PARTE 2: LA PARTICIPACIÓN OCULTA

Nathan cerró la carpeta y me miró fijamente.

—Claire, necesito que me expliques exactamente qué significa esa participación.

Abrí mi bolso y saqué una copia de un documento que nunca había mostrado a Aaron.

—Mi abuelo creó Prescott Capital mucho antes de que Aaron fundara Prescott Global.

Nathan leyó la primera página.

Luego la segunda.

Su expresión cambió.

—Esto no es una participación minoritaria común.

—Lo sé.

—Tienes derechos de voto.

—Sí.

—Y una cláusula de protección contra adquisiciones.

Asentí.

—Mi abuelo quería asegurarse de que nadie pudiera utilizar el dinero de la familia para controlar sus inversiones.

Nathan dejó el documento sobre la mesa.

—¿Aaron sabe algo de esto?

—Solo sabe que heredé una pequeña participación. Nunca le dije cuánto.

—¿Y la junta?

—Tampoco.

Nathan respiró profundamente.

—Entonces no le demos ninguna razón para sospecharlo todavía.

Aquella misma tarde, Aaron apareció en el despacho.

No vino solo.

Lo acompañaban dos abogados y su hermano, Marcus.

Aaron entró como si todavía tuviera derecho a decidir cuándo y dónde debía verlo.

—Claire, tenemos que hablar.

Me quedé sentada.

—Ya hablamos.

—No. Escribiste un mensaje público humillándome delante de toda la empresa.

—No mencioné tu nombre completo.

Uno de sus abogados carraspeó.

—Señora Prescott, ese mensaje podría tener consecuencias legales.

Nathan sonrió.

—Entonces agradecería que me enviara cualquier reclamación por escrito.

Aaron lo miró.

—¿Tú eres su abogado?

—Sí.

—Esto es un asunto matrimonial.

—Precisamente.

Aaron volvió hacia mí.

—Jasmine no significa nada.

No pude evitar reírme.

—Llevas tres años repitiendo eso.

—Estás exagerando.

—No.

Me levanté.

—Estoy terminando.

Su mandíbula se tensó.

—¿De verdad crees que puedes abandonarme y llevarte la mitad de todo?

—No quiero la mitad de lo tuyo.

—Entonces, ¿qué quieres?

Lo miré directamente.

—Lo mío.

Uno de sus abogados abrió la carpeta.

—El acuerdo prenupcial establece que determinados activos están separados.

—Lo sé.

—Entonces no entiendo qué pretende conseguir.

Nathan intervino.

—La señora Prescott pretende conservar exclusivamente los activos que ya eran suyos antes del matrimonio y aquellos recibidos por herencia que jamás fueron mezclados.

El abogado frunció el ceño.

—Eso tendrá que demostrarse.

Nathan empujó una carpeta hacia él.

—Ya está demostrado.

El silencio fue inmediato.

Aaron tomó los documentos.

Leyó una página.

Luego otra.

Su rostro comenzó a cambiar.

—¿Qué es esto?

No respondí.

—Claire, ¿qué es esto?

Nathan contestó:

—Documentación de Prescott Capital.

Aaron levantó la mirada.

—¿Prescott Capital?

—La entidad que controla la participación heredada de Claire.

Aaron se quedó inmóvil.

—¿Qué participación?

Nathan no respondió.

Yo sí.

—La suficiente para que tu junta directiva tenga que escucharme.

El color desapareció lentamente de su rostro.

—Eso no es posible.

—Mi abuelo murió seis meses antes de nuestra boda.

—Me dijiste que solo heredaste inversiones.

—Eso hice.

—¿Cuánto?

Lo miré.

—No es información que necesites para divorciarte de mí.

Aaron dio un paso hacia mí.

—¿Me ocultaste esto durante tres años?

—Tú ocultaste una relación durante tres años.

La respuesta lo dejó sin palabras.

Entonces su teléfono vibró.

Lo sacó del bolsillo.

Miró la pantalla.

Su expresión cambió completamente.

—¿Qué ocurre? —preguntó su hermano.

Aaron no respondió.

Yo tampoco.

Pero pude ver el nombre en la pantalla.

Jasmine Cole.

Después llegó otro mensaje.

Y otro.

Aaron apretó el teléfono.

—Necesito irme.

Se giró hacia la puerta.

Nathan habló tranquilamente:

—Antes de irte, deberías saber que mañana enviaremos una notificación formal a Prescott Global sobre la participación accionaria de Claire.

Aaron se detuvo.

—¿Mañana?

—A primera hora.

Me miró.

Por primera vez desde que lo conocía, no parecía enfadado.

Parecía asustado.

—Claire, espera.

—Ya esperé tres años.

Salió sin responder.

Me senté nuevamente.

Nathan cerró la carpeta.

—Creo que acabamos de cambiar la negociación.

Mi teléfono vibró.

Era un mensaje de mi madre.

Tu padre está en casa. Quiere enseñarte algo. Dice que tu abuelo dejó una segunda carpeta.

Fruncí el ceño.

—¿Una segunda carpeta?

Nathan me miró.

—¿Tu abuelo dejó más documentos?

—No lo sé.

Una hora después llegué a casa de mis padres.

Mi padre me esperaba en su despacho.

Sobre la mesa había una caja de madera antigua.

—Tu abuelo me pidió que te la entregara solamente si alguna vez terminabas tu matrimonio con Aaron.

Abrí la tapa.

Dentro había una carta.

Reconocí inmediatamente la letra de mi abuelo.

La primera línea decía:

“Claire, si estás leyendo esto, significa que finalmente descubriste quién estaba utilizando a quién.”

Me quedé inmóvil.

Debajo había una segunda frase.

Y esa frase cambió por completo lo que creía saber sobre mi matrimonio.

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