Me levanté tan rápido que la silla cayó detrás de mí.
—¿Ethan?
Sus párpados volvieron a moverse.
Esta vez no había duda.
Sus ojos se abrieron apenas, confundidos por la luz.
Corrí hacia la puerta.
—¡Enfermera!
Antes de alcanzarla, escuché un sonido ronco detrás de mí.
—No…
Me quedé inmóvil.
Giré lentamente.
Ethan me estaba mirando.
—¿Dijiste algo?
Sus labios volvieron a moverse.
—No… llames.
Sentí que me faltaba el aire.
Nueve meses sin hablar.
Y sus primeras palabras eran una petición para ocultar que había despertado.
Regresé junto a la cama.
—¿Puedes entenderme?
Parpadeó una vez.
—¿Sabes quién eres?
Otro parpadeo.
—¿Sabes quién soy yo?
Esta vez negó apenas con la cabeza.
Casi me reí.
—Eso tiene sentido. Nos casamos esta mañana.
Sus ojos se abrieron un poco más.
—¿Qué?
—Es una historia larga.
Intentó incorporarse, pero su cuerpo no respondió como quería.
—No lo hagas.
Lo ayudé a permanecer cómodo.
—Necesitas atención médica.
Su mano atrapó débilmente mi muñeca.
—Jason.
El nombre me hizo estremecer.
—¿Tu primo?
Ethan cerró los ojos un instante.
—No… confíes.
La puerta se abrió.
La enfermera entró.
Solté inmediatamente su mano.
Ethan había vuelto a cerrar los ojos.
—Escuché algo caer.
—Fui yo. Tropecé.
Ella revisó los monitores.
—Todo normal.
Miré a Ethan.
No se movió.
Estaba fingiendo.
Cuando la enfermera salió, esperé casi un minuto.
—Puedes abrirlos.
Lo hizo.
—¿Por qué Jason?
Ethan respiró lentamente.
—Accidente.
—¿Qué accidente?
—No recuerdo todo.
Su voz era apenas audible.
—Pero recuerdo discutir con él.
Sentí frío.
—¿Antes de entrar en coma?
Asintió.
—¿Sobre qué?
—El fideicomiso.
Aquello coincidía con lo que mi padre me había contado.
Si Ethan no cumplía determinadas condiciones antes de los treinta, Jason podía beneficiarse del cambio de control.
—Tu abuela organizó nuestro matrimonio para impedir que Jason obtuviera la empresa.
Ethan me observó.
—Vivian hizo esto.
No parecía sorprendido.
Eso me inquietó todavía más.
—Mi padre dijo que el matrimonio borraría nuestras deudas.
Ethan frunció el ceño.
—¿Cuánto?
—Casi ochocientos mil dólares.
Su mirada se endureció.
—Por casarte conmigo.
Asentí.
—Entonces te compraron.
Dolió escucharlo en voz alta.
—Mi padre lo llama salvarnos.
Ethan soltó una respiración amarga.
—En esta familia usamos palabras bonitas para cosas horribles.
Horas después, un médico realizó su revisión habitual.
Ethan no volvió a abrir los ojos.
Esperamos hasta la madrugada.
Entonces me habló otra vez.
—Busca mi teléfono.
—¿Dónde?
—Caja fuerte.
Detrás de un cuadro encontré un pequeño compartimento.
Dentro había documentos, un reloj y un teléfono apagado.
—Código.
Me dijo seis números.
Lo encendí.
Había decenas de mensajes antiguos.
El último era de la noche anterior al supuesto accidente.
JASON: Si firmas mañana, todo termina.
Luego otro:
ETHAN: No transferiré mis derechos. Encontré los pagos.
Y finalmente:
JASON: Entonces tendremos un problema.
Sentí un escalofrío.
—Esto no demuestra que te hiciera daño.
—Lo sé.
Me sorprendió su claridad.
—Necesito saber qué eran esos pagos.
Busqué entre los archivos.
Encontré una carpeta llamada HARBOR.
Estaba protegida.
Ethan no recordaba la contraseña.
Pero había algo más.
Una fotografía.
Mi padre aparecía sentado en un restaurante con Jason Thornton.
La fecha era de hacía cuatro meses.
Yo todavía no sabía que los Thornton existían.
—Ethan…
Él miró la imagen.
Su expresión cambió.
—Conozco a tu padre.
Sentí que el suelo desaparecía.
—Eso es imposible.
—No.
Se esforzó por recordar.
—Vino a verme antes del accidente.
—¿Por qué?
Ethan cerró los ojos.
—Quería dinero.
Mi corazón comenzó a golpearme el pecho.
—¿Para pagar sus deudas?
—No.
Volvió a mirarme.
—Para que yo mantuviera tu nombre fuera de unos documentos.
No pude responder.
En ese instante escuchamos pasos en el pasillo.
Jason.
Ethan cerró inmediatamente los ojos.
Guardé el teléfono bajo mi vestido y regresé a la silla.
La puerta se abrió.
Jason entró sonriendo.
—¿Adaptándote al matrimonio?
—Lo intento.
Se acercó a la cama.
Observó a Ethan demasiado tiempo.
Luego miró el monitor.
—Pobre primo.
Su mano se dirigió hacia el cable del dispositivo junto a la cama.
—¿Qué haces?
Jason se detuvo.
—Solo comprobaba algo.
Entonces escuché una voz débil detrás de mí.
—Quita… la mano.
Jason se quedó petrificado.
Yo también.
Ethan tenía los ojos abiertos.
Pero no estaba mirando a Jason.
Miraba hacia la puerta.
Vivian Thornton estaba allí.
Y, a diferencia de mí, no parecía sorprendida de verlo despierto.
—Ya era hora —dijo.

Ethan palideció.
—Abuela…
Vivian cerró la puerta con llave.
—Ahora que has despertado, tenemos exactamente cuarenta y ocho horas antes de que Jason descubra por qué este matrimonio nunca tuvo nada que ver con tu cumpleaños.