El Rolls-Royce avanzó bajo la lluvia sin hacer apenas ruido.
Dentro del vehículo, el ambiente era completamente distinto al de la mansión Gu.
Nadie levantaba la voz.
Nadie cuestionaba una sola decisión de Lin Wan.
Los doce altos directivos aparecían conectados por videoconferencia desde Londres, Nueva York, Singapur y Hong Kong.
Todos permanecían de pie.
—Presidenta Lin.
Las voces resonaron al unísono.
Lin Wan dejó el anillo de bodas sobre la mesa junto a la tableta.
—Comencemos.
El director financiero respiró hondo.
—La retirada total de capital afectará cuarenta y tres proyectos. El Grupo Gu perderá inmediatamente sus líneas internacionales de crédito.
—Ejecuten la orden.
—Sí.
Otra ejecutiva intervino.
—La adquisición europea está pendiente de su firma. Si la aprobamos hoy, el valor del grupo aumentará otros treinta mil millones de yuanes.
Lin Wan tomó el documento electrónico.
Lo firmó sin siquiera leerlo.
Durante tres años había pospuesto aquella operación únicamente porque Gu Chenzhou no quería que ella viajara constantemente al extranjero.
Ahora ya no existía ninguna razón para seguir esperando.
Mientras tanto, en la mansión Gu, el ambiente era completamente distinto.
Bai Wanrou levantó su copa de vino.
—Brindemos por el futuro del Grupo Gu.
Todos sonrieron.
La madre de Gu Chenzhou no ocultaba su satisfacción.
—Con Wanrou a nuestro lado, la empresa llegará mucho más lejos que con aquella mujer.
En ese momento sonó el teléfono de Gu Chenzhou.
Era el director financiero de la compañía.
—¿Qué ocurre?
La voz al otro lado sonaba desesperada.
—Presidente Gu… acaba de cancelarse la financiación del Fondo Horizon.
Él frunció el ceño.
—Busquen otra entidad.
—También se retiró.
Otro teléfono comenzó a sonar.
Después otro.
Y otro más.
En menos de cinco minutos, todos los directivos llamaban al mismo tiempo.
—El banco suspendió la línea de crédito.
—Nuestros inversores estratégicos están vendiendo acciones.
—Tres fondos internacionales cancelaron la operación.
—Los auditores exigen revisar nuevamente toda la salida a bolsa.
La sonrisa de Bai Wanrou desapareció lentamente.
Gu Chenzhou se puso de pie.
—¿Qué demonios está pasando?
Nadie supo responder.
En ese mismo instante, el asistente abrió la puerta sin llamar.
Estaba completamente pálido.
—Presidente Gu…
—¡Habla!
—Acabamos de descubrir quién era el verdadero inversor oculto del Grupo Gu durante estos tres años.
Toda la sala quedó inmóvil.
El asistente dejó una carpeta sobre la mesa.
—Las transferencias anónimas… los rescates financieros… las garantías bancarias… todo provenía de una misma sociedad internacional.
Gu Chenzhou abrió rápidamente el expediente.
La primera página llevaba un logotipo que jamás había visto.
Debajo aparecía un único nombre.
Presidenta del Consejo: Lin Wan.
Su respiración se detuvo.
Volvió a leer.
Pensó que era un error.
Pero cada documento confirmaba exactamente lo mismo.
La empresa que había salvado al Grupo Gu de la quiebra… pertenecía por completo a la mujer a la que acababa de divorciar aquella misma tarde.
Bai Wanrou comenzó a retroceder lentamente.
—Eso… eso no puede ser verdad…
El teléfono volvió a sonar.
Era la Bolsa de Shanghái.
La voz del otro lado fue breve.
—Señor Gu, debido a la retirada del principal inversor, la aprobación de su salida a bolsa queda suspendida hasta nuevo aviso.
La llamada terminó.

En la enorme sala solo quedó un silencio sepulcral.
Y por primera vez desde que había conocido a Lin Wan, Gu Chenzhou sintió un miedo auténtico.
Porque acababa de comprender que la mujer a la que había llamado “una huérfana sin futuro” no solo era mucho más poderosa que toda la familia Gu…
Sino también la única persona que había mantenido con vida su imperio durante todos aquellos años.
Lee la Parte 3 a continuación.