PARTE 2: LA PRIMERA GRIETA

Y por primera vez desde que me casé con Lucas, lo dejé parado detrás de mí.

Todo el set quedó en silencio.

Nadie entendía por qué el hombre más poderoso de la industria acababa de quedarse inmóvil mientras una actriz prácticamente lo ignoraba.

Lucas no me siguió.

No podía.

Si daba un paso más, tendría que explicar por qué insistía tanto con una actriz secundaria.

Subí al edificio sin mirar atrás.

Cinco minutos después, mi teléfono vibró.

Lucas.

No contesté.

Volvió a llamar.

Lo dejé sonar hasta que terminó.

Al tercer intento apareció un mensaje.

“Sube a mi oficina. Ahora.”

Lo leí.

Bloqueé la pantalla.

Y seguí ensayando.


Dos horas más tarde, el productor entró apresuradamente al estudio.

—Sofía.

Levanté la vista.

Parecía nervioso.

—El señor Moretti quiere hablar contigo.

—Estoy trabajando.

El hombre tragó saliva.

—Dice que puede esperar… pero que no se irá.

Todo el equipo volvió a mirarme.

Sonreí con tranquilidad.

—Entonces tendrá que esperar.

El productor abrió mucho los ojos.

Nunca nadie hacía esperar a Lucas Moretti.

Nunca.


Cuando terminé el ensayo ya había oscurecido.

Entré a su oficina sin llamar.

Lucas permanecía de pie frente al ventanal.

No se giró inmediatamente.

—¿Ya terminaste de humillarme?

Cerré la puerta.

—No sabía que decir la verdad era una humillación.

Se volvió lentamente.

—¿La verdad?

—¿No fuiste al estudio por Isabel?

Guardó silencio.

Continué.

—¿No le entregaste mi papel?

Seguía sin responder.

—¿No destruiste la carrera de una actriz para proteger a tu exesposa?

Su mandíbula se tensó.

—No entiendes la situación de Isabel.

Solté una pequeña risa.

—No.

La entiendo perfectamente.

Lo que nunca entendí fue la mía.

Me acerqué al escritorio.

Sobre él había una fotografía.

Lucas e Isabel.

Sonriendo.

Tomados de la mano.

La imagen llevaba años allí.

Jamás la había quitado.

La levanté con cuidado.

—¿Sabes qué es lo curioso?

Él no habló.

—Que durante tres años escondiste a tu esposa.

Pero nunca escondiste el recuerdo de tu exesposa.

Dejé nuevamente el marco sobre la mesa.

Lucas respiró profundamente.

—Te prometí que sería temporal.

—¿Temporal?

Lo miré directamente a los ojos.

—Llevamos tres años casados.

Tres cumpleaños.

Tres aniversarios.

Tres navidades.

Tres años entrando por puertas traseras para que nadie me fotografiara contigo.

Él bajó la mirada por primera vez.

—Solo esperaba que Isabel estuviera mejor.

Asentí lentamente.

—Ya veo.

Tomé mi bolso.

—Entonces sigue esperándola.

Me dirigí hacia la puerta.

Su voz me detuvo.

—¿Qué significa eso?

Me giré.

—Que hoy dejé de esperar yo.

Salí de la oficina sin volver la cabeza.


A la mañana siguiente llegué al estudio una hora antes.

Mi representante me esperaba con expresión preocupada.

—Sofía…

—¿Qué pasó?

Me entregó una carpeta.

—Anoche recibimos una oferta.

La abrí.

Era el contrato para protagonizar una película internacional.

Un proyecto que superaba con creces el que acababa de perder.

Fruncí el ceño.

—¿Quién la envió?

Ella dudó unos segundos.

—No viene de Moretti Entertainment.

Sentí una extraña sorpresa.

—Entonces… ¿de quién?

Mi representante deslizó una tarjeta de presentación.

En ella solo aparecía un nombre.

Alexander Bennett.

El presidente del mayor grupo cinematográfico del país.

Recordé inmediatamente aquel apellido.

Años atrás, antes de conocer a Lucas, Alexander había intentado contratarme para su estudio.

Yo lo rechacé.

Porque acababa de enamorarme.

En la parte trasera de la tarjeta había una nota escrita a mano.

“Hace tres años elegiste el amor. Esta vez elige tu carrera. Mi oferta sigue en pie.”

En ese mismo instante, el teléfono de mi representante volvió a sonar.

Contestó.

Escuchó apenas unos segundos.

Después levantó lentamente la vista hacia mí.

—Sofía…

—¿Qué ocurre?

Su voz tembló.

—Todos los medios acaban de publicar una noticia.

Sentí un mal presentimiento.

—¿Cuál?

Respiró hondo.

—Lucas Moretti acaba de anunciar públicamente que volverá a producir una película protagonizada por Isabel… y durante la rueda de prensa un periodista le preguntó si seguía soltero.

La representante hizo una pausa.

—Él sonrió… y respondió que en este momento no había ninguna mujer ocupando el lugar de su esposa.

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