué estás diciendo?

El presidente empujó el sobre hacia nosotros.

—Los documentos financieros fueron manipulados.

Abrí el expediente.

Había transferencias, cuentas extranjeras y firmas falsificadas.

Pero había un nombre que aparecía repetidamente.

Lane.

Y debajo, una segunda firma.

La de un ejecutivo de Horizon.

Adrian palideció.

—¿Alguien dentro de la empresa ayudó a la familia Lane?

Su padre asintió.

—Y lo hizo durante años.

Sentí un escalofrío.

Entonces recordé algo.

Tres días antes de la boda, Vivian había enviado a mi padre un mensaje que él nunca me mostró.

Le pedía una reunión privada.

Abrí mi teléfono y busqué una copia que había guardado.

El mensaje decía:

“Si Elena se casa con Adrian, alguien morirá antes de que termine el año.”

Adrian leyó la pantalla.

Su rostro cambió por completo.

—¿Por qué nunca me dijiste esto?

Lo miré.

—Porque pensé que era una amenaza vacía.

El presidente se levantó lentamente.

—No lo era.

Sacó otra fotografía.

Era una imagen tomada frente a la villa de Vivian.

Y en el fondo aparecía un hombre que Adrian conocía demasiado bien.

Su propio tío.

Entonces el teléfono del presidente comenzó a sonar.

Contestó.

Escuchó durante unos segundos.

Después levantó la mirada hacia nosotros.

—Vivian acaba de desaparecer.

El silencio cayó sobre la habitación.

Adrian apretó la fotografía.

Y yo comprendí que mi matrimonio no era una simple alianza entre dos familias.

Alguien había organizado aquella boda por una razón.

Y ahora que yo había empezado a descubrirla, también me había convertido en un objetivo.

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