PARTE 2: LA PÁGINA QUE RODRIGO NUNCA QUISO QUE LEYERA

Valeria volvió a leer la cláusula.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Cada palabra parecía pesar más que la anterior.

—No… esto no puede ser real.

Jerónimo deslizó el documento original hacia ella.

—Lo es. Fue protocolizado ante notario hace cinco años.

Valeria respiró hondo y leyó en voz alta:

—”El heredero conservará la totalidad del patrimonio únicamente si mantiene un matrimonio legal, estable y de buena fe durante los doce meses posteriores al fallecimiento de la testadora. Cualquier abandono injustificado del cónyuge, adulterio comprobado o intento de ocultar dicha conducta facultará al albacea para revocar la adjudicación y redistribuir la herencia conforme al anexo segundo.”

Levantó lentamente la vista.

—¿Está diciendo que…?

—Que Rodrigo jamás debió echarte de la casa.

El despacho quedó en silencio.

Jerónimo abrió otra carpeta.

—Y eso ni siquiera es lo más grave.

Sacó una fotografía.

Después otra.

Y otra más.

Eran imágenes de Rodrigo y Paola entrando juntos a distintos hoteles meses antes de la muerte de doña Elvira.

Cada fotografía llevaba fecha y hora.

—¿Cómo las consiguió?

—No las conseguí yo.

Jerónimo mostró una pequeña tarjeta.

—Las entregó el despacho del albacea.

Valeria frunció el ceño.

—¿El albacea ya sabía?

—Desde hace mucho.

Jerónimo apoyó los codos sobre el escritorio.

—Doña Elvira sospechaba que Rodrigo estaba engañándote. Por eso contrató investigadores privados durante sus últimos meses de vida.

Valeria sintió un escalofrío.

La anciana nunca le había dicho una palabra.

Siempre la trató con cariño.

Ahora entendía por qué.

—Ella quería asegurarse de que su fortuna no terminara premiando la deslealtad.

Jerónimo abrió el anexo mencionado en la cláusula.

Dentro aparecía una lista detallada de las condiciones para conservar la herencia.

No bastaba con seguir casado.

El matrimonio debía mantenerse de buena fe.

No podía existir una relación paralela iniciada antes del fallecimiento de la testadora.

Ni abandono del hogar.

Ni presión para obtener un divorcio apresurado.

Valeria recordó la llamada.

“Empaca. Tienes dos horas.”

Recordó la nota sobre la barra.

“Firma aquí. Sin dramas.”

Y la voz de Paola riéndose al otro lado del teléfono.

Todo había ocurrido apenas días después del fallecimiento de doña Elvira.

Como si Rodrigo hubiera esperado únicamente a que la herencia estuviera asegurada.

Pero había calculado mal.

Muy mal.

—¿Él conoce esta cláusula? —preguntó Valeria.

Jerónimo sonrió apenas.

—Leyó el testamento.

—Entonces…

—Entonces creyó que podía adelantarse.

Sacó otro documento.

Era una solicitud de divorcio presentada con carácter urgente.

La fecha era reveladora.

Había sido preparada cuatro días antes de llamar a Valeria.

—Ya tenía todo listo.

—Exactamente.

Quería sacarte de la casa, cerrar el divorcio cuanto antes y presentar la separación como una decisión mutua.

Valeria permaneció inmóvil.

Cada pieza comenzaba a encajar.

—Pero hay algo más.

Jerónimo deslizó una carpeta azul mucho más gruesa.

—Aquí está lo que Rodrigo ocultó incluso a su propia amante.

Dentro había estados bancarios.

Transferencias.

Facturas.

Pagos de hoteles.

Joyería.

Boletos de avión.

Todos realizados desde una cuenta perteneciente a doña Elvira.

Valeria abrió los ojos.

—¿Usó el dinero de su abuela?

—Durante casi un año.

Los movimientos superaban los trescientos mil dólares.

Muchos estaban vinculados directamente a Paola Villaseñor.

Jerónimo señaló varias operaciones resaltadas.

—Él pensó que nadie revisaría esas cuentas después del fallecimiento.

Se equivocó.

El albacea ya estaba auditando todo.

Valeria cerró lentamente la carpeta.

Por primera vez desde aquella llamada, dejó de sentirse derrotada.

—¿Qué pasa si el albacea confirma todo esto?

Jerónimo respondió sin dudar.

—Rodrigo no solo podría perder los 7.3 millones.

También tendría que devolver cada dólar utilizado de manera indebida y enfrentar acciones civiles por administración desleal del patrimonio hereditario.

En ese instante sonó el teléfono de Jerónimo.

Miró la pantalla.

Era el albacea.

Contestó en altavoz.

—Licenciado Cárdenas, ya tenemos el informe completo.

—¿Y?

—El comité sucesorio aprobó por unanimidad iniciar el procedimiento de revocación de la adjudicación.

Jerónimo intercambió una mirada con Valeria.

—¿Rodrigo ya fue notificado?

Del otro lado hubo una breve pausa.

—Hace exactamente cinco minutos.

Y, según el personal de la residencia de Valle de Bravo…

…la noticia llegó justo cuando Rodrigo brindaba con Paola para celebrar la fortuna que creían haber asegurado para el resto de sus vidas.

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