PARTE 2: LA ORDEN QUE PARALIZÓ TODO EL HOSPITAL

Nadie se movió.

Los tres helicópteros seguían rugiendo sobre la azotea mientras una docena de hombres con trajes oscuros entraban al área de maternidad.

El director del hospital caminaba delante de ellos.

Jamás lo había visto inclinar la cabeza ante nadie.

Hasta aquella noche.

Cuando llegó frente a mi cama, habló con una solemnidad que hizo que todas las enfermeras dejaran de trabajar.

—Señorita Valentina Moreau… el hospital entero queda a su disposición.

Respiré despacio.

—¿Mis hijos?

El jefe de Neonatología dio un paso al frente.

—El equipo médico privado que acaba de llegar está formado por los mejores especialistas en medicina fetal y cuidados intensivos neonatales de Estados Unidos, Francia y Suiza.

Abrió una carpeta.

—Desde este momento, Noah y Liam serán trasladados al Centro Médico Moreau bajo protocolo internacional.

Ningún gasto tendrá límite.


Dos enfermeras comenzaron a preparar las incubadoras.

En ese instante apareció el administrador financiero del hospital.

Venía completamente pálido.

—Señorita…

Necesito disculparme personalmente.

Fruncí el ceño.

—¿Por qué?

Sacó varios documentos.

—Hace dos horas recibimos una solicitud de Grant Holdings.

Pedían cancelar toda cobertura médica para sus hijos y bloquear cualquier tratamiento no indispensable.

Mi sangre se heló.

El hombre continuó.

—También ofrecieron una importante donación al hospital si acelerábamos el alta médica.

Comprendí inmediatamente.

Alexander no solo quería abandonarnos.

Quería impedir que Noah y Liam recibieran la atención que necesitaban.


Bastien tomó los documentos sin decir una palabra.

Los revisó durante apenas unos segundos.

Después levantó la vista.

—Conserve los originales.

Serán útiles durante el juicio.

El administrador sintió que las piernas le fallaban.

—¿Juicio?

Bastien respondió con absoluta calma.

—Intento de coacción médica contra dos recién nacidos.

Interferencia deliberada en tratamientos vitales.

Y posible fraude corporativo.

No es un buen comienzo para la familia Grant.


Mientras tanto, al otro lado de Manhattan, la mansión Grant estaba llena de invitados.

Alexander brindaba con una copa de champán.

Camila sonreía recibiendo felicitaciones.

—Al fin recuperaste tu libertad.

—Ahora sí tendrás un heredero digno.

Alexander levantó la copa.

—Por los nuevos comienzos.

Su teléfono vibró.

Lo ignoró.

Volvió a vibrar.

Y otra vez.

Finalmente respondió con evidente molestia.

—¿Qué ocurre?

Del otro lado habló el director financiero de Grant Holdings.

Su voz temblaba.

—Señor Grant…

Tenemos un problema enorme.


Alexander salió al jardín.

—Habla.

—Blue Harbor Capital acaba de cancelar toda la línea de financiación del proyecto portuario.

Él sonrió con desprecio.

—Busquen otro fondo.

El silencio duró unos segundos.

Después llegó la respuesta.

—Ya lo hicimos.

Nadie acepta reemplazarlos.

Todos dicen exactamente lo mismo.

—¿Qué dicen?

El director financiero tragó saliva.

—Que siguen instrucciones directas de la familia Moreau.

Alexander frunció el ceño.

Nunca había oído ese apellido relacionado con Isabella.


—¿Quién demonios es Moreau?

Del otro lado nadie respondió inmediatamente.

Cuando lo hicieron, la voz sonaba completamente distinta.

—La familia que controla Blue Harbor.

La que posee North Atlantic Shipping.

La que financia tres de los cinco bancos que respaldan nuestros créditos.

La que tiene participación en el proyecto que sostiene casi el cuarenta por ciento del valor de Grant Holdings.

Alexander dejó de respirar.

—Eso es imposible.


En ese mismo instante recibió otro correo.

ASUNTO: Reunión extraordinaria del Consejo. Asistencia obligatoria.

Abrió el archivo.

La primera página llevaba el sello del fondo Blue Harbor Capital.

Debajo aparecía una sola frase.

“Debido a un incumplimiento grave de los estándares éticos exigidos por nuestro grupo, todas las operaciones financieras con Grant Holdings quedan suspendidas con efecto inmediato.”

Más abajo figuraba una firma electrónica.

No decía Isabella.

Decía:

Valentina Moreau.

Alexander leyó el nombre varias veces.

No entendía.

Jamás había escuchado a su esposa llamarse así.


Volvió corriendo al interior de la casa.

—¡Camila!

Ella levantó la cabeza.

—¿Qué pasó?

Le mostró la pantalla.

Camila perdió el color en cuanto leyó el apellido.

Retrocedió un paso sin darse cuenta.

Alexander la observó por primera vez con atención.

—¿La conoces?

Camila tardó demasiado en responder.

—Yo…

Solo la he oído mencionar.

Él entrecerró los ojos.

—¿Dónde?

Camila bajó lentamente la mirada.

Porque recordaba perfectamente haber visto aquel apellido años atrás…

En el expediente confidencial que un detective privado entregó antes de recomendarle una frase que jamás olvidaría:

“Si Isabella realmente es Valentina Moreau, jamás intentes convertirla en tu enemiga. Ni siquiera los gobiernos suelen ganar cuando ella decide destruir a alguien.”

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